Resumen del debate: Así vivirán los vecinos del primer rascacielos de 2.000 metros de altura: "La enajenación respecto al mundo será total"

Ilustración editorial de un rascacielos de 2.000 metros en Arabia Saudí con viviendas en altura y un núcleo estructural de 30
RESUMEN DEL DEBATE · 203 respuestas · actualizado el 10 Oct 2026
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Vivir a 2.000 metros: el rascacielos que promete un aislamiento total​

Dos proyectos en Arabia Saudí quieren llevar la vivienda donde nadie ha llegado: la Jeddah Tower, que encogió de 1,6 kilómetros a 1.000 metros por indicación de los geólogos, y una torre de dos kilómetros en Riad diseñada por Norman Foster con un presupuesto de 4.620 millones de euros. Hoy no existe ninguna planta 320 en el mundo. El Burj Khalifa, el edificio más alto del planeta desde 2014, llega a 828 metros pero solo está habitado hasta los 584, su planta 163. Lo que viene después son máquinas y una antena.

La pregunta no es si se puede construir. Es cómo se vive ahí arriba. Y ahí empieza el problema.

Qué se puede hacer en un edificio de dos kilómetros​

La estructura impone el uso. Un edificio así necesita un núcleo estructural de al menos 300 metros por 300 metros en la base, que se afina a medida que gana altura hasta acabar en un pináculo. Ese núcleo no tiene por qué ser macizo: puede alojar servicios y ascensores. Pero condiciona todo lo demás.

El reparto previsible es rígido. El primer tercio se dedicaría a oficinas y usos comerciales. El segundo, a viviendas y hoteles. El tercero, a miradores y servicios técnicos. Poca cosa más. Quien compre un piso en la planta 250 no está comprando un barrio: está comprando una franja vertical con funciones tasadas.
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El día a día: ascensores, agua y basura​

Las dudas prácticas son las que nadie responde. ¿Llegará el agua corriente con buena presión a un kilómetro de altura? ¿Se podrán abrir las ventanas aunque sea medio minuto? ¿Se sentirá el viento en la fachada? ¿Cómo se tira la basura? ¿Se podrán tirar los tabiques para unir la cocina al salón?

Hay una experiencia real que da la medida del problema. En un rascacielos asiático, un restaurante situado a media altura tenía que preverlo todo: bajar a la calle y volver a subir representaba media hora, aun con mil ascensores a la velocidad de la luz. En otro caso, una persona que vive en la planta 96 de un barrio de torres en China describe cada salida a la calle como coger el metro: hay que hacer transbordos.

El resultado es una vida que se repliega hacia dentro. Hay quien sostiene que la gente acabaría haciendo toda su vida en el edificio. Salir sería casi como irse de vacaciones.

El negocio: por qué se construyen torres que no se habitan​

En el Burj Khalifa hay plantas enteras de oficinas y pisos que nunca han llegado a ser habitados. No parece importar. Los miradores y los restaurantes para turistas facturan, y el nombre del edificio es conocido en todo el mundo. Es imposible saber si su promotora, una empresa pública dubaití, ha recuperado la inversión.

La lógica no es residencial. Ante un futuro en el que los hidrocarburos dejen de ser una riqueza infinita, la idea de las élites saudíes es convertir sus ciudades en enclaves de vida regalada para los milmillonarios del planeta. El fondo soberano que invierte los beneficios del petróleo dirige el proyecto de Riad. La torre es el escaparate.

El escepticismo es razonable. Un ingeniero que ha firmado proyectos de estructuras en Madrid lo resume sin rodeos: su pronóstico es que el proyecto se hará y se divulgará, pero no se construirá. Aunque admite que pensaba lo mismo de The Line y las obras ya están en marcha.
El precio social de vivir por encima de los demás

El coste real: aislamiento y dependencia​

El atractivo declarado es escapar de la congestión, la contaminación y la criminalidad asociadas al nivel de la calle. Ver el mundo desde arriba. Un profesor de Estudios Urbanos y Geografía del University College London lo sitúa como estatus social: vivir física y metafóricamente por encima de los demás. Y recuerda que hasta principios del siglo XX el mejor lugar para vivir era el suelo, no la cima. Entonces cambió todo por la tecnología.

