Sadhu pregunta por 70 millones y el hilo se llena de tuits pegados
La pregunta de Sadhu es una línea: «¿No eran 70 millones?». Y ahí se queda, sin respuesta, mientras la página se llena de tuits pegados uno detrás de otro. Karlb aguanta el chaparrón y responde que se está hablando de otra cosa. En medio del aluvión, el hilo se parte entre los que siguen el rastro del dinero y los que ya andan a otra cosa.
Qué se ha sabido
Casi todo lo que entra hoy llega vía tuits que pega h2o ras, uno tras otro. El primero es de Isabel Durán, con la European Action Coalition y fondos de un programa cofinanciado por Bruselas y de una fundación internacional. Después aparece uno de
La Gaceta, firmado por Unai Cano, que titula que Bruselas y una fundación vinculada a Soros financian la acampada. Otro, de Pepa R. de Millán, pide a la Comisión de Educación del Congreso el acta de la reunión donde se admitió a trámite una enmienda de Sumar al proyecto de Ley de Educación sobre la llamada «Ley de nietos». Y otro, de Anselmo, convoca a la calle Ferraz el
domingo 11 de octubre a las 19:00.
Hay más: uno sobre Ceuta, otro con banderas, otro de madrugada y uno más de un manifestante. eltonelero, de todo ese montón, se queda con una sola idea: que España es el país del mundo donde más banderas palestinas se venden.
La aportación más rara de la página es la de NORDWAND, que sostiene que hablar de chiringuitos se ha quedado corto y que el activismo es una industria internacional que cotiza en los grandes mercados. Añade que el dinero elige a los gestores «en función del trabajo que tengan que realizar» y que a un canal de YouTube le han retirado el vídeo donde lo explicaba. Todo sin fuente.
Y está la pregunta de Sadhu, que se queda huérfana: si no eran 70 millones, ¿cuántos son? Nadie contesta.
Dónde está la bronca
Dos peleas a la vez.
La primera es sobre el medio. Nuria2604 pregunta quién financia El Debate, de dónde sale la pasta del medio que publica la información, y sostiene que los impuestos no pagan al sindicato sino la estructura del debate. Es la misma sospecha, girada hacia el otro lado. Eric Finch, por su parte, dice que el colectivo no es un sindicato ni son inquilinos y que están pagados de forma indirecta por una fundación. Gonzalor contesta con un «No se podía saber...» que vale para todo. Gutiérrez ironiza sobre la imagen de inquilinas sufriendo a manos de un acaparador. recadero insiste en la etiqueta: es sindicato de inquilinas, y cuestiona de dónde viene.
La segunda pelea es sobre el hilo mismo. h2o ras lleva media página pegando enlaces y Karlb le contesta que se está hablando de otra cosa. No es una discusión de fondo, es un choque de formato: unos quieren seguir el rastro del dinero y otros quieren convertir la página en un tablón.
En medio, quien más se moja es NORDWAND, que insiste en su marco: no manda la política, manda el dinero, y la política es solo el medio. Lian va por el mismo camino por otro lado: habla de estructuras clientelares que se activan cuando se acercan las elecciones. esforzado lleva la discusión al extremo y dice que el dinero público no debería existir, sea cual sea la fuente, y que casi todos los males de las sociedades occidentales se financian con él.
La mesa, contada desde dentro
La única aportación de experiencia propia es de arriba jo españoa, que dice haber estado en Sol. Cuenta que hay mesitas por dentro y por fuera, que usan el espacio sin cortarse y que ve relación indirecta con partidos políticos. Lo mezcla con una teoría sobre un nuevo partido para recoger a gente que ya engañaron antes. Es su lectura, no un dato.
Qué cambia respecto a antes
Lo que cambia es que la cifra deja de ser una sola. Entra la pregunta por los
70 millones como alternativa, sin que nadie la confirme ni la desmienta. Cambia también el blanco: ya no se discute solo al sindicato, se discute al medio que lo publica.
Y entra calendario: Ferraz, 11 de octubre, siete de la tarde. Eso sí es nuevo. Como nuevo es que el hilo empiece a llenarse de asuntos que no tienen nada que ver con vivienda, de la Ley de nietos a las banderas. Karlb pone el límite, pero el límite ya está cruzado. La página sigue sin cerrar nada: ni la cifra, ni quién paga, ni de qué se está hablando.