El hilo se parte entre «gota fría» y «DANA» y sigue sin llover
El tramo arranca con el parte de siempre: ni una gota. Y a los pocos mensajes el hilo deja de discutir el tiempo para discutir cómo se llama el tiempo.
«Gota fría» o «DANA». Ahí salta la primera bronca. Un participante suelta que quien dice gota fría se retrata. Otro contesta que la etiqueta no cambia una nube ni trae un litro. En mitad del rifirrafe, alguien cuelga esto:
Las bromas se cuelan rápido. Un mensaje ironiza con que si subieran los impuestos llamados climáticos caería más agua, y cierra la frase con la palabra «ciencia» entre signos de dólar. Otro resume el humor general en una línea: o no llueve o se inunda, término medio no hay. Es una broma, y como broma circula.
Qué se ha sabido
Poco, y lo poco que se sabe viene de mensajes sueltos, sin fuente oficial.
Un participante informa de que
está chispeando en su zona. Es lo más parecido a precipitación de la jornada. Poco después rectifica él mismo: se acabó, ya no chispea. Otro pregunta si ha llovido ya y añade que está previsto que caiga débilmente durante todo el día. Del resto de la provincia no llega ni eso.
La cifra que se lanza es otra. Un forero asegura que han caído
600 litros por metro cuadrado en el mar y que con eso debería bastar. Es un cálculo de foro, sin fuente, pero da para varios mensajes y para alguna pulla.
También se mira fuera. Un participante apunta que en la Meseta Norte, Galicia y Vasconia llevan
dos semanas seguidas de lluvia. Otro escribe directamente desde
Tenerife, a 24 grados y con un aire fresco que describe con gusto.
Y el nombre. Varios mensajes entran a discutir la etiqueta. Uno sostiene que llamarlo gota fría en vez de DANA te coloca en un bando. La respuesta no tarda: el nombre no moja.
La promesa de siempre también aparece: mañana llueve, y de nada. La réplica llega antes de que se seque la primera línea: mañana toca gota fría, sí, como la otra vez, que no cayó apenas.
Dónde está la bronca
Tres frentes, y ninguno meteorológico.
El primero es la palabra. «Gota fría» contra «DANA», con la carga política que un participante le mete de golpe. Quien usa el término viejo, según ese mensaje, está retratándose. Quien usa el nuevo, contesta otro, tampoco consigue que caiga agua. Nadie mueve ficha.
El segundo es el listón. Hay quien se queja de que la provincia ha aprendido a celebrar cualquier cosa, y que conformarse con cuatro litros es síntoma de la desgracia, no una buena noticia. La réplica, en otros mensajes, es que en una tierra donde no cae nada eso es exactamente lo que queda. No se discute el dato, se discute la resignación. Alguien añade que la situación atmosférica no es garantía de nada y que lo único matemático es que aquí no cae. Y lo firma con los días de la semana puestos uno debajo de otro y una queja sobre la provincia.
El tercero es el que forea desde fuera. El mensaje desde Tenerife, con su cerveza fría y su airecito, revienta la paciencia de más de uno. Alguien responde que le da asco ese tiempo y que no quiere ni imaginarse viviendo allí. Y otro cierra con un puyazo suave: que los de aquí no son valencianos de verdad. Ahí el hilo ya no habla del tiempo, habla de dónde vive cada uno.
El de la isla sigue a lo suyo, pide su bebida y aclara que será sin alcohol porque puede tener que conducir. Nadie le sigue el juego.
Qué cambia respecto a antes
El mecanismo queda aparcado. Ya no se discute por qué llueve al norte y aquí no: se discute la etiqueta, se discute el conformismo y se discute quién tiene derecho a quejarse desde una terraza a 24 grados.
Entra el parte de «aquí chispea un rato y se acabó», que dura menos que un mensaje. Y entra la cuenta de lo que cae al mar, que se lanza sin fuente y se repite sin comprobación.
Lo que no cambia es el cierre. Otro día sin nada, con quien había anunciado lluvia débil para toda la jornada y sin nada que enseñar al final. Y otra vez la pregunta de mañana, que alguien deja caer como si fuera una promesa.