Votar al PP con pinzas para frenar a Vox: la paradoja del voto útil
La propuesta circula con la lógica retorcida de quien ya no ve salida: votar al Partido Popular para que Feijóo logre mayoría absoluta y no necesite a VOX para gobernar. El planteamiento, lanzado como un «llamado urgente» al votante progresista, socialista y comunista, parte de una premisa pesimista: aunque la izquierda se movilice en masa, no superaría los escaños de la derecha. De ahí el sacrificio: tragarse el orgullo y marcar la papeleta del PP como mal menor.
El argumento tiene su coherencia interna. Si el objetivo es impedir que la ultraderecha entre en el Consejo de Ministros, la vía más corta es que el partido de Feijóo no dependa de Abascal. Pero la ecuación encierra una trampa: se pide a votantes de izquierda que sostengan con su voto un gobierno de derecha para evitar uno de extrema derecha. El cálculo asume que el PP sin VOX es un mal gobernable y que la aritmética parlamentaria no da otra opción.
El escenario que se describe es de encrucijada histórica. El mensaje habla de enfrentarse «cara a cara con el fascismo» y presenta el voto al PP como último sacrificio antifascista. La fórmula del voto con pinzas en la nariz resume el malestar: no es entusiasmo, es higiene democrática de urgencia.
La conversación derivó pronto hacia otros frentes. Aparecieron mensajes sobre el censo electoral y los supuestos nietos con pasaporte, con cifras que van de los 31.390 a los tres millones según un mensaje que cita al cónsul español en Buenos Aires, y acusaciones de que se habrían regalado nacionalidades para alterar el censo. Son afirmaciones que circulan sin verificación y que el artículo recoge como lo que son: material de campaña, no hechos probados.
También se colaron tuits sobre el programa de VOX, sobre la presidenta de la Comisión Europea y los 70.000 millones para Ucrania, y sobre el cambio en la presidencia de Indra, la empresa que procesa el recuento provisional. La mezcla es reveladora: el miedo a la ultraderecha convive con la desconfianza hacia el propio sistema electoral.
La paradoja final es difícil de digerir. Un votante de izquierda que marca PP para salvar a España de VOX está, en la práctica, engordando la mayoría de la derecha que dice temer. El cálculo puede ser correcto. O puede ser el enésimo ejemplo de voto útil que termina legitimando aquello que se quería contener. Nadie lo sabe. Y ahí se atasca la discusión.