Miss Marple
Cada vez se oye más a menudo hablar de lo que los ‘ejpertos’, incurriendo en barbarismo innecesario, gustan de llamar “default” (“sinpa”, en vernacular hispano que desafía las reglas ortográficas). Este impago (de la deuda externa) se suele asociar, aunque no siempre, con la salida del euro, lo que confunde el asunto (una salida del euro implicaría un impago de la deuda denominada en euros y un impago encubierto de la que se pudiera re-denominar en neo-pesetas; pero un impago no implica necesariamente una salida del euro).
Pero hay gente (un saludo para Eddy, antiguamente de burbuja.info y hoy de colectivo burbuja) que lleva al menos 5 años, que se dice pronto, avisando de que el “sinpa” no es una opción, es simplemente inevitable. Entre 2000 y 2008 los bancos españoles pidieron a los bancos nor-europeos no una montaña, sino todo un himalaya de crédito, para prestarlo a particulares o empresas que lo invirtieron en ladrillo sobrevalorado (que incluía la prima para bowling, una parte para el estado en forma de impuestos -que se gastaron en aumentar el tamaño del estado, incluyendo empresas semi-públicas, y en infraestructuras poco productivas-, y el pago de factores de producción que se gastó principalmente en última instancia en importación de bienes de consumo importados). Dado que el ladrillo se valora actualmente a mucho menos, y que casi nada de aquel dinero se gastó en algo productivo, no hay manera posible de devolver ese cordillera de pasta.
De lo que se trata es de la forma y condiciones de dicho “sinpa”, y a quien pilla mejor preparado: de eso va el juego desde 2008. Los gobiernos españoles jugaron a fingir que no iba con ellos; los acreedores les dejaron fingir. Desde Mayo de 2010, con el crédito estatal malgastado, ya no queda libertad más que para seguir órdenes.
En el lado acreedor nor-europeo se ha procedido a concentrar todo el marrón en el BCE; del lado deudor se ha concentrado todas las obligaciones en el estado español. El inminente rescate y el plan de Draghi son las dos caras de la penúltima parte del plan: la transferencia al plan Cofidis, y el inicio de la apretura de tuercas al gobierno y la liquidación de activos.
La última fase (que será pospuesta cuanto sea posible, como siempre; pero eso ya no es mucho), que incluye la cuantificación y oficialización del impago y sus consecuencias, es la que tiene más interés para el observador neutral (si es que se puede encontrar uno). Hasta entonces, todas las respuestas se encuentran en Grecia.