NOTICIA: Acompáñenme de la mano, en esta historia de superación femenina, estoicismo puro y duro más desprendimiento del ser.

Pantalla de móvil con un perfil falso de un supuesto médico junto a una escritura de vivienda y documentos de trámites de est
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La estafa sentimental que vació la casa de una viuda de 60 años​

Ninguna estafa de las que arruinan a alguien necesita un arma. Basta un perfil de Facebook, la foto de un hombre de 60 años con aspecto serio y una pregunta amable a media mañana. El relato que ha circulado estos días —anonimizado, con la vergüenza como principal freno para contarlo— describe a una viuda de más de 60 años que vendió su casa y envió prácticamente todo el dinero a un supuesto médico destinado en una zona de guerra. Un año después, el hombre sigue sin aparecer y la última petición pendiente son 100.000 pesos.

El caso individual no demuestra nada sobre el conjunto. Pero encaja con un patrón que la prensa lleva años documentando: el de la estafa sentimental o romance scam, un negocio donde el producto que se vende no es una inversión ni un premio, sino la sensación de que alguien te espera al otro lado de la pantalla.

El guion del falso médico: del «¿ya has comido?» a los trámites de jubilación​

La secuencia tiene poco de improvisación. Médico, viudo, un hijo estudiando en un internado, misión internacional, posición económica holgada. Mensajes por la mañana, interés por si ha comido, promesas de viajes y de un hogar compartido cuando termine el despliegue. La mujer llevaba tiempo sola: su marido había fallecido, la casa se le hacía grande y los hijos tenían ya sus propias familias.

Después llega el giro. El hombre necesita salir de la misión, arreglar papeles, disponer de un dinero que dice tener bloqueado. Primero fueron los trámites, luego unos documentos, después supuestos problemas con su salida. La fórmula, en palabras de la propia afectada, es casi un manual: «siempre hay una explicación, siempre surge un nuevo inconveniente y siempre necesita un poco más de dinero».
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¿Por qué la víctima sigue respondiendo al supuesto estafador?​

Aquí está la parte que más cuesta admitir desde fuera. Un año después, con la casa vendida y las tarjetas de crédito cargadas, la conversación no se ha cortado. Hay días en los que la mujer lo encara y le dice que sabe que le está mintiendo; después vuelve el mensaje cariñoso y la duda regresa con él. Ella misma describe esa alternancia entre el reproche y el afecto como el mecanismo que la mantiene enganchada.

Quien lo mira desde la distancia tiende a resolverlo con una palabra, ingenuidad, y a pasar página. El expediente es más incómodo: la víctima no ignoraba que enviar dinero a un desconocido es una mala idea. Lo sabía y lo hizo igual, porque lo que estaba comprando no era un retorno económico.

Del falso Brad Pitt a la falsa princesa Leonor: el negocio del amor por Internet​

El formato se ha industrializado y ya no depende de un solo personaje. Se han documentado cuentas en TikTok que se hacen pasar por miembros de la realeza para pedir dinero a personas vulnerables, entre ellas varias suplantaciones de la princesa Leonor, rastreadas por El País a lo largo de decenas de perfiles. A ello se suman los casos de famosos suplantados —el falso Brad Pitt ha sido recurrente en la prensa— y episodios como el de una mujer que, según se comenta en el hilo, perdió 36.000 euros creyendo hablar con el actor.

La discusión pública sobre estos fraudes suele derivar hacia el reproche. Hay quien sostiene que la vanidad o la ambición de la víctima explican el desastre; en contra pesa el argumento de que la soledad y el aislamiento son el terreno abonado, y que culpar a quien ha sido desplumado no devuelve un solo euro.

Lo que queda: una pensión, deudas y una casa que ya no existe​

El balance patrimonial es el de un desplome. Cuarenta años de trabajo, una pensión propia y la que le dejó su marido, una vivienda pagada a base de esfuerzo. Hoy la pensión apenas cubre gastos, hay deudas que no sabe cómo cerrar y dinero de crédito enviado al mismo destinatario. En medio, dos hijos que se enteraron de la venta y un nieto que vive con ella desde pequeño.

El detalle de cómo se troceó el patrimonio —las cantidades, el orden de las peticiones y el modo en que se comprometió el dinero de las tarjetas— está en el relato original, y no mejora con la distancia.

