Lo que se viene si gobierna el PP: mismo gasto público y más tensión social
La pregunta que recorre los mentideros económicos estos días no es quién ganará, sino qué cambia de verdad si el PP llega al Gobierno. La respuesta que se impone en los análisis más cínicos es incómoda:
poco o nada en el fondo, mucho en la forma. La tesis dominante sostiene que el Partido Popular es una
PSOE azul, una versión algo más light del original: mantiene el gasto público en estructuras improductivas, sube impuestos cuando toca y gestiona la misma maquinaria con distinto envoltorio. El destino, dicen, es el de cualquier país bananero.
El gasto público no baja: cambia el que firma la nómina
El argumento más repetido es que la estructura de gasto es la que es.
Menos individuos productivos sosteniendo a más parásitos, en palabras del diagnóstico más duro que circula. La diferencia entre un gobierno y otro sería de grado, no de modelo: el PP subiría menos el tono pero no desmontaría el chiringuito. Quien espera un adelgazamiento del Estado se va a llevar un chasco.
Hay quien va más allá y sostiene que el cambio de guion está
previsto desde arriba. Si sale Sánchez, será porque las élites han decidido que ya no les sirve. La política como
country manager de intereses que no se votan en España. Una corriente de opinión que no aporta pruebas pero que resume el desencanto de buena parte del electorado.
La paz social que se rompe: huelgas, calles y conflictividad
El escenario que más se repite es el de la conflictividad. La predicción es que, si gobierna la derecha,
la izquierda saldrá a la calle todos los días a quemar lo que haga un Gobierno que, en el fondo, aplica lo mismo que el anterior. La paz social de los últimos años se acabaría, y esa conflictividad laboral sería letal para una economía ya tocada.
La paradoja no se le escapa a nadie: se protestaría contra medidas que ya se aplicaban antes. El argumento contrario también circula: si la única forma de mantener la paz es una dictadura del signo opuesto, el problema no es quién gobierna sino el modelo. La tensión social como variable económica de primer orden, no como ruido de fondo.
Pensiones, impuestos y el relato que se repite cada legislatura
El historial pesa. Se recuerda que el PP ya gobernó dos veces y las dos tocó las pensiones, con subidas mínimas en años de deflación. También que la mayor rebaja de pensiones de la historia europea no fue la de 1985, y que al morir Franco había ya millones de pensionistas con reglas de cálculo mucho más laxas. El relato de que unos protegen y otros recortan se cae cuando se miran las series.
En impuestos, el patrón es similar. Las subidas fiscales han llegado con gobiernos de uno y otro signo. La amnistía fiscal, el IVA, el IRPF: cada uno pone su grano de arena a la misma montaña. El votante que espera un cambio de rumbo fiscal con el cambio de siglas se equivoca de ilusión.
Sanidad, guerra y el factor exterior que nadie controla
La preocupación por la deriva exterior también aparece. Hay quien teme que la
banda PPSOE azul meta al país en una guerra con Rusia en cuanto se lo pida Bruselas o Washington. Otros recuerdan que con el PP la sanidad pública se deteriora y se empuja hacia un modelo mixto con sueldos bajos. La cita médica como termómetro del modelo: privada para lo común, pública para lo grave, y a rezar.
El telón de fondo es una crisis europea que se suma a la guerra de Ucrania. La tormenta perfecta que nadie sabe cómo se gestiona. Y mientras, los análisis más ácidos señalan que la economía ya está en la mierda y que da igual quién gane: los españoles pintan poco en las decisiones que de verdad importan.
Con estos mimbres, el cesto que se teje es el de siempre: cambio de gestor, misma factura. La pregunta que queda sin responder es cuánto de la conflictividad que se anuncia es análisis y cuánto es profecía que se cumple sola.