La parabólica, del futuro de 1997 a la antena herrumbrosa
En 1997, contratar Canal Satélite Digital era el equivalente a tocar el futuro: pasar de cinco cadenas a decenas, elegir idioma y tener dibujos animados 24 horas. Tres décadas después, esa misma antena orientada al Astra sobrevive en las azoteas, oxidada y conectada a nada. La pregunta de fondo es si un objeto así tiene todavía alguna utilidad real o es puro peso muerto.
Hay nostalgia con fecha: el salto de 5 canales a decenas. Pero el ecosistema que lo hizo posible se ha evaporado. La oferta comercial que justificaba la parabólica se ha trasladado a internet y a las plataformas de streaming; lo que queda del satélite, para el usuario medio español, son canales alemanes, teletienda y algún canal extranjero en abierto. Es decir, poco.
Hay quien sostiene que la antena aún puede reutilizarse para algo, aunque sea con fines dudosos: decodificadores con firmware modificado para acceder a la antigua oferta de pago, o usos más esotéricos como la detección de ovnis. Otra corriente, más pragmática, la despide con humor: de paellera o de wok. Es el epitafio perfecto de una tecnología que fue el orgullo doméstico y acabó convertida en menaje de cocina.
La discusión no resuelve el dilema del propietario: desinstalar o conservar. Si el satélite no aporta nada que no tengas ya por cable o fibra, la decisión racional es desmontarla y despejar la azotea. Pero que nadie se engañe: la paellera queda muy lejos de ser la mejor opción.