En ese relato no aparece ninguna mención a una denuncia formal: la vergüenza es, según la propia afectada, el principal freno incluso para contar lo ocurrido.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Esa es la historia alternativa de Up si el viejo hubiera muerto en lugar de la vieja»
— Abrojo · Analogía con la película Up
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Decisiones libres con responsabilidad personal45%
Víctima de una red criminal organizada40%
Falta educación financiera y digital15%
📌 DATOS
La afectada tiene más de 60 años y trabajó durante más de cuarenta años antes de jubilarse
Vendió su casa y envió prácticamente todo el dinero recibido, hace aproximadamente un año
La última cantidad que le reclaman son 100.000 pesos para poder viajar
La pensión que recibe apenas le alcanza para cubrir gastos y ayudar en casa
🔗 FUENTES
El País ↗
Reportaje sobre suplantaciones de la realeza en TikTok
Okdiario ↗
Casos del falso Brad Pitt y pérdidas de 36.000 euros
Poder Judicial ↗
El caso del falso general
Descargo de responsabilidad: Relato basado en un testimonio anónimo difundido por medios y en las informaciones enlazadas; no constituye asesoramiento financiero ni jurídico. Cualquier indicio de fraude debe ponerse en conocimiento de las autoridades.
Resumen elaborado con IA a partir del debate de la comunidad — 17 respuestas analizadas. Última actualización: .

Ferrol III

Himbersor
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He llorado tanto que las lágrimas no me permiten ver el cielo azul.

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La Historia:

Les pido que me permitan contar mi historia desde el anonimato porque, sinceramente, me da muchísima vergüenza que alguien que me conozca pueda leer esto y reconocerme. Tengo más de 60 años y jamás imaginé que a estas alturas de mi vida terminaría contando algo así. No busco que me justifiquen ni que me tengan lástima, simplemente necesito sacar todo lo que llevo guardado porque hay noches en las que no puedo dormir de tanto arrepentimiento.

Soy viuda. Estudio casa durante muchos años con un hombre que fue mi compañero de vida, con quien formé una familia y compartí prácticamente toda mi juventud y mi vida adulta. Cuando él falleció, sentí que el mundo se me vino encima. Mis descendientes ya tenían sus propias familias, tengo dos nietos y uno de ellos vive conmigo desde pequeño. A pesar de tenerlos cerca, la realidad es que la soledad que me dejó la gloria de mi esposo fue algo que nunca aprendi a manejar. La casa se sentía demasiado grande, las noches interminables y había momentos en los que hubiera dado cual cosa por tener a alguien con quien conversar, alguien que me preguntara córo había amado o simple me hiciera sentir que todavía era importante para alguien.


Durante más de cuarenta años trabajé, fui una mujer responsable, ahorradora y acostumbrada a conseguir mis cosas con esfuerzo. Logré pensionarme y recibía mi dinero cada mes. Además, mi esposo me había dejado una pequeña pensión que, aunque no era demasiado, me permitía vivir tranquilamente. Tenía mi casa, mis muebles, mis recuerdos y la tranquilidad de saber que no dependía económicamente de nadie. Mis descendientes sabían que podían contar conmigo, pero yo también tenía mi propia vida.
Todo comenzó cuando empecé a pasar más tiempo en Facebook.

Al principio solamente veía publicaciones, fotografías y conversaba ocasionalmente con algunas personas. Hasta que un día recibí una solicitud de amistad de un hombre de aproximadamente 60 años. Su perfil parecía normal, tenía fotografías y algunas publicaciones que me hicieron pensar que era una persona seria. Comenzamos a platicar y poco a poco nuestras conversaciones se hicieron más frecuentes. Me contó que era médico, que trabajaba para una organización internacional y que en ese momento se encontraba en una misión en una zona de guerra. También me dijo que era viudo, que había perdido a su esposa y que tenía un descendiente estudiando en un internado.

No sé en qué momento empecé a esperar sus mensajes con tanta ilusión. Me saludaba por las mañanas, me preguntaba si ya había comido, me decía que era una mujer maravillosa y que después de tantas pérdidas que había sufrido merecía volver a ser feliz. Me hablaba de un futuro juntos, de viajar, de vivir tranquilamente y de formar un hogar cuando terminara su supuesta misión. Incluso me decía que tenía una buena posición económica y que no tendría que preocuparme por nada.

