Del aforo del Cabañal a la edad media de los asistentes: el hilo se enciende
El hilo arranca con el dato del aforo y no lo suelta. Un forero rescata la cifra del polideportivo del Cabañal:
1.500 butacas sentadas y un millar más de pie. Y a partir de ahí, la conversación se parte en dos: los que se ceban con la edad de los asistentes y los que aprovechan para atacar al PP o a Vox. La discusión se calienta en la primera página y ya no baja.
Qué se ha sabido
El cálculo del aforo lo lanza César Borgia el 6 de noviembre: en el recinto caben
1.500 sentados y 1.000 de pie, «donde se juega que es un campo de futbito», apostilla. La estimación de la edad media,
72 años, circula como un dato repetido. Pichorrica afina aún más y habla de una edad moda de
75 años. Dr. Fleischman hace su propia cuenta: «Si sumas las edades de los asistentes te sale un millón de años, así sin exagerar». Nadie aporta fuente oficial, pero el número se instala en el debate.
El 7 de noviembre, Hermes Trismegisto enlaza un tuit para ilustrar las imágenes del mitin:
Y más tarde aparece un segundo tuit, el de mbel, que Sextus Flavius Lascivius usa para responder a otro mensaje:
Farero_interino asegura que se ha pasado circular para que los afiliados inviten a familiares y llenar así los autobuses. Es una afirmación sin prueba que el foro repite como si fuera un hecho.
Dónde está la bronca
El choque es doble. Por un lado, los que sostienen que el mitin se ha llenado con personas mayores movilizadas y los que defienden que eso es normal en cualquier partido. Por otro, los que comparan con Vox. Core afirma que en Vox «no hacen falta autobuses» y que en Granada se llenó «simplemente con los de allí», con gente «mayormente menores de 55». Teuro responde con una lista irónica de la generación que, según él, ha ido al mitin: los que corrieron delante de los grises, los que mantuvieron a sus
hijos hasta los 35 y los que terminaron de pagar el piso a los 31. Trellat rechaza el argumento del carisma: «No queremos ni vendemantas ni vendevaporetas. Queremos simplemente gestores».
La cosa se tensa cuando interviene Sextus Flavius Lascivius para criticar a Diana Morant, a la que describe chillando en el mitin. Y cuando Farero_interino acusa a la organización de superar el aforo a propósito para dar imagen de desbordamiento. Nadie rectifica, pero el tono sube.
Qué cambia respecto a antes
El foco se mueve del aforo y los autobuses a la composición del público. La predicción que sobrevolaba en la entrega anterior —que el autobús seguiría siendo protagonista— se cumple, pero ahora el debate se llena de referencias a la edad, a la pensión y a la supuesta falta de relevo generacional. También entra en juego la gestión de la Dana: Trellat recuerda «lo de los trenes» y «lo que pasó con la Dana» para justificar su indignación. El hilo ya no discute solo el mitin: discute qué representa ese público.
El cálculo que se impone
La cuenta de Dr. Fleischman se repite en varios mensajes: un millón de años sumando edades. Es una exageración, él mismo lo aclara («exagerando serían unos mil millones»), pero sirve para resumir el tono. En paralelo, César Borgia deja un apunte sobre el perfil de los organizadores locales y las conexiones con el PSOE de Gandía. Son opiniones sin contraste, pero alimentan la conversación.
Lo que se dice de la pensión
Ouiea apunta que en ese ambiente «hay mucha pensión, y todo para no cortarla». Covaleda cita una frase que atribuye al discurso: «Nos interesa generar más pensión». Ninguna de las dos se contrasta, pero ambas se usan para reforzar la idea de que el mitin era un acto de jubilados.