El capítulo que faltaba y una pelea hasta el ignore
Entre el
27 y el
30 de septiembre el hilo vuelve sobre el capítulo que Kubrick no rodó y, a la vez, se parte en una pelea entre trellat y Billy Ray que acaba con uno mandando al otro al ignore. Caen dos vídeos de YouTube y nadie los discute demasiado:
Qué se ha sabido
Black Jack aclara el asunto del final. La edición estadounidense de la novela iba sin el último capítulo, el que mostraba a un protagonista más mayor, más maduro, al que la ultraviolencia ya le aburría. Kubrick tomó esa versión como referencia. De ahí que la película acabe, según Black Jack, en el penúltimo capítulo real, donde le quitan el condicionamiento; de la otra forma, dice, habría un cierre anticlimático y una elipsis temporal.
Ivar responde a Paquitochocolat qué significa «naranja mecánica»:
clockwork es el mecanismo de un reloj y naranja es como se llama al cerebro en algunos países. El resultado, un cerebro convertido en máquina. Paquitochocolat añade por su cuenta el
drencrom: lo enlaza con los experimentos de
Abram Hoffer y
Humphry Osmond en los años 50 y 60 sobre esquizofrenia, adrenocromo y adrenalina.
rudeboy trae una lista de experimentos conductuales de la época —
Milgram (
1961-63), la prisión de
Stanford (
1971), los de
Asch sobre conformidad y la muñeca
Bobo (
1961-63, Bandura)— y sostiene que la cinta bebe de aquel clima. También apunta que la película anticipa cierto patrón de atracción por el malote en la escena de la tienda de discos. Mabuse suelta que «naranja mecánica» es como se llamaba a las granadas de mano. Datemvs Maximvs se queda con la escena del cura en la cárcel y con cómo la estética y la música construyen esa sensación. Billy Ray pega fragmentos del libro en su jerga inventada. Quelonio vuelve sobre el final de la novela, y los dos vídeos que se cuelgan se quedan sin comentario largo detrás.
Dónde está la bronca
Aquí el hilo se rompe. trellat sostiene que la sesión de tortura es un método de reinserción apadrinado por un político y su equipo de científicos, y que
la ciencia es la nueva religión. Para él, el tutor de Alex no tutela nada: es un carcelero al que solo le importa que el chico no la líe y no le muevan la poltrona. Añade que extraña que según qué plumas de derechas no hayan usado todavía la película.
Billy Ray le contesta desde otro sitio. Dice que Alex es un enfermo y un psicópata, que Kubrick se pasa media película dejándolo claro y que, sin embargo,
50 años después el director fracasa porque el público sigue hablando de «sociedad» y «sistema». El intercambio sube de tono, se cruzan reproches personales y algún comentario generacional, y Billy Ray anuncia que se va del hilo y manda al otro al ignore.
Antes, proletario había salido en defensa de la cinta: le parece muy buena, avisa de que hay que ser capaz de ver por qué, y dice que la historia está bien rematada tanto en la forma como en el fondo. Considera que atacar la banda sonora es un error. Parvenew va por la misma línea: sostiene que la película denuncia la violencia gratuita y que casi todo el mundo la tomó por el mensaje contrario. BilloGatos entra solo para la música: la tiene por grande, pero avisa de que hoy puede sonar obsoleta para según qué generación. HUSKY cierra por lo alto: dice que no todo el mundo está capacitado para apreciar a Kubrick.
Por arriba hay otro cruce: un participante celebra que la cinta no tenga multiculturalidad ni feminismo, y otro le reprocha la salida. Itanimulli, de fondo, resume qué ve él en el filme: un Estado burocratizado que se traga los últimos coletazos de rebeldía.
La lista de Kubrick
Common_Deletion hace inventario de lo que considera obras maestras del director:
2001,
Eyes Wide Shut,
El resplandor y
Barry Lyndon. Coloca la primera como terror existencialista y nadie le discute la lista.
Qué cambia respecto a antes
El detalle del capítulo perdido deja de ser una sospecha y queda concretado: Kubrick usó la edición sin el final. La pelea abandona los argumentos y se convierte en un intercambio de reproches que acaba con un ignore de por medio. Y entra un tema nuevo, el de los experimentos conductuales de los años 50 y 60, que varios usan como contexto de la cinta. La banda sonora sigue dividiendo, pero ya nadie discute que fue un pelotazo. Lo que no se cierra: si lo que describe Kubrick es un Estado que neutraliza o una advertencia sobre el libre albedrío.