Yo llevaba mucho tiempo sintiéndome sola y aquellas palabras comenzaron a llenar un vacío que ni siquiera sabía cómo explicar. Me hizo sentir querida, deseada y acompañada. Ahora que lo pienso, creo que confundí la necesidad de sentirme amada con estar verdaderamente enamorada de una persona a la que ni siquiera conocía en la vida real.

Después de varios meses de conversaciones, comenzó a contarme que estaba desesperado por abandonar aquella misión porque necesitaba tramitar su jubilación y resolver algunos asuntos para poder viajar a mi país. Me explicó que tenía dificultades para disponer de su dinero y que necesitaba una cantidad importante para cubrir unos supuestos trámites. Al principio me negué, porque sabía que no era correcto enviar dinero a alguien que nunca había visto personalmente, pero él insistía en que yo era la única persona en quien confiaba y que todo lo que estaba haciendo era por nuestro futuro.

Me enviaba mensajes diciéndome que pronto estaríamos juntos, que quería conocer a mis descendientes, que deseaba pasar el resto de sus días conmigo y que jamás permitiría que me faltara nada.

Yo terminé creyéndole.

Y aquí viene la parte que más vergüenza me da contar. Tomé una decisión que cambió mi vida por completo: vendí mi casa. Sí, la casa que había conseguido después de tantos años de trabajo, la misma donde viví con mi esposo y donde guardaba tantos recuerdos. Vendí mi patrimonio y le envié prácticamente todo el dinero que recibí porque estaba convencida de que estaba ayudando al hombre con quien iba a comenzar una nueva etapa de mi vida.

Ha pasado aproximadamente un año desde entonces y ese hombre sigue sin aparecer. Siempre hay una explicación, siempre surge un nuevo inconveniente y siempre necesita un poco más de dinero. Primero eran los trámites, después unos documentos, luego supuestos problemas con su salida y ahora resulta que solamente le faltan cien mil pesos para poder viajar y estar conmigo.

Actualmente vivo de una manera muy diferente. Ya no tengo mi casa, tengo deudas que no sé cómo voy a terminar de pagar y hasta utilicé dinero de mis tarjetas de crédito para seguir enviándole. Mi pensión apenas me alcanza para cubrir mis gastos y ayudar con algunas cosas de la casa. Lo más triste es que yo misma me puse en esta situación por confiar en alguien que probablemente nunca tuvo la intención de conocerme.

Mis descendientes saben parte de lo que ocurrió y les he pedido perdón muchísimas veces. No saben cuánto me duele recordar sus caras cuando se enteraron de que había vendido mi casa. Sé que los decepcioné y que probablemente perdieron parte de la confianza que tenían en mí. También le he pedido perdón a Dios, porque siento que fui demasiado ingenua y que me dejé llevar por una ilusión que terminó destruyendo la tranquilidad que tanto me había costado conseguir.
Lo peor es que, a pesar de todo, sigo hablando con ese hombre. Hay días en que me lleno de valor y le digo que ya entendí que es un engañador, que deje de mentirme y que no vuelva a buscarme. Pero después comienza a decirme que me ama, que tenga paciencia, que no tire por la borda todo lo que hemos construido y que él también está sufriendo por no poder llegar a mi lado. Incluso se molesta cuando le digo que ya no tengo dinero y me hace sentir como si yo fuera la que está abandonando nuestra supuesta relación.


Mis amistades me han dicho hasta el cansancio que lo bloquee, que deje de contestarle y que acepte que fui víctima de un engaño. Pero no puedo explicarles lo que siento. Una parte de mí sabe perfectamente que me está mintiendo, mientras otra sigue aferrada a la posibilidad de que algún día aparezca y me demuestre que todo lo que me dijo era verdad. Sé que parece absurdo, pero después de haber perdido tanto, aceptar que también perdí ese amor imaginario me resulta demasiado doloroso.

La ansiedad me ha llevado a enfermarme. He pasado noches enteras llorando, pensando en cómo voy a salir de mis deudas, en qué voy a hacer cuando necesite algo y en cómo pude permitir que una persona desconocida tuviera tanto poder sobre mi vida. A veces me miro al espejo y no me reconozco. Siempre fui una mujer trabajadora, independiente y cuidadosa con mi dinero, y ahora siento que me convertí en alguien que nunca pensé que llegaría a ser.

