Aunque el sabotaje sea cierto, el CNI depende del Gobierno
El hilo de Economía cambia de eje a media tarde del 29 de octubre. Un participante concede por un momento la premisa conspirativa —sabotaje extranjero, el que sea— y la gira contra el Ejecutivo: si hay boicots y ataques, alguien tendrá que prevenirlos, y para eso están la policía, la Guardia Civil y el CNI. La jugada descoloca más que veinte mensajes de pelea. En paralelo, otro forero fecha las generales con una cuenta de calendario y un tercero anuncia que la indignación por el accidente le pasará por encima al Gobierno el 29 de noviembre.
Qué se ha sabido
De datos técnicos, nada nuevo. Ni un enlace, ni un informe, ni una fecha sobre los sistemas de Adif. Lo que entra son cuentas de calendario. Azrael_II deja una lista: «Día 333 del año = 29 de noviembre, domingo», «27 de octubre + 33 días = 29N» y «Urda, 11 días y 9 meses después del último siniestro grave de alta velocidad». Es aritmética, no documentación. El mismo mensaje remata con una palabra: «Resultados».
El otro aporte del tramo es una imagen que se pega sin pie ni explicación y sobre la que solo cae un comentario:
la imagen que aparece sin decir qué es. Alfonso A. responde que estaría bien que el SOE soltara eso en un mitin. Ahí se acaba.
El resto son opiniones, cuentas y una propuesta de calendario electoral: cambiar de gobierno cada ocho años. Un participante la apoya y aprovecha para repasar la deuda, la pertenencia a la OTAN y lo que, a su juicio, España ofrece al mundo. Nada de esto acompaña a ningún documento sobre trenes.
Dónde está la bronca
El primer choque es el bueno, el de la responsabilidad. Intensito2 escribe: «Suponiendo que tienes razón y todo es un sabotaje extranjero, ya sea de Israel, Rusia, China, Soros, Bill Gates, los aliens o los reptilianos, ¿no tiene el gobierno la responsabilidad de prevenir y combatir todos esos sabotajes y boicots?». Y remata: «Digo yo, que para eso existen policía, guardia civil, CNI, contrainteligencia, servicios de información y demás instrumentos controlados por el gobierno». Del otro lado, la salida es la de siempre: «Aunque sea cierto que está Israel detrás jamás nos enteraríamos. Nunca nos lo dirían».
El segundo frente es el del culpable de siempre. Un participante insiste en que en España se puede hablar mal de un colectivo sin consecuencias mientras que con otros no, y lleva la discusión al terreno del prejuicio con una imitación de acento. La respuesta no se hace esperar y va por otro lado: «No confundas a judios con sionistas». En medio, una hipótesis irónica que resume el escepticismo del tramo: «Si Israel nos quisiera hacer el mal impediría que Sánchez saliera del gobierno».
El tercer frente es el de la gestión. Aquí aparece la acusación clásica contra el Ejecutivo y sus supuestos animadores digitales, el reproche a la política migratoria y la tesis de que «el jaqueo se llama socialismo», con el anterior responsable de infraestructuras señalado de forma indirecta. Al otro lado entra el voto como contrato: «Votar al PSOE después de ver cómo han fallado en proteger vidas te convierte en cómplice de sus consecuencias». Y un tercero se ríe de que el partido del Gobierno vaya a abrazar teorías de la conspiración para salvar las elecciones, con recomendación televisiva incluida.
El cuarto frente es el tono, y este tramo se va de madre. Un participante avisa a otro de que puede meterse en un lío grave. Otro contesta con un aviso de Delitos Telemáticos. Hay mensajes que pasan de la descalificación a la amenaza directa, sin que nadie aporte nada al asunto de los trenes. También hay quien reconoce a media frase que está en un mal momento y corta su propio mensaje con un «Dejalo, que estoy e. Un mal momento».
Qué cambia respecto a antes
Que la teoría deja de ser una afirmación y se convierte en hipótesis de trabajo, y eso la hace más difícil de discutir. Norbat lo formula así: «Vamos a suponer que ha sido Israel,aunque sólo tengamos conjeturas, ninguna prueba, o ninguna fuente absolutamente fiable». Es el primer mensaje del hilo que pone en la misma frase la sospecha y su ausencia de respaldo, y aun así sigue adelante con ella.
El segundo cambio es la fecha. Hasta ahora se hablaba de un clima, de un año, de dos siniestros. A partir de aquí hay un día concreto, el 29 de noviembre, y una predicción: la indignación funcionará como un proyectil y llegará a su destino esa jornada. «La culpa es del responsable de Adif de Atocha, la culpa es de la maquinista de Renfe, la culpa es de Israel, la culpa no es de nadie porque las desgracias ocurren», escribe un forero que sostiene que el Gobierno lleva un día lanzando señuelos. Al hilo no le hace falta un peritaje: le basta un calendario.
Y el tercer cambio es que el debate se ha partido en dos conversaciones que ya no se hablan. Una discute el qué pasó. La otra discute el a quién le cuesta el qué pasó. La primera lleva tres mensajes sin un solo dato nuevo en todo el tramo.