Miami y España no reciben al mismo migrante latino
En el aeropuerto de Guayaquil, según una descripción que circula en un foro económico español, unas operarias con guantes y mascarilla separan a los viajeros en dos filas: los de aspecto más claro hacia Miami, los de piel más oscura hacia Madrid. La imagen es una caricatura, pero resume una tesis que recorre buena parte de la discusión: el perfil del migrante latinoamericano que llega a Estados Unidos no se parece al que aterriza en España. El punto de partida del hilo es una crónica de viaje por el sur de Florida que describe un ambiente internacional, con mayoría de asistentes colombianos a un evento deportivo, y una sensación de seguridad muy distinta a la de otras ciudades.
Quién llega a Miami y quién llega a España
El argumento más repetido es que Miami concentra a la élite cubana que salió de la isla tras la llegada de Castro al poder, con un componente de ascendencia europea que varios participantes cifran en torno a dos tercios de la población cubana de la época. Nombres como Gloria Estefan, Andy García o Cameron Díaz aparecen como ejemplo de ese perfil. Frente a eso, se sostiene que España recibe mayoritariamente a migrantes de origen andino y centroamericano, con menor presencia de ese componente europeo.
Hay quien matiza que el grueso de los hispanoamericanos en Miami es cubano, y que los ecuatorianos son minoría. También se apunta a un cambio de tendencia: una masa creciente de haitianos, centroamericanos y venezolanos está alterando ese perfil tradicional. La discusión deriva hacia la tesis de que España, por su estructura económica y su sistema de ayudas, atrae a un migrante menos cualificado que el que busca Estados Unidos para trabajar.
El argumento económico: paguitas frente a salarios
La explicación que más peso tiene en la conversación es económica. Se afirma que Estados Unidos es mejor país para trabajar y España para vivir de ayudas, lo que seleccionaría perfiles distintos. Un participante lo formula sin rodeos: España recibe lo peor de cada región emisora, igual que ocurre con el Magreb. Otro añade que el país se ha convertido en «una franquicia de barrio bajo» que atrae a los menos cualificados.
La cifra que se maneja para ilustrar el punto es la de un salario de 1.500 euros brutos al mes, insuficiente para atraer a un profesional sudamericano que tendría que compartir habitación.
La disputa sobre quién es español
Buena parte del intercambio se enzarza en un debate identitario sobre la descendencia. Un sector defiende que los hijos y nietos de españoles nacidos en América conservan la condición de españoles por sangre, y cita los 750.000 emigrantes que marcharon a Cuba en las décadas centrales del siglo XX. Otro sector replica que tras generaciones fuera, con otra lengua, otra educación y otras referencias, la nacionalidad cultural se ha perdido.
El desacuerdo se extiende a los nacidos en España de padres extranjeros: para unos tampoco son españoles, para otros sí. La discusión se cierra sin acuerdo, con acusaciones cruzadas de hispanismo y de destruir el país.
El dato que descoloca
Entre las cifras que se cruzan, la que más desconcierta es la de los 750.000 españoles que emigraron a Cuba, un cálculo que un participante atribuye a los datos del censo y que no se verifica en el material.