No escribo esto para que me digan que soy una […], porque créanme que yo misma me lo he repetido demasiadas veces. Tampoco pretendo justificar lo que hice. Sé que cometí un error enorme y que mis decisiones tuvieron consecuencias para mí y para mi familia. Solamente quisiera que otras mujeres, especialmente aquellas que estamos en una edad en la que a veces la soledad pesa demasiado, tengan mucho cuidado con las personas que conocen por internet y que tan rápidamente comienzan a hablar de amor, matrimonio y un futuro juntos.

Hoy tengo más de sesenta años y siento que estoy empezando de cero, pero todavía tengo que encontrar la manera de levantarme. Lo que más me duele no es solamente haber perdido mi casa y mis ahorros, sino haber permitido que alguien jugara con mis sentimientos cuando lo único que yo quería era volver a sentirme acompañada.
Quisiera tener la fuerza para bloquearlo definitivamente, dejar de esperar sus mensajes y aceptar que ese hombre del que me enamoré probablemente nunca existió como me lo hizo creer. ¿Cómo se supera algo así? ¿Cómo se deja de querer a alguien cuando una parte de ti todavía espera que cumpla sus promesas?

Gracias a quienes se tomaron el tiempo de leerme. No sé si algún día podré recuperar lo que perdí económicamente, pero quisiera recuperar al menos la tranquilidad y la dignidad con las que vivía antes de conocerlo.

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Adjuntos

Archivo oculto para usuarios no registrados
Que esto es un problema nacional entre las españolas.

Puri perdió 36 000 palos


El falso Brad Pitt arrasando.

https://okdiario.com/sucesos/juicio...ngañar-314-000-dos-mujeres-espanolas-18985845

El falso general.

Hasta la princesa Leonor es utilizada para pedir dinero rico y sano.

Engañadores se hacen pasar por la princesa Leonor de España en TikTok para engañar a víctimas de todo el mundo​

Decenas de cuentas se hacen pasar por miembros de la realeza para aprovecharse de individuos vulnerables. En las últimas semanas, EL PAÍS ha rastreado a estos engañadores y entrevistado a las víctimas para comprender su modus operandi

 
(mensaje citado en revisión)
Más allá de mis dudas acerca de la veracidad del caso del hilo... sí, es como dices, pero que sean hachas; tienen pocos escrúpulos y se han leído toda la obra de Corin Tellado para dominar el mundo de las fantasías románticas de mujeres occidentales que nacieron para ser princesas y se niegan a asumir que no dan ni para cortesana de tercera regional.
 
Al menos siempre le quedará saber que estaba haciendo lo correcto desde el lado correcto de la historia; sus vecinos y conocedores de esta historia nunca podrán decir que no era una persona solidaria con quien más lo necesitaba en ese momento. Ahora puede cosechar y disfrutar de las mieles del éxito del que dirán y de todo eso que les importa tanto.
 
La viuda está en la miseria por sus decisiones libres y otra persona ahora disfruta de lo que era de ella.

Y por cierto, eso de "vulnerables" lo hacen por egoísmo, porque piensan que se merecen estar con alguien guapo, rico o famoso, o las tres cosas.
 
Última edición:
He llorado tanto que las lágrimas no me permiten ver el cielo azul.

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La Historia:

Les pido que me permitan contar mi historia desde el anonimato porque, sinceramente, me da muchísima vergüenza que alguien que me conozca pueda leer esto y reconocerme. Tengo más de 60 años y jamás imaginé que a estas alturas de mi vida terminaría contando algo así. No busco que me justifiquen ni que me tengan lástima, simplemente necesito sacar todo lo que llevo guardado porque hay noches en las que no puedo dormir de tanto arrepentimiento.

Soy viuda. Estudio casa durante muchos años con un hombre que fue mi compañero de vida, con quien formé una familia y compartí prácticamente toda mi juventud y mi vida adulta. Cuando él falleció, sentí que el mundo se me vino encima. Mis descendientes ya tenían sus propias familias, tengo dos nietos y uno de ellos vive conmigo desde pequeño. A pesar de tenerlos cerca, la realidad es que la soledad que me dejó la gloria de mi esposo fue algo que nunca aprendi a manejar. La casa se sentía demasiado grande, las noches interminables y había momentos en los que hubiera dado cual cosa por tener a alguien con quien conversar, alguien que me preguntara córo había amado o simple me hiciera sentir que todavía era importante para alguien.


