ADIF: 4.000 candidatos, examen número 2 y la plaza para el enchufado
Cuatro mil personas se presentaron para doscientas plazas en Adif, según el testimonio de un técnico. Quedó vigésimo segundo por currículum. Hizo el examen en Madrid y sacó el número dos de doscientos. Le faltaba una entrevista personal. En el segundo viaje a Madrid le preguntaron si tenía familia en Renfe. No volvieron a llamarle. Su testimonio, publicado en un foro y reproducido estos días, describe un sistema donde el filtro final no es el conocimiento sino el apellido. Y no es un caso aislado: es la consecuencia lógica de un modelo de selección que permite la entrevista personal en la empresa pública.
El embudo de la vergüenza: 4.000 aspirantes y una entrevista
El relato es minucioso. De los 4.000 candidatos iniciales, 200 pasaron el corte por currículum y experiencia. De esos 200, un examen escrito dejó al autor en segunda posición. El examen no era vinculante. Faltaba la entrevista personal, ese artefacto que en teoría mide el carácter y en la práctica, según el testimonio, mide la agenda de teléfonos. En la entrevista le preguntaron si tenía familia en Renfe. Después le dejaron caer que las plazas estaban casi adjudicadas a hijos y familiares del sindicato ferroviario. No hubo más llamadas.
La secuencia es perfectamente legal. Y ahí está el problema. La ley permite que una entrevista personal decida el acceso a un puesto público, lo que convierte el mérito en un trámite previo y la capacidad en una sugerencia. Hay quien sostiene que la oposición pura también se manipula. Es cierto: se han documentado casos de exámenes filtrados y números uno sospechosos. Pero una cosa es que el sistema falle y otra que el fallo esté diseñado.
La entrevista personal como puerta giratoria del enchufismo
La crítica más repetida apunta a la entrevista. En las oposiciones de administrativo del Estado, C1, solo hay un test. En puestos superiores, varios exámenes sin entrevista. La entrevista aparece justo donde el puesto es más goloso. Y no solo en Adif: policía, Guardia Civil, jueces, notarios, registradores, controladores aéreos, ferroviarios, metro, Correos. El patrón se repite.
El argumento de que la entrevista sirve para evaluar el carácter se desmonta solo. El carácter se demuestra trabajando, no en veinte minutos delante de un tribunal que ya sabe a quién va a elegir. En la empresa privada la entrevista tiene sentido porque el que contrata se juega su dinero. En la pública, el que entrevista no se juega nada. Y a veces cobra por ello.
Del franquismo al sindicato: la herencia del enchufe ferroviario
El enchufismo en el ferrocarril español no nació ayer. Antes se entraba por la mili o por familia. Ahora se entra por familia o por sindicato. La estructura es la misma, cambia el padrino. Y el resultado también: gente que lleva treinta años de interina haciendo sustituciones en trenes que van a un kilómetro por hora, mientras otros con apellido adecuado se prejubilan en Cercanías. El testimonio de un maquinista sin familia en Renfe, treinta años puteado, es el espejo invertido del candidato número dos.
La consecuencia no es solo injusta. Es ineficiente. En el centro de mando, según los audios que circulan, hay confusión, órdenes contradictorias y desconocimiento de protocolos. La gente que trabaja ahí, ¿es la mejor formada? La pregunta no es retórica. Es la pregunta que debería hacerse cualquier gestor público antes de defender lo público como si fuera un valor en sí mismo.
La formación que no se improvisa: cinco meses para ser responsable de circulación
No todo el mundo entra por la puerta de atrás. Los responsables de circulación tienen que pasar una oposición, una habilitación de casi cinco meses con todo el reglamento y las normas de Adif, un examen con un mínimo de ocho, prácticas de estación con libreta, simulador y un examen oral de varias horas. El proceso completo puede llevar de septiembre a mayo. Es un filtro serio. Pero no todos los puestos pasan por ese filtro. Y ahí está la brecha.
La discusión de fondo no es si la oposición es perfecta. Es si la alternativa es peor. Un examen tipo test puede colar a un incompetente. Una entrevista personal puede colar a un incompetente con padrino. La diferencia es que el incompetente del test, si la caga, responde. El del padrino, no.
El ministro que dormía en la cárcel y la sombra de la corrupción
El autor del testimonio menciona a Ábalos, exministro de Transportes, y lo hace con retintín: «Duerme en la cárcel». La referencia no es gratuita. El Ministerio de Transportes ha sido escenario de casos de enchufismo y contratos irregulares que han terminado en los tribunales. La conexión entre el ministerio y las empresas públicas que dependen de él no es una teoría: es una estructura.
¿En manos de quién estamos? La pregunta queda flotando. Y la respuesta no es tranquilizadora. Mientras el acceso a la función pública dependa de una entrevista, el mérito seguirá siendo un adorno. Y los números dos seguirán viajando a Madrid para nada.
Hay quien defiende que la solución es más examen y menos entrevista. Hay quien pide auditoría externa. Hay quien directamente quemaría el sistema. Lo único claro es que el actual no funciona. Y que los cuatro mil candidatos de Adif se lo merecían mejor.