PNV y Bildu: la estructura social que nadie entiende
¿Por qué un partido que durante décadas ha representado a la burguesía vasca vota ahora medidas que perjudican a sus propios votantes? La pregunta recorre los mentideros políticos vascos desde hace meses. Según un cálculo que circula en el debate, en Vizcaya el PNV concentra aproximadamente el 40% del voto, un porcentaje que invita a pensar que no todos sus electores son rentistas de Getxo. La realidad es más matizada: según los participantes, la mayoría de sus votantes se sitúan en el centro político, entre el 4 y el 6 en una escala del 0 al 10, y apoyan sin problemas medidas como el decreto antidesahucio.
El perfil del votante nacionalista ha mutado.
Sus bases son cada vez más mayores, un electorado que se muere literalmente mientras los jóvenes no llegan. La dirección ha optado por girar hacia posiciones progresistas para intentar captar a los nuevos votantes, asumiendo el riesgo de perder a los antiguos. Una concejala del PNV llegó a explicar, con toda seriedad, que su partido no es de derechas. Parecía creérselo.
El votante de Bildu: del caserío al rebranding
¿Quién vota a Bildu? La imagen del remero pobre ha quedado desfasada. La coalición abertzale ha ejecutado un
rebranding que muchos analistas califican de magistral: logo con letras redondeadas, colores verdosos, bandera de presos con diseño minimalista. El votante joven no sabe de dónde viene ni ha vivido la época anterior. Una sobrina de 20 años, según relatan, opina que Bildu mola: feministas, ecologistas, de izquierda, hablan euskera y se disfrazan de Olentzero en Navidad. No le suena Ortega Lara ni Miguel Ángel Blanco.
El trasvase de votos del PNV a Bildu tiene una explicación generacional. Hay mucho hijo de votante nacionalista que se ha pasado a la izquierda abertzale por el rollo progre. Las juventudes de la izquierda abertzale controlan el cotarro cultural en las calles. Mientras, el votante tradicional del PNV, ese votante de derechas bien posicionado con txapela, está cada vez más harto de los tonteos con la izquierda.
Guipúzcoa y Álava: realidades dispares
La estructura territorial del voto nacionalista no es homogénea. Guipúzcoa gira menos en torno a San Sebastián de lo que Vizcaya gira en torno a Bilbao. En Álava, la densidad de población es tan baja que casi nadie vive allí. Según los participantes, Bildu ya ha superado al PNV en Álava y Guipúzcoa, y las previsiones apuntan a un sorpaso global en las próximas elecciones. El PNV sobrevive gracias al apoyo del PSOE, como se vio en la Diputación de Guipúzcoa.
La pregunta que sobrevuela es si el PNV tiene sentido hoy. Nació como refugio de los nacionalistas que rechazaban a ETA. Con Bildu institucionalizado, ese espacio se ha difuminado. Algunos sostienen que el PNV es una escisión del carlismo, y que Bildu es una escisión del PNV. La historia vasca es un laberinto de escisiones que se comen unas a otras.
¿Qué pasará con los votantes inmigrantes?
El futuro electoral vasco pasa por la inmigración. En Bilbao, la población sudamericana ha crecido de forma brutal en los últimos cuatro años, según un participante. La pregunta es si esos nuevos votantes se integrarán en las estructuras existentes o crearán algo nuevo. La historia de Estados Unidos sugiere que las fuerzas emergentes prefieren tomar el control de los partidos existentes antes que crear nuevos. Si esa fuerza se llama PNV, habrá que redefinir qué significa ser nacionalista y vasco. La gente traga con todo.
Mientras tanto, el PNV sigue siendo un partido atrapalotodo que votan las familias adineradas y los jubilados. Son veletas, visagras, prácticos y pragmáticos. Llevan cien años cogiendo nueces y robando setas, y así los tendremos otros cien. O hasta que alguien con carisma encienda la mecha del descontento.
Ea asinpartido.