Neurocisticercosis: los 38 parásitos que una viajera trajo de India
Cuesta imaginar que una lombriz de un metro sea solo el aperitivo. Para Lowri Denman, de 42 años, aquel hallazgo en el baño fue el primer aviso de algo mucho más serio: 38 parásitos alojados en su cerebro. La mujer, residente en Gales, había viajado recientemente a India y acababa de descubrir que no era el único inquilino indeseado en su cuerpo.
La neurocisticercosis que se le diagnosticó está causada por las larvas de la tenia del cerdo. En su caso, los síntomas fueron fuertes dolores de cabeza, convulsiones y episodios de psicosis. Es una de las pocas personas en
Reino Unido a las que se les detecta esta infección cada año. La propia paciente describió la tenia como «una cinta adhesiva con pequeñas estrías» en declaraciones recogidas por la prensa británica.
Una infección rara, ¿pero evitable?
La infección se adquiere al ingerir huevos de la tenia del cerdo, presentes en alimentos o agua contaminados por heces humanas. No hace falta comer carne de cerdo en mal estado: basta con una mala higiene de manos. En los países donde la tenia es endémica, el riesgo aumenta, pero las cifras en viajeros son muy bajas. Aun así, cualquier persona que presente síntomas neurológicos tras un viaje a zonas de riesgo debería mencionarlo en la consulta.
Mientras algunos defienden que el riesgo sanitario debería disuadir de viajar a ciertos destinos, los especialistas insisten en que la prevención es sencilla: lavarse las manos, evitar alimentos crudos y beber agua embotellada. La controversia no es nueva, pero el caso de Denman le da un rostro concreto.
Lo inquietante del caso es que ninguna medida preventiva elimina por completo el riesgo. ¿Es suficiente para renunciar a un viaje? La respuesta depende de cada cual, pero la neurocisticercosis debería estar en el radar de cualquier viajero, aunque la probabilidad sea de una entre millones.