Puerta del Sol: banderas de España contra acampados, tensión en directo
¿Qué pasó exactamente en la Puerta del Sol para que la policía tuviera que separar a dos grupos de jóvenes a gritos? La escena, emitida en directo por televisión, mostró a chavales con banderas de España y a los acampados del centro de Madrid encarados mientras los agentes intentaban contenerlos. El detonante, según el relato que circula, fue un grupo que bajó del desfile a tomar el vermut y se encontró con la concentración que ocupa la plaza desde hace días. La policía desplegó furgones y la propia reportera describió el ambiente como un polvorín.
Lo llamativo no es el choque en sí, sino quién estaba en cada lado.
Gente muy joven, según coinciden las descripciones: por un lado, chicas con la rojigualda; por otro, los habituales de la acampada. Y en medio, un despliegue policial que no lograba despejar la plaza. La tensión se ha convertido en el centro del relato político de la jornada.
Qué se dijo del desfile y la acampada de Sol
El origen de la concentración se sitúa en el desfile del que habrían salido varios grupos para bajar al centro. La plaza, ocupada desde hace días, funciona como una ratonera de plástico y pancartas, según la descripción que se hace del lugar. La policía intentaba separar a los chavales con banderas, pero el volumen de gente impedía cualquier maniobra ordenada.
Hay quien sostiene que la acampada debería desalojarse de una vez; otros advierten de que la mayoría solo va a gritar y que basta con dos o tres exaltados para montar la de San Quintín. La discusión sobre el
Derecho de reunión aparece en cuanto se plantea el desalojo: el delegado del Gobierno, se dice, debería conocer el marco legal antes de mover ficha.
La polarización como estrategia: a quién beneficia el choque
La tesis más repetida es que a alguien le interesa que haya tensión. Polarizar, dividir, enfrentar. El cálculo sería simple: si hay revuelo, la gente vota con las tripas; si se lo piensa, no vota. Esa lectura encaja con la idea de que el enfrentamiento en la calle alimenta el mantra de la ultraderecha y sirve para victimizar a unos y criminalizar a otros.
En contra está la versión de que la izquierda radical nunca ha visto cabreados de verdad a los que llama fachas, y que no puede calibrar lo que puede pasar. La comparación con otros episodios de los últimos años aparece varias veces: hace quince o veinte años, se argumenta, nadie plantaba cara a la izquierda en la calle; hoy la cosa ha cambiado.
Dos Españas, otra vez: el diagnóstico que se repite
Noventa años después, el diagnóstico es el mismo: dos Españas. La frase se repite con cansancio. Pero el reparto ya no es mitad y mitad. Hay quien lo cifra en dos tercios contra un tercio. Y hay quien sostiene que el PSOE de Sánchez ha dividido a los españoles, mientras otros responden que la división viene de mucho antes.
El intercambio de acusaciones tiene su versión comparada. Se recuerda el asalto al Capitolio en Estados Unidos, con muertos incluidos, para señalar que allí la policía tampoco tiró a matar. Y se recuerda la revuelta en Barcelona frente a la Delegación de Hacienda, con agentes rodeados y furgones asaltados, para subrayar que en España estas cosas pasan y no pasa nada. La anécdota del marido estadounidense que no daba crédito a lo que veía en televisión resume el asombro ajeno.
Qué puede pasar en la Puerta del Sol
El escenario que se dibuja es de riesgo controlado. Un mechero, tres bengalas desde tres costados y aquello arde como las Fallas, dice una de las descripciones más gráficas. La policía mantiene furgones, pero no desaloja. Y esa decisión, según una de las lecturas, tiene su propia lógica: si se desaloja, se victimiza a los acampados y se les regala el relato.
Mientras tanto, la plaza sigue siendo vía pública. Hasta los que llevan la bandera de España tienen derecho a circular por ella, recuerda alguien con retintín. El problema es que unos están acostumbrados a ocupar lo ajeno y otros a que se lo ocupen. Con esos mimbres, la pregunta no es si habrá más choques, sino cuándo.
Al final, lo único claro es que la Puerta del Sol lleva días siendo un polvorín con dos mechas encendidas y nadie con prisa por apagarlas.