Ayuso señala a «organizaciones terroristas» en la acampada de Sol
¿Se puede llamar terrorista a quien monta una acampada en una plaza? Isabel Díaz Ayuso sostiene que quiere saber si es cierto que hay un grupo con antecedentes terroristas propalestinos gestionando esa acampada. La presidenta de la Comunidad de Madrid afirmó en directo que quiere saber «si es cierto que hay un grupo que ha tenido antecedentes terroristas propalestinos gestionando esa acampada», y añadió que allí, además de ocupar calles y plazas, «no hay un estado de derecho». Las declaraciones, recogidas por medios nacionales, han reabierto el debate sobre quién está detrás de las protestas y hasta qué punto el lenguaje político cruza una línea roja.
Qué dijo exactamente Ayuso sobre la acampada
La presidenta madrileña no habló de sospechas vagas. Puso sobre la mesa una acusación concreta: la posible presencia de un grupo con antecedentes terroristas de signo propalestino en la organización de la acampada. Lo hizo en dos intervenciones seguidas, primero en una entrevista y después en un acto público, y en ambas repitió la misma idea: que la ocupación de la vía pública no puede ampararse en ningún marco de legalidad. «Aparte de que vandalicen una plaza, aparte de que ocupen ilegalmente las calles de todo, allí no hay un estado de derecho», dijo.
La formulación es deliberadamente dura. No habla de radicales, ni de agitadores, ni de antisistema. Habla de terroristas. Y lo hace sin aportar nombres, siglas ni pruebas en ese momento, lo que convierte la acusación en una hipótesis que ella misma pide verificar: «Quiero saber si es cierto». Esa cautela verbal, sin embargo, no ha impedido que el término escogido —terrorismo— active todas las alarmas.
Quién financia y quién organiza las acampadas
La pregunta de fondo no es nueva: ¿quién pone el dinero y quién pone la logística? En el terreno del análisis, hay quien sostiene que detrás de estas concentraciones hay estructuras sindicales y políticas con financiación pública o extranjera, y quien responde que ese vínculo nunca se ha demostrado. La acusación de Ayuso se apoya en esa sospecha, pero no la resuelve.
Lo que sí ha hecho es trasladar el foco desde el vandalismo —un hecho visible, con destrozos en el mobiliario urbano— hacia la supuesta infiltración de organizaciones violentas. Es un salto cualitativo importante. Pasar de «ocupan ilegalmente» a «gestionan terroristas» cambia el marco: ya no se discute la legalidad de una protesta, sino la naturaleza criminal de quienes la dirigen. Y eso, en términos políticos, es otra cosa.
Las reacciones: del aplauso al «guiño a Israel»
La respuesta no se ha hecho esperar. Una parte del análisis aplaude el gesto: consideran que Ayuso dice en voz alta lo que muchos piensan y que su capacidad para incomodar a la izquierda la convierte en la candidata menos mala del panorama. Otra parte, en cambio, ve en sus palabras un error de cálculo. Se argumenta que al no decir «terroristas rojos» ni «terroristas marxistas», sino solo «terroristas propalestinos», Ayuso estaría haciendo un guiño a Israel y, de paso, blanqueando a otros terrorismos. Es una lectura retorcida, pero circula.
También hay quien señala que las personas entrevistadas en televisión durante las protestas son militantes o cargos de partidos, no ciudadanos aleatorios. Y quien recuerda que los mismos rostros aparecieron en acciones anteriores, como el corte de una vuelta ciclista. La sospecha de coordinación no es nueva; lo nuevo es que una presidenta autonómica la eleve a categoría de acusación pública.
El contexto: elecciones, campaña y un 29 de noviembre
El calendario no ayuda a bajar el tono. Las declaraciones de Ayuso llegan en plena precampaña, con un 29 de noviembre marcado en rojo en el calendario electoral. En ese marco, cada palabra pesa el doble. La presidenta lo sabe y por eso no se ha limitado a condenar los disturbios: ha puesto encima de la mesa una acusación que obliga a los demás a posicionarse. Quien no la respalde, parece decir, está con los terroristas.
Es una jugada de alto riesgo. Si la acusación se queda en nada, el desgaste será suyo. Si se confirma, el golpe para la izquierda y para los organizadores de la acampada será difícil de encajar. Mientras tanto, la pelota está en el tejado de quienes tienen que verificar si ese grupo con antecedentes existe o no.
Al final, la pregunta no es si Ayuso exagera. La pregunta es si alguien va a comprobar si lleva razón. Porque llamar terrorista a un okupa es fácil; demostrarlo, bastante menos.