Durante más de cuarenta años trabajé, fui una mujer responsable, ahorradora y acostumbrada a conseguir mis cosas con esfuerzo. Logré pensionarme y recibía mi dinero cada mes. Además, mi esposo me había dejado una pequeña pensión que, aunque no era demasiado, me permitía vivir tranquilamente. Tenía mi casa, mis muebles, mis recuerdos y la tranquilidad de saber que no dependía económicamente de nadie. Mis descendientes sabían que podían contar conmigo, pero yo también tenía mi propia vida.
Todo comenzó cuando empecé a pasar más tiempo en Facebook.

Al principio solamente veía publicaciones, fotografías y conversaba ocasionalmente con algunas personas. Hasta que un día recibí una solicitud de amistad de un hombre de aproximadamente 60 años. Su perfil parecía normal, tenía fotografías y algunas publicaciones que me hicieron pensar que era una persona seria. Comenzamos a platicar y poco a poco nuestras conversaciones se hicieron más frecuentes. Me contó que era médico, que trabajaba para una organización internacional y que en ese momento se encontraba en una misión en una zona de guerra. También me dijo que era viudo, que había perdido a su esposa y que tenía un descendiente estudiando en un internado.

No sé en qué momento empecé a esperar sus mensajes con tanta ilusión. Me saludaba por las mañanas, me preguntaba si ya había comido, me decía que era una mujer maravillosa y que después de tantas pérdidas que había sufrido merecía volver a ser feliz. Me hablaba de un futuro juntos, de viajar, de vivir tranquilamente y de formar un hogar cuando terminara su supuesta misión. Incluso me decía que tenía una buena posición económica y que no tendría que preocuparme por nada.

Yo llevaba mucho tiempo sintiéndome sola y aquellas palabras comenzaron a llenar un vacío que ni siquiera sabía cómo explicar. Me hizo sentir querida, deseada y acompañada. Ahora que lo pienso, creo que confundí la necesidad de sentirme amada con estar verdaderamente enamorada de una persona a la que ni siquiera conocía en la vida real.

Después de varios meses de conversaciones, comenzó a contarme que estaba desesperado por abandonar aquella misión porque necesitaba tramitar su jubilación y resolver algunos asuntos para poder viajar a mi país. Me explicó que tenía dificultades para disponer de su dinero y que necesitaba una cantidad importante para cubrir unos supuestos trámites. Al principio me negué, porque sabía que no era correcto enviar dinero a alguien que nunca había visto personalmente, pero él insistía en que yo era la única persona en quien confiaba y que todo lo que estaba haciendo era por nuestro futuro.

Me enviaba mensajes diciéndome que pronto estaríamos juntos, que quería conocer a mis descendientes, que deseaba pasar el resto de sus días conmigo y que jamás permitiría que me faltara nada.

Yo terminé creyéndole.

Y aquí viene la parte que más vergüenza me da contar. Tomé una decisión que cambió mi vida por completo: vendí mi casa. Sí, la casa que había conseguido después de tantos años de trabajo, la misma donde viví con mi esposo y donde guardaba tantos recuerdos. Vendí mi patrimonio y le envié prácticamente todo el dinero que recibí porque estaba convencida de que estaba ayudando al hombre con quien iba a comenzar una nueva etapa de mi vida.

Ha pasado aproximadamente un año desde entonces y ese hombre sigue sin aparecer. Siempre hay una explicación, siempre surge un nuevo inconveniente y siempre necesita un poco más de dinero. Primero eran los trámites, después unos documentos, luego supuestos problemas con su salida y ahora resulta que solamente le faltan cien mil pesos para poder viajar y estar conmigo.

Actualmente vivo de una manera muy diferente. Ya no tengo mi casa, tengo deudas que no sé cómo voy a terminar de pagar y hasta utilicé dinero de mis tarjetas de crédito para seguir enviándole. Mi pensión apenas me alcanza para cubrir mis gastos y ayudar con algunas cosas de la casa. Lo más triste es que yo misma me puse en esta situación por confiar en alguien que probablemente nunca tuvo la intención de conocerme.