El problema es que la altura no aísla de todo. Aísla del ruido de la calle, no del vecino. Hay quien sostiene que un futbolista hortera o un influencer con fiestas y reggaetón a las tres de la mañana suenan igual en la planta 320 que en la tercera. La comunidad de vecinos, en un edificio así, puede ser épica.

Y luego está el riesgo. Hay quien plantea que un incendio en un edificio de dos kilómetros no se apaga: se gestiona. Un bajante que se estropea, un apagón, un ascensor parado. Cualquiera de esas cosas convierte una torre en un problema de ingeniería civil.

La torre de Babel como precedente​

La referencia bíblica aparece sola. «Edifiquémonos una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra». Hay quien ve en estos proyectos las pirámides de hoy, hechas para la admiración del faraón. La Torre de Babel reconvertida en activo inmobiliario.

No es solo literatura. La Jeddah Tower se proyectó en 2011 para llegar a 1,6 kilómetros, la simbólica milla del rascacielos utópico que Frank Lloyd Wright diseñó en los años 50. Encogió a 1.000 metros por indicación de los geólogos que analizaron el suelo. Las obras arrancaron en 2014 y se suspendieron en 2017, cuando se trabajaba a 390 metros, porque su promotor cayó en desgracia ante el Gobierno saudí y se quedó sin crédito. El año pasado reencontró el favor político y nuevas vías de financiación estatal.

La historia de estos proyectos es la historia de sus interrupciones.

Qué dicen los que dudan​

El escepticismo no es solo técnico. Un arquitecto y profesor en la Universidad Politécnica de Madrid señala que nunca se ve un informe económico en estos proyectos: ni un estudio que diga qué demanda hay para un edificio así, ni residencial, ni de espacio para oficinas, ni del coste de mantenimiento que se pueda calcular.

Hay quien sostiene que, en un país con espacio de sobra, un rascacielos de dos kilómetros no responde a ninguna necesidad. En microestados con poco suelo y muchos residentes fiscales a atraer, tendría una lógica. En Arabia Saudí, no. Otros apuntan que son retos tecnológicos de los que se puede aprender para usarlos en otros proyectos, y que al menos dejan volar la imaginación. El contraargumento es que los retos constructivos y de calado son enormes, y los peores están por descubrir: ni siquiera ahora mismo nadie los imagina.

La conclusión más repetida es que no se hará. La segunda más repetida es que, si se hace, será un ejemplo y pasmo para las generaciones futuras. Como hoy miramos la Edad Media.
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Proyecto innecesario y sin retorno55%
Reto tecnológico con valor25%
Escaparate geopolítico de élites20%
📌 DATOS
El Burj Khalifa llega a 828 metros y solo está habitado hasta los 584, su planta 163
La Jeddah Tower encogió de 1,6 kilómetros a 1.000 metros por indicación de los geólogos
El presupuesto de la torre de dos kilómetros en Riad es de 4.620 millones de euros
📅 EVOLUCIÓN
2011 Se proyecta la Jeddah Tower con una altura de 1,6 kilómetros, la milla simbólica del rascacielos utópico de Frank Lloyd Wright
2014 Arrancan las obras de la Jeddah Tower tras encoger el proyecto a 1.000 metros por indicación de los geólogos
2017 Se suspenden las obras a 390 metros de altura porque el promotor cae en desgracia ante el Gobierno saudí y se queda sin crédito
2023 La Jeddah Tower reencuentra el favor político y nuevas vías de financiación estatal
2024 El fondo soberano saudí adjudica a Norman Foster una torre de dos kilómetros en Riad con 4.620 millones de euros de presupuesto
🔗 FUENTES
El Mundo ↗
Artículo original sobre los proyectos de rascacielos en Arabia Saudí
▶ VÍDEOS

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