Del «ministerio de Remigraciones» a Albiol en Interior: el hilo se desmelena
El hilo pega otro volantazo. Si en la entrega anterior los nombres del PP acaparaban los ataques, ahora la conversación se llena de ministerios inventados, duplicados y nombres que nadie había puesto sobre la mesa. Entre el 20 y el 21 de octubre, los foreros dejan de discutir el número de carteras y se lanzan a diseñar su propio gabinete, con resultados que van del chiste al despropósito.
Qué se ha sabido
No hay documentos nuevos. Lo que aparece es un tuit incrustado (
) que se comenta de pasada, y un enlace a Vozpópuli sobre el malestar en el PP con González Pons. El enlace se pega sin más contexto, pero sirve para que un participante lo use como pista sobre lo que se dice de un posible ministro. El resto son mensajes y más mensajes: nadie aporta datos verificables, solo opiniones y ocurrencias. La única cifra que se repite es la de los ministerios: un forero insiste en que se pasa de
22 a 15, mientras otro corrige que él ve
5 y no 6 carteras para
Vox. La fecha clave es el 20 de octubre, cuando arranca este tramo, y el 21, cuando se cierra con la misma sensación de barullo.
Dónde está la bronca
El choque ya no es por los nombres del PP, sino por el reparto de carteras y por la idoneidad de los perfiles. Un participante sostiene que a Cuca Gamarra no se le puede dar Interior, y que como mucho encajaría en Política Territorial; otro directamente pide que desaparezcan Sanidad y Educación y que a Gamarra se la eche. La propuesta de que Cayetana Álvarez de Toledo vaya a Exteriores gana adeptos, pero se mezcla con la idea de que ese ministerio debe ocuparlo un diplomático de carrera, no un perfil político. Ahí salta la discusión: un forero apuesta por Borja Sémper como portavoz del Gobierno con rango de secretario de Estado para que no se diga que hay cien ministros, y otro replica que el Ministerio de Trabajo está duplicado y que Interior y Justicia jamás deberían ir juntos. La ironía se dispara cuando alguien propone un «ministerio de Remigraciones» y otro responde que el «ministerio de familias, de cultura y toros desangrados y ministerio de bailes regionales» sí les pega a Vox. La cosa llega al absurdo cuando se sugiere que Albiol sea ministro de Interior, y un tercero sentencia que «Cuca presidenta del congreso y gracias». Mientras, un participante avisa de que Defensa para Vox es un regalo envenenado: «para que se trague todos los conflictos», y recuerda lo de Valencia con Emergencias. La bronca, en fin, ya no es por el número de ministerios, sino por el reparto de poder y por la competencia de cada uno.
Qué cambia respecto a antes
La lista de 14 ministerios queda definitivamente aparcada. Ahora lo que importa es el diseño del gabinete: qué carteras se duplican, cuáles se inventan y quién las ocupa. La inmigración sigue presente, pero como telón de fondo: un forero acusa a Abascal de no querer hablar de la inmigración latinoamericana, y otro le responde con una entrevista en la que el líder de Vox dice que España no necesita un solo inmigrante más. La predicción de que el PP y Vox no sumarán queda olvidada. El asunto nuevo es la competencia de los ministros: se discute si el de Economía sabe de lo que habla, si el de Trabajo es un desastre y si Feijóo hará bueno a Macron y a Meloni. La ironía sobre los nombres del PP se mantiene, pero ahora se cruza con la duda sobre la capacidad de gestión de cualquiera que llegue al Gobierno.
El cálculo que nadie hace
Un forero lanza una advertencia que se pierde entre el ruido: «Perfecto para el rearme militar y mandar a los jóvenes españoles nativos a morir a Rusia». Detrás de la exageración hay un argumento que nadie recoge: el aumento del gasto en Defensa y la posible entrada en conflictos internacionales. Otro participante responde que con la derecha será más rápida la caída, y un tercero sentencia que «el oso los va a partir en dos». Nadie entra a debatir el fondo: el hilo prefiere seguir con los nombres y las ocurrencias. La única predicción con plazo es la de un forero que augura que este gobierno «no durará nada» y que Feijóo hará buenos a Macron y Meloni. El resto es un rosario de ministerios imposibles que deja claro que, en este tramo, la conversación sobre el tamaño del Estado ha mutado en un juego de tronos.