El hilo pasa de la motosierra a la demografía
El árbol ya no importa. En cuanto el vídeo del hombre con la motosierra se agota, el hilo se parte en dos: los que hablan de la anécdota y los que la usan para soltar su teoría sobre quién destruye qué y por qué. En medio, un tuit que se comenta aquí:
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Qué se ha sabido
Poco dato nuevo. Un participante cuenta que estuvo una temporada en
República Dominicana trasladando en una avioneta personal de ONG y que, cuando le preguntaban si ya volaban sobre Haití, respondía siempre lo mismo:
cuando desaparezcan los árboles. Otro recuerda una noticia de un robo de unos
200 metros de tubería soterrada que los ladrones sacaron con pico y pala durante toda la noche. Y alguien más apunta que en
2027 hay elecciones en Francia y que, según él, las ganará Le Pen y habrá tumultos. Nada de esto viene con enlace ni con fuente: son recuerdos y pronósticos de foro.
Dónde está la bronca
El choque real no es sobre el árbol. Es sobre quién tiene derecho a hablar de destrucción. Una parte del hilo sostiene que el ecologismo es cosa de blancos y que los que cortan árboles no son precisamente los que se manifiestan por el clima. Otro participante lo lleva a su terreno: dice que le resulta increíble que se cargue contra la foresta cuando se arrancan miles de hectáreas de olivos para poner placas solares y
los eco callan. Frente a eso, hay quien defiende que el ecologismo que él llama facha es el que se preocupa por los árboles, mientras el nuevo solo ve en ellos productores de CO2.
La segunda bronca es demográfica. Varios mensajes responsabilizan a los migrantes de la violencia y del supuesto vandalismo, con teorías sobre una secuencia que empieza por los seres vivos inanimados, sigue por los animados exceptuando al hombre y acaba en el hombre blanco y heterosexual. Fuera de las manifestaciones, añade esa misma voz, ya hace tiempo que asesinan. No hay dato que lo respalde: es una opinión, y así se queda en el hilo. Otro participante sentencia que así empezó Haití. Y un tercero reparte culpas: un blanco les dejó entrar, otro les vendió la motosierra y otro más el combustible.
En medio, ironía. Uno bromea con que la técnica del motoserrista es de formación profesional agroforestal y que los menos espabilados son los que graban bajo la copa. Otro lamenta que el árbol no matara a un par de ellos. Otro dice que cambian las guillotinas por motosierras y que pronto cortarán cabezas. Y uno más cierra:
cuanta más gente conozco más quiero a los árboles.
Qué cambia respecto a antes
El vídeo del árbol queda superado como asunto. Ya nadie discute si el hombre era manifestante o no, ni si el acto fue espontáneo. El hilo se ha movido a un terreno más amplio: la supuesta incompatibilidad entre ecologismo y protesta, la relación entre deforestación y miseria y el pronóstico electoral francés. La comparación con la Puerta del Sol reaparece, pero ya no para hablar de cuchillos y adoquines, sino para preguntar qué opinan ahora los que entonces se quejaban de que allí no había árboles. La motosierra ha dejado de ser una herramienta y se ha convertido en una metáfora que cada uno arrima a su argumento.