España, el experimento migratorio que dispara el PIB y la vivienda
Cada año, la población nacida en el extranjero en España crece como una ciudad de Málaga: alrededor de
600.000 personas. El
Financial Times lo ha bautizado como «el último experimento de inmigración a gran escala que queda en Europa». Mientras Estados Unidos, Alemania o el Reino Unido cierran fronteras, España va a la contra. El resultado, según Eurostat, es que España será el país europeo que más crezca en población entre 2025 y 2050:
53,87 millones de habitantes, cuatro millones más que ahora, cuando la eurozona pierde gente. La letra pequeña llega en forma de alquileres y de un mercado laboral que aún no ha demostrado que aguante una recesión.
Un tercio del aumento migratorio de la UE
El año pasado, España concentró aproximadamente
un tercio del aumento total de población inmigrante de la Unión Europea, según la Fundación Rockwool. En menos de un cuarto de siglo, la proporción de nacidos fuera ha pasado de uno de cada veinte residentes a casi uno de cada cinco, un porcentaje superior al de Estados Unidos. La particularidad española es el origen: buena parte de esa fuerza laboral llega de Colombia, Venezuela o Argentina, con lazos culturales y lingüísticos que aceleran la incorporación al mercado de trabajo. No es el primer boom migratorio —hubo otro en los 2000, antes del estallido financiero—, pero el
FT constata que este tiene mucha más enjundia.
El motor del empleo y su letra pequeña
Desde 2020, España ha sido responsable de
uno de cada cuatro de los 11,1 millones de puestos de trabajo creados en la UE. Alrededor del
70% de esos empleos han ido a manos de inmigrantes, según Funcas. El Banco de España ya revisa al alza el crecimiento potencial de la economía, ese techo estructural que durante años se situó cerca del 1% por baja productividad y envejecimiento. La duda no es si el ciclo expansivo absorbe la mano de obra, sino qué pasa cuando llegue la siguiente recesión. Durante el ciclo 1999-2007, España creció por encima de su potencial y el resultado fue inflación, burbuja inmobiliaria y uno de los mayores déficits por cuenta corriente del mundo. La historia no se repite, pero rima.
La grieta: vivienda y salarios
El propio artículo que abre el análisis reconoce un problema creciente de escasez de vivienda. La llegada masiva de población presiona alquileres y precios en un parque ya tensionado. Hay quien sostiene que el efecto neto sobre el trabajador medio es negativo porque los salarios no acompañan: la economía crece, pero la sensación de estanflación se instala en la cesta de la compra. Otros análisis apuntan a que sin ese flujo migratorio el sistema de pensiones y la sanidad tendrían un problema aún mayor de sostenibilidad. En el lado político, una parte del análisis sostiene que el fenómeno responde a un cálculo electoral: reemplazar votantes envejecidos por nuevos residentes. Es una hipótesis, no un hecho probado, y conviene tratarla como tal.
¿Qué pasa si llega la recesión?
Nadie lo sabe. El experimento se está ejecutando en fase expansiva, con la economía creciendo por encima de la media europea. Si el ciclo se tuerce, el país se enfrentará a una prueba que ningún otro miembro de la UE ha hecho a esta escala. Si funciona, Bruselas tomará nota. Si fracasa, también. Mientras tanto, la demografía sigue su curso: España gana habitantes, la UE los pierde, y la factura de la vivienda la pagan quienes ya estaban aquí.