El hilo se parte en dos: los que sitúan el bajón a los 50 y los que lo retrasan a los 78
El hilo se parte en dos. Unos cuantos mensajes después de que alguien preguntara a qué edad se da el
envejecimiento brutal, la conversación ya no va de una cifra, sino de dos bloques que no se ponen de acuerdo. Por un lado, los que sitúan el bajón en la cincuentena. Por otro, los que lo retrasan hasta los 67, los 75 o los 78. Y en medio, un montón de gente contando su caso como si fuera el único.
Qué se ha sabido
Las edades que han ido apareciendo en este tramo son variadas. Un participante dice que
a los 67. Otro, que
a los 65. Otro, que
a los 78. Y hay quien sostiene que
a los 75 ya no se levanta con la misma energía y que ahí empieza la transformación. Frente a ellos, un forero cuenta que en su caso fue
a los 50: el pelo empezó a marcharse, la masa muscular decayó de forma significativa y la cara mostró signos manifiestos de deterioro, todo en pocos años. Ahora tiene 55.
También hay quien reparte el declive por décadas. Un participante describe que
a los 30 empiezan a aparecer problemillas ocasionales que no había con 20: visitas al dentista, tortícolis, tendinitis, problemas de espalda.
A los 40 llegan la presbicia, problemas estomacales, bursitis, ciática.
A los 50 se nota ya el que no cuidó su alimentación ni sus hábitos de vida, y a tu alrededor empiezan a caer por problemas de corazón o cáncer. Otro forero asegura que
a los 31 empieza el lento declive. Y uno más sitúa el primer bajonazo
a partir de los 50, que se acelera a partir de los 55, con un segundo punto de inflexión a los 70.
La genética y el modo de vida son los factores que más se repiten. Un participante cuenta que un hombre mayor le dijo que su bajón profundo fue
a los 70. Otro sostiene que quien ha tenido trabajos estresantes y derroyentes se suele derrumbar a velocidad de vértigo pasados los 40. Y hay quien resume:
depende de cada uno.
Dónde está la bronca
La bronca no es una discusión acalorada, sino un choque de experiencias que no encajan. Un forero dice que a sus
60 y muchos conserva toda la pelambrera, más fuerza que un titán y el soldadote siempre dispuesto, y lo atribuye a la genética. Varios le piden fotos o reporte. Él responde que le han pillado, pero que no le deporten. La cosa queda en un intercambio de guasa, sin más.
Donde sí hay tensión es en el asunto de la belleza femenina. Una participante discrepa de que una mujer esté acabadísima a los 47. Sostiene que las mujeres guapas pueden seguir estupendas hasta bien entrados los
75 años, y pone como ejemplo a una actriz que a los 70 sigue teniendo esa belleza en el rostro. Añade que en las décadas de los 40, 50 y 60 las mujeres pueden estar absolutamente guapas y radiantes, y que si hay materia prima, la década de los 60 todavía luce. Otro forero le responde que están hablando de cosas diferentes: que ser guapo o tener algo especial no tiene que ver con la edad, y que el declive físico es otra cosa. La discusión deriva hacia si el atractivo se mantiene o no, y se queda ahí.
También hay un intercambio sobre el cuidado personal. Un forero dice que la cosa no va de edades sino de cómo te cuides. Otro cuenta que entre el finasteride y el ejercicio va retrasando la derroición, y que físicamente, tanto de cara como de cuerpo, nunca se ha gustado tanto siendo cuarentón avanzado. Reconoce que la presbicia y las canas avanzan, y que esto es inexorable y va por oleadas. Lo importante, dice, es no tener sustos.
Qué cambia respecto a antes
En este tramo entra un asunto nuevo: la diferencia entre hombres y mujeres. Un participante sostiene que en las mujeres el bajón es un poco antes, pero que luego se mantienen durante más tiempo de una manera más estable. Se las nota mucho antes, dice, pero el siguiente bajón es mucho más tardío. Sin embargo, los hombres están bien mucho más tiempo, pero caen luego mucho más rápido y de manera más evidente.
También aparece la idea de que la pérdida de forma es más rápida si te apalancas, y recuperarla es más lenta. Un forero cuenta que con 40 palos se ponía en forma en dos semanas máximo, y que ahora, a sus 120, en dos semanas se encuentra bien, pero no a tope. Añade que el cuerpo le pide más descanso y que en lo de las conejas, lo que te dice que ya no tienes 20 palos es la atención a detalles que distraen.
Y hay quien introduce el tema de la mente. Un participante dice que el cambio mental viene obligado por el cambio físico: ya no te ves tan fuerte ni tan ágil. Otro cuenta que a los 58 tuvo sarcopenia, anhedonia y crisis de la mediana edad todo junto. Y un tercero, más joven, dice que tiene casi 30, se está quedando calvo y tiene cero ganas de vivir, aunque sus bajones vienen de la adolescencia, cuando se preguntó si valía la pena tanto esfuerzo.
El hilo sigue sin una respuesta única. Cada uno pone su edad y su circunstancia. Y la conversación, de momento, no se cierra.