Por qué un canario dice 'no iré' a la concentración por Ceuta
¿Qué lleva a un profesor de secundaria de
Canarias a anunciar públicamente que no acudirá a una concentración de apoyo a Ceuta? Su argumento, publicado en La Voz de Lanzarote, ha desatado una tormenta: lo acusan de traidor, de estar "a sueldo de Marruecos" y de hacer "chantaje emocional". Pero él sostiene que el verdadero apoyo a Ceuta no son los gestos, sino los hechos.
Las 700 niñas que dividen el debate
El detonante es la situación de 700 niñas menores de edad llegadas a Ceuta, que —según el autor— necesitan alojamientos dignos y un trato acorde a la legislación, no concentraciones simbólicas. El artículo subraya que las comunidades gobernadas por PP y VOX, precisamente los partidos que convocan las concentraciones, son las que se oponen a esa acogida.
La respuesta no se hizo esperar. En el hilo donde se comparte el artículo, los comentarios combinan el insulto político con la amenaza velada. Se le llama "rojo", "perroflauta" y se le recuerda que "cuando invadan Canarias" quizá necesite ayuda. La descalificación sustituye al argumento: nadie rebate la cifra de 700 menores ni la contradicción de convocar apoyo a Ceuta mientras se bloquea la acogida.
Un 'héroe' incómodo para el relato oficial
El autor, Andrés Ramírez Santana, no encaja en el molde del héroe que algunos esperaban. En lugar de sumarse a la corriente de apoyo incondicional, plantea una pregunta incómoda: ¿apoyar a Ceuta significa defender a sus ciudadanos o también a los menores que llegan huyendo de la guerra y la persecución? Su negativa es, en realidad, una exigencia de coherencia: si de verdad se quiere ayudar a Ceuta, empiece por tratar a esos menores con la humanidad mínima.
La reacción del sector más radical del espectro político demuestra hasta qué punto la inmigración se ha convertido en un campo de batalla donde cualquier matiz se paga caro. Quien pide dignidad para menores migrantes es automáticamente etiquetado como traidor. Quien convoca concentraciones en apoyo a una ciudad autónoma mientras sus gobiernos rechazan acoger a quienes llegan, queda blindado por el discurso patriótico. La paradoja no parece incomodar a nadie.
Ironías de la política española: el héroe para unos es el traidor para otros, y mientras tanto, las 700 menores siguen esperando un techo digno. Nadie explica en las concentraciones cómo se compagina el apoyo a Ceuta con la negativa a alojar a quienes ya están allí.