El mecánico que se despide de Mercedes-Benz: «Me van a echar igualmente»
Steven Seagull lo suelta sin rodeos: ésta es su última semana en el servicio oficial de Mercedes-Benz en Países Bajos. Le han dicho que le dan «la oportunidad de mejorar», pero él ya ha decidido que lo van a echar de todas formas. Y lo desea. El hilo, que venía de una arenga contra la seguridad laboral, se convierte aquí en un diario de despido anunciado. La conversación salta de la rutina del taller a las compañeras de piso, de los padres a la conveniencia de tener hijos, y de ahí a una pelea sobre quién paga las aventuras de quién.
Qué se ha sabido
Steven Seagull concreta fechas y datos. Estamos a
25 de octubre de 2026 y su última semana en el taller empieza ya. Le han ofrecido «la oportunidad de mejorar», pero él interpreta que el despido está cantado. No piensa volver a España a trabajar: en Países Bajos, dice, hay opciones «para aburrir» y, si no, Alemania, Bélgica o Francia. Su plan es trabajar para la ETT, que ya le encarga trabajos esporádicos, y confía en que le manden a Volvo o a otra marca. El taller actual le mete «demasiada presión» y no está por la labor de aguantarla.
Sobre las compañeras de piso, concreta: la viuda ucraniana le reprocha que beba y él la describe como una persona que en el fondo se aburre de sí misma; la otra, Alla, es «autista entrañable» y, según él, muy limpia y nada problemática. Reconoce que la rubia le atrae pero que ahora mismo no siente nada por ella. «Me da muchísima pereza», dice. Y añade que follar con mujeres cachondas le resulta «relativamente fácil, sea prepago o civiles».
Sobre su familia, insiste: su padre es «un extraño» con el que no tiene nada en común; de su madre guarda buenos recuerdos de la infancia, pero hoy la ve como «una sombra» llena de rabia. Cuando le preguntan si se lleva bien con ellos, responde que no.
El hilo también deja una predicción: si a ColeTrickle le despidieran mañana, dice que le harían «un favor»: indemnización, paro y tiempo libre para «aventuras alocadas».
Dónde está la bronca
El choque llega cuando esforzado entra al trapo y espeta que «luego sois todos rojos, y la vivienda es un derecho y la paguita también», y que las aventuras de algunos las pagan «los mediocres que madrugan monótonamente cada día». Steven Seagull responde que él no es rojo y que también madruga para remar. La discusión se enciende: uno reprocha que se critique la rutina ajena desde un sueldo fijo; el otro responde que él no se aferra al puesto y que el dinero le sobra, aunque tenga veinte euros en la cuenta.
En paralelo, Caravaggio00 y Steven Seagull discuten sobre las compañeras de piso: si la rubia quiere acostarse con él, si la otra también, si acabarán a la greña. Steven Seagull zanja que la rubia sí querría pero que él ya no quiere. Y cuando Goyim desobediente insinúa que ese discurso de vivir nuevas experiencias esconde haber sufrido alguna humillación, Steven Seagull responde con un exabrupto que el artículo no reproduce: descalifica la insinuación por la vía del insulto.
También hay un momento de ternura forera: Karl Konrad Koreander le dice que siempre ha sido «un grande» por contar las cosas cuando no van como esperaba, y le pide que no desaparezca tantos días. Steven Seagull promete que cuando vuelva a España se verán en El Esco.
Qué cambia respecto a antes
El debate deja de ser abstracto: ya no se discute si la vida es movimiento, sino qué hace un mecánico cuando el movimiento se llama despido. Steven Seagull no habla de futuro, habla de última semana. La incógnita que defendía como motor vital se convierte en una fecha concreta. Y el hilo se parte en dos: los que le animan a aguantar y los que le recuerdan que la estabilidad también paga el alquiler.
El cálculo de la indemnización
ColeTrickle hace su propia cuenta: si le despidieran mañana, la indemnización y el paro le darían tiempo libre para «aventuras alocadas». No da cifras, pero deja claro que para él el despido no es un drama, sino una financiación. Es la misma lógica que Steven Seagull aplica a su propia vida: el trabajo como medio, no como fin. La diferencia es que uno lo dice desde el taller y el otro desde la barra del foro.