El hilo de El Confidencial: «Sin inmigración, no hay viviendas»
El foro se ha incendiado con el artículo de Ruth Ugalde en El Confidencial. En menos de dos días, los mensajes se acumulan entre el rechazo frontal y el debate sobre si la inmigración presiona la vivienda o sostiene la construcción. La periodista se lleva la peor parte: hay quien la responsabiliza directamente del enfoque y quien pide que se revise el papel del medio.
Qué se ha sabido
El detonante es el artículo firmado por Ruth Ugalde, publicado el 25 de octubre, que defiende que sin inmigrantes no habrá más oferta de vivienda porque el sector depende de esta mano de obra. En el hilo se enlaza también una tribuna de El Confidencial del 7 de octubre sobre «el verdadero problema de la vivienda» y el perfil de la autora. Un vídeo de YouTube se comparte para reforzar la tesis de que los trabajadores extracomunitarios «arruinan» a los países que los acogen, según un participante. Los datos concretos brillan por su ausencia: no se aportan cifras sobre cuántos inmigrantes trabajan en la construcción ni cuántas viviendas se dejan de construir. Sí se menciona que en Asturias, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Galicia sobran viviendas vacías. Varios foreros calculan que si se marcharan los inmigrantes llegados en los últimos años, sobraría vivienda para décadas. Las cifras que se lanzan son dispares: desde **10 millones** hasta **12 millones** de personas, sin que nadie las respalde con una fuente.
Dónde está la bronca
La discusión se parte en dos. Por un lado, los que ven en el artículo un chantaje: «Sin inmigración, no hay viviendas» se interpreta como una excusa para no abordar los problemas estructurales. Un participante sostiene que lo que falta son permisos y capacidad eléctrica, no trabajadores. Otro añade que los albañiles españoles se están forrando y que no faltan manos. La crítica más repetida apunta a los empresarios: si se pagaran salarios dignos, no haría falta recurrir a la inmigración. «Paguen a los obreros españoles salarios dignos y ya verán como sobran obreros», escribe un forero. Enfrente, los que defienden que la inmigración es necesaria para sostener la construcción y las pensiones, aunque con matices: algunos piden que sea «controlada y controlable» y critican la saturación de servicios públicos. La tensión sube cuando se mezcla con el tono despectivo hacia la periodista y hacia los propios inmigrantes. Hay quien directamente pide deportaciones masivas y quien responsabiliza a los legisladores de la situación. El hilo se convierte en un toma y daca sobre si el problema es la inmigración o el modelo económico.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el debate se centraba en el artículo y en la figura de Ruth Ugalde. En este tramo entra con fuerza la tesis de que «sobran viviendas» en España y que el problema es de distribución, no de cantidad. También se cuela el argumento de que los inmigrantes no aportan sino que «extraen», con un vídeo de YouTube como apoyo. La predicción de que el hilo derivaría en un ataque personal se cumple: los mensajes contra la autora se multiplican. Y aparece un nuevo frente: la comparación con épocas pasadas, cuando supuestamente un solo salario bastaba para mantener una familia y comprar vivienda. Nadie aporta datos que sostengan esa comparación.
El cálculo que no cuadra
Varios foreros hacen cuentas sobre cuántos inmigrantes habría que expulsar para que el problema de vivienda desapareciera. Las cifras varían: **10 millones**, **12 millones**, «los excedentes de los últimos 20 años». Ninguna va acompañada de una fuente oficial. La contradicción es evidente: si se marcharan esos millones, la construcción se quedaría sin mano de obra, justo lo que denunciaba el artículo. Pero nadie en el hilo parece dispuesto a reconocer ese círculo.
Lo que se dice de la periodista
Los ataques a Ruth Ugalde son constantes. Se cuestiona su profesionalidad y se sugiere que el medio ha cambiado de línea editorial. «El Confidencial se ha pasado al otro bando», escribe un participante. Otro ironiza sobre su nombre y su aspecto. La conversación se envenena por momentos y deja el debate económico en segundo plano.