Mis descendientes saben parte de lo que ocurrió y les he pedido perdón muchísimas veces. No saben cuánto me duele recordar sus caras cuando se enteraron de que había vendido mi casa. Sé que los decepcioné y que probablemente perdieron parte de la confianza que tenían en mí. También le he pedido perdón a Dios, porque siento que fui demasiado ingenua y que me dejé llevar por una ilusión que terminó destruyendo la tranquilidad que tanto me había costado conseguir.
Lo peor es que, a pesar de todo, sigo hablando con ese hombre. Hay días en que me lleno de valor y le digo que ya entendí que es un engañador, que deje de mentirme y que no vuelva a buscarme. Pero después comienza a decirme que me ama, que tenga paciencia, que no tire por la borda todo lo que hemos construido y que él también está sufriendo por no poder llegar a mi lado. Incluso se molesta cuando le digo que ya no tengo dinero y me hace sentir como si yo fuera la que está abandonando nuestra supuesta relación.


Mis amistades me han dicho hasta el cansancio que lo bloquee, que deje de contestarle y que acepte que fui víctima de un engaño. Pero no puedo explicarles lo que siento. Una parte de mí sabe perfectamente que me está mintiendo, mientras otra sigue aferrada a la posibilidad de que algún día aparezca y me demuestre que todo lo que me dijo era verdad. Sé que parece absurdo, pero después de haber perdido tanto, aceptar que también perdí ese amor imaginario me resulta demasiado doloroso.

La ansiedad me ha llevado a enfermarme. He pasado noches enteras llorando, pensando en cómo voy a salir de mis deudas, en qué voy a hacer cuando necesite algo y en cómo pude permitir que una persona desconocida tuviera tanto poder sobre mi vida. A veces me miro al espejo y no me reconozco. Siempre fui una mujer trabajadora, independiente y cuidadosa con mi dinero, y ahora siento que me convertí en alguien que nunca pensé que llegaría a ser.

No escribo esto para que me digan que soy una […], porque créanme que yo misma me lo he repetido demasiadas veces. Tampoco pretendo justificar lo que hice. Sé que cometí un error enorme y que mis decisiones tuvieron consecuencias para mí y para mi familia. Solamente quisiera que otras mujeres, especialmente aquellas que estamos en una edad en la que a veces la soledad pesa demasiado, tengan mucho cuidado con las personas que conocen por internet y que tan rápidamente comienzan a hablar de amor, matrimonio y un futuro juntos.

Hoy tengo más de sesenta años y siento que estoy empezando de cero, pero todavía tengo que encontrar la manera de levantarme. Lo que más me duele no es solamente haber perdido mi casa y mis ahorros, sino haber permitido que alguien jugara con mis sentimientos cuando lo único que yo quería era volver a sentirme acompañada.
Quisiera tener la fuerza para bloquearlo definitivamente, dejar de esperar sus mensajes y aceptar que ese hombre del que me enamoré probablemente nunca existió como me lo hizo creer. ¿Cómo se supera algo así? ¿Cómo se deja de querer a alguien cuando una parte de ti todavía espera que cumpla sus promesas?

Gracias a quienes se tomaron el tiempo de leerme. No sé si algún día podré recuperar lo que perdí económicamente, pero quisiera recuperar al menos la tranquilidad y la dignidad con las que vivía antes de conocerlo.

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Vale. Ya lo digo yo.

Una persona y su dinero no pasan demasiado tiempo juntos
 
Ahora contaré mi experiencia.

Un día me entra a mi perfil un usuario con una foto de un hombre vestido de general.

Resulta que me cuenta que era un "miembro" de la SAS, muy honorable y que servía a la reina. Luchaba contra el ISIS.

Todas las noches la misma historia.

Y yo dándole carrete a la caña de pescar.

Un día le respondo que soy un Hombre, y me dice que está listo para un romance lgtb. roto2

Y llegó el día.

Me cuenta que encontraron un cargamento ilegal él y sus camaradas de mucho dinero del ISIS, y que necesitaban mi cuenta del banco para trasladarlo.

Luego él viajaría para casarse