La campaña electoral arranca con acampada en Sol y acusaciones cruzadas
La campaña electoral que se avecina no ha empezado con mítines, sino con una acampada en la Puerta del Sol, un sindicato de inquilinas que desmiente su desalojo y un reguero de acusaciones cruzadas sobre quién ensucia el debate. El detonante, según un mensaje del foro, es la convicción de que el PSOE de Pedro Sánchez ha activado la maquinaria de la agitación social para movilizar a su electorado mientras la derecha intenta rentabilizar el desgaste. La pregunta ya no es si habrá campaña sucia, sino quién la ejecuta mejor.
El sindicato de inquilinas y la acampada que no se levanta
El Sindicato de Inquilinas desmintió que la acampada de Sol fuera a levantarse, según las informaciones que se han ido compartiendo. La acampada se presenta como una protesta contra el precio de la vivienda, pero hay quien sostiene que su verdadero objetivo es desgastar a la Comunidad de Madrid y al Ayuntamiento, gobernados por el PP. La CGT, por su parte, se lanzó a por una huelga general por la vivienda tras su congreso, lo que algunos interpretan como un intento de capitalizar el malestar social en plena precampaña.
El argumento de los convocantes es que el Gobierno central no ha construido ni una sola vivienda, mientras que la Comunidad de Madrid presume de haber entregado 6.419 viviendas de alquiler asequible bajo el Plan Vive, con Boadilla del Monte a la cabeza (524 pisos) y 543 viviendas de alquiler social ya finalizadas en la capital, Móstoles y Majadahonda. La previsión oficial es ampliar la oferta a 14.000 pisos en más de 20 municipios. La pelea por el relato está servida: unos acusan a Ayuso y Almeida de no hacer nada; otros responden con cifras de entrega.
El manual de la campaña sucia: balas, navajas y comisarios políticos
El repertorio que se anticipa incluye desde cartas con balas que llevarían el sello de Vox hasta navajitas ensangrentadas enviadas a políticos, pasando por agresiones con cabestrillo y la vuelta de la ceja 2.0. También se menciona a Mari Carmen haciendo campaña electoral desde el hospital, lo que algunos leen como un intento de victimización. Y se señala a los comisarios políticos de Telepedro —Broncano, Cintora, Javierito, el humorista sin gracia del perro andaluz, Miro, Ebola— utilizando sus programas para hacer campaña.
El diagnóstico que se repite es que la campaña del sentido común no existe. Hay quien sostiene que, gobierne quien gobierne, la situación del ciudadano de a pie no va a mejorar porque España es una nación improductiva en un mundo hiperproductivo, sin energía, sin tecnología y sin mano de obra especializada. El país, se argumenta, está gobernado por los mayores psicópatas de su historia con el beneplácito de una sociedad servil que se vende por un cuenco de arroz.
El 30N y la guerra de clanes como telón de fondo
La referencia al 30N y a la posibilidad de que se levante algo en esa fecha planea sobre la conversación. También se especula con que no hará falta exponer a militantes propios: bastará con dos o tres vuelcos en alguna guardería para que los clanes se pongan en guerra entre sí y haya tiros en las calles. La idea de que hay mercenarios disponibles para según qué tareas se da por hecha.
La acusación de que el Gobierno actúa como un Sindicato del Crimen y de que el PSOE opera en modo trilero y agit-prop desde el minuto uno es una de las corrientes más repetidas. Frente a ello, la respuesta de que los fachas se apoyan en Satán y que la campaña sucia es una pataleta de quien no acepta el resultado electoral cierra el círculo de descalificaciones cruzadas.
La vivienda como arma electoral
El uso de la vivienda como munición electoral no es nuevo, pero el contexto lo hace más explosivo. La Comunidad de Madrid ha entregado 6.419 viviendas de alquiler asequible bajo el Plan Vive, con Boadilla del Monte como municipio con mayor promoción entregada (524 pisos). Además, el Gobierno regional ha finalizado 543 viviendas de alquiler social para familias vulnerables en la capital, Móstoles y Majadahonda, con previsión de ampliar la oferta total a 14.000 pisos en más de 20 municipios.
Las entregas se distribuyen principalmente en municipios del sur y áreas estratégicas, lo que alimenta la disputa sobre si la política de vivienda es suficiente o es puro marketing electoral. La acampada de Sol, con su negativa a levantar el campamento, se convierte así en el primer campo de batalla de una campaña que promete ser todo menos limpia.
¿Habrá campaña sucia? La habrá, y probablemente ya haya empezado. La duda es si alguien se atreverá a reconocerlo antes de las urnas.