El marido de la víctima de Toledo acusa al capitalismo con prisas
El marido de una víctima del accidente ferroviario de Toledo ha señalado al «capitalismo con prisas» como causa del siniestro, según el relato que se ha difundido. La afirmación ha caído como una bomba en el foro, que se ha partido en dos desde el primer mensaje. Unos ven una cortina de humo; otros, una crítica legítima a la presión sobre los trabajadores. La discusión se ha encendido con enlaces a dos informaciones y un tuit que acusa al Gobierno de presionar a los controladores para evitar retrasos antes de las elecciones.
Qué se ha sabido
El hilo arranca con dos enlaces. El primero, de
La Razón, titula que Adif presionó a los controladores para acelerar la recuperación del tráfico ferroviario pese al riesgo de seguridad y para indemnizar retrasos. El segundo, de
El Español, recoge que los controladores culpan a Adif de presionarles para que no haya retrasos y los trenes no puedan quedarse parados. A esos dos enlaces se suma un tuit de @Cristian Campos que asegura que el Gobierno presionaba a los controladores para que no hubiera retrasos a costa de la seguridad, con las elecciones cerca. El forero que lo pega, Spock, no añade comentario: solo deja los enlaces y el tuit.
Dónde está la bronca
La bronca se organiza en dos bloques. El primero sostiene que el marido se equivoca de culpable: las empresas que gestionan la infraestructura y operan los trenes son públicas, y las prisas vienen de una consigna política, no del mercado. «El capitalismo de los que controlan y mandan en adif mata que a su vez son puestos a dedo por los politicos», escribe Le Comandant. Pancuronio lo lleva a la contabilidad: «¿Capitalismo? ¡Si se trata de EMPRESAS ESTATALES DEFICITARIAS!». Y El centinela remata con una ironía: «Gracias al capitalismo existe la tecnología para los trenes de alta velocidad; gracias al socialismo el Estado se gasta el dinero en subvencionar billetes en lugar de en invertir en seguridad y mantenimiento».
El segundo bloque no defiende al marido, pero tampoco lo lincha. AYN RANDiano2 acepta la premisa de la presión y traslada la culpa al que cede: «Si te presionan y cedes, la responsabilidad es tuya». Core pide escuchar antes de descalificar: «A las mujeres con puestos de trabajo altos en la cadena de mando se las estruja igual que a los hombres. Solo que estás tienen que criar. Y claro no lo hacen. O eso o a la calle. Y donde tienen que haber 3 hay 1». favelados se burla de la etiqueta y propone un nombre: «asociación de víctimas de la movilidad a toda costa».
La bronca se envenena por momentos. Hay quien responsabiliza al marido de estar cobrando de redes clientelares y quien duda de su duelo. Frente a eso, NOGUEROLES se presenta como suegro y le manda «atpc con cariño, que es familia, aunque sea política». Y bigmaller, tras ver el vídeo, sentencia: «Tiene razon».
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el debate era si el marido acertaba o no con la etiqueta. Con los enlaces y el tuit, el foco se desplaza a la letra pequeña: la consigna interna de facilitar la movilidad «a toda costa» antes de las elecciones. Eso ya no es una opinión del marido, es un documento que los foreros airean. La predicción que falla es la de quienes esperaban que el hilo se cerrara con un «pues tenía razón». No se cierra: se abre por otro lado. El asunto nuevo es la cadena de mando: quién dio la orden, quién la ejecutó y quién firma. Y una pregunta que sobrevuela: si la presión venía de arriba, ¿de qué capitalismo hablamos?
El cálculo que hace el foro
Varios mensajes intentan cuadrar las cuentas. Pancuronio sostiene que la alta velocidad no es rentable en España y que sin subvención al billete no existiría. El centinela añade que el dinero público se va en subvencionar billetes en lugar de en mantenimiento. Leffer lo resume: «Empreas públicas como renfe, vías públicas de adif, trabajadores que el estado les saca la leche como a una vaca, el 50% se lo roban, maraña burocrático administrativa infernal, pero la culpa ej del capitalijmo». Ninguno aporta el balance, pero el argumento se repite: si el ahorro no lo dicta el mercado, lo dicta el BOE.