La deuda china, entre el dato y el dogma
Un vídeo de veinte minutos sobre la deuda de China y dos minutos de respuesta. Ese es el formato que ha reabierto la vieja guerra entre los hermanos Garzón y el economista Juan Ramón Rallo, y que ha derivado en una discusión de fondo sobre si la soberanía monetaria de Pekín es real o es un espejismo estadístico. La tesis que se atribuye a Rallo —que la deuda china no es un problema porque el Estado controla su propio banco central— ha sido recibida con escepticismo por quienes sostienen que los tipos de interés del gigante asiático son, en palabras textuales, «inventados» y no están auditados por ningún arbitraje internacional.
El argumento de la soberanía monetaria
El núcleo del desacuerdo es sencillo de enunciar y endiablado de resolver. Una parte del análisis defiende que un país que emite su propia moneda y se endeuda en ella no puede quebrar técnicamente, porque siempre puede imprimir más. Es el argumento que se atribuye a Rallo y que, llevado al extremo, convierte cualquier pánico sobre la deuda china en una exageración. La otra corriente replica que China no es un emisor libre en el sentido occidental: su sistema financiero está intervenido, sus tipos no responden a un mercado real y la comparación con Estados Unidos o Japón es tramposa.
El dato que se lanza sobre la mesa es contundente: los tipos de interés chinos «son inventados». No hay auditoría externa que los valide, no hay arbitraje internacional que los someta a prueba. Si el precio del dinero es una ficción administrativa, toda la estructura de la deuda se sostiene sobre un andamio que nadie ha pesado.
Dos minutos para rebatir veinte
La crítica más repetida no es económica, es de método. Se acusa al autor del vídeo original de manipular: coger una pieza de veinte minutos y responder solo dos, atacar hombres de paja y ocultar los comentarios que le contradicen. Frente a eso, se presenta a Rallo como el profesor que no censura y que responde. Es una disputa sobre credibilidad tanto como sobre macroeconomía, y en ese terreno los números importan menos que la confianza que cada cual otorgue a su fuente.
Hay quien va más allá y sostiene que el aumento del déficit público conlleva un aumento del ahorro privado, una relación que el propio material reconoce como «no tan simple». La identidad contable existe, pero su interpretación es harina de otro costal.
El euro, la dolarización y el espejo salvadoreño
La discusión deriva hacia el caso español. Se argumenta que España vive una suerte de «europetización»: sin control sobre su moneda, compite en desventaja con alemanes e ingleses que llegan con poder adquisitivo superior a comprar vivienda y a ocupar el litoral. Es la misma trampa que se atribuye a El Salvador con el dólar, salvando las distancias. La soberanía monetaria deja de ser un tecnicismo y se convierte en una cuestión de quién puede pagar el alquiler.
Lo que nadie cuadra
El cierre del asunto no llega. Unos ven en la deuda china el próximo gran estallido; otros, una excusa para no mirar los problemas propios. Lo único verificable es que el debate sobre la deuda china se libra con más consignas que balances auditados, y que mientras tanto los tipos siguen siendo, para una parte nada desdeñable del personal, un número que alguien teclea en una oficina de Pekín.