El hilo se parte: de la vivienda a la inmigración y el derecho a la propiedad
El hilo ya no va de los pisos de Maribel Verdú. Va de inmigración, de derecho a la propiedad y de si el mercado de
alquiler expulsa a las familias. Un participante abre fuego con una pregunta incómoda:
«¿Y la gente que lleva 30 años trabajando y no tiene ninguno, es porque no ha trabajado lo suficiente?». La respuesta no tarda: los salarios no dan para ahorrar. Y a partir de ahí, el hilo se parte en dos.
Qué se ha sabido
En este tramo no hay enlaces ni vídeos. Lo que entra son datos de la propia discusión. Un participante sostiene que el
76% de los españoles es partidario de intervenir el mercado de la vivienda, y cita
elpais.com como fuente. Otro recuerda que en
2013 también se pagaban muchos impuestos y la vivienda era mucho más barata, y sitúa el problema en el precio del suelo y la demanda. Un tercero cifra en
1.000 euros el salario que impide ahorrar para un piso. Y se cuela un dato sobre el perfil de inquilino: el que no tiene problemas para encontrar piso es, según un participante,
«varón de mediana edad con contrato de trabajo indefinido y sin cargas familiares».
Dónde está la bronca
El choque se ha movido de la actriz a la inmigración. Un participante sostiene que el problema de la vivienda empezó con la llegada de inmigrantes y que el perfil que copa el alquiler es el de personas que comparten piso por habitaciones. Otro responde que la culpa no es de la inmigración, sino de futbolistas, actores, toreros, políticos y cantantes que acumulan viviendas. Y un tercero tercia:
«Estais todos en el ajo y lo sabeis. El miedo cambia de bando».
La bronca también va de propiedad privada. Un participante avisa de que si se interviene la vivienda por ser un bien básico, después se intervendrán los alimentos, la siderurgia, el hormigón y el transporte, y
«nos hemos comido el derecho a la propiedad privada». Otro responde que cada uno es libre de hacer con su dinero lo que quiera y que nadie tiene que justificarse por tener uno o diez pisos. Y aparece la acusación cruzada: hay quien dice que la derecha compra los marcos de la izquierda y se justifica dentro de ellos, y hay quien responde que la izquierda culpabiliza al que trabaja, ahorra e invierte.
El hilo también se enreda en un intercambio sobre advertencias y diagnósticos entre dos participantes, con bloqueo incluido. Y en medio, una historia personal: un participante cuenta que un conocido criticaba a propietarios y arrendatarios por especuladores, heredó el piso de su madre y a los seis meses lo puso en alquiler. Cuando le recordó que debería alquilarlo con una rebaja del 50% a gente vulnerable,
«no le hizo ni puta gracia».
Qué cambia respecto a antes
Lo que era una pelea sobre decretos y expropiación se ha convertido en una pelea sobre inmigración y sobre el perfil del inquilino. La predicción de que los decretos acabarán derogados sigue ahí, pero ahora el foco está en si el mercado expulsa a las familias con hijos. Entra un dato nuevo: el
76% partidario de intervenir. Y entra un asunto que no había salido: la nacionalidad como requisito para poseer vivienda ya no se discute, pero sí el perfil de quién puede alquilar. La discusión deriva a si penalizar al pequeño propietario funciona o si, como sostiene un participante,
«penalizar no funciona» y los rentistas en España son en realidad pequeños propietarios con una o dos viviendas.
Una experiencia de alquiler
Un participante cuenta que vivió de alquiler y ahora gestiona la segunda finca de un nonagenario que la alquiló para redondear su pensión. Lo que ha visto: a la mayoría de los caseros no les afecta el contrato indefinido, pero sí son sensibles a los impagos, de modo que solo alquilan a perfiles con contrato indefinido. Y remata:
«En España, los rentistas en realidad son pequeños propietarios (una o dos viviendas)».
El cálculo que alguien hace
Un participante intenta definir qué es especular: si el propietario aún paga la hipoteca y saca el piso en alquiler, lo que paga de cuota es lo que debería pedir. Todo lo que pida de más es especular, porque el inquilino está pagando la cuota más un extra. Con la venta, lo mismo: si compra a un precio y lo vende por ese precio más X, lo que se lleve de más es beneficio. La respuesta es que los salarios no reflejan el coste de la vida:
«Ya puedes trabajar 30 años que si cobras 1000 euros no ahorras ni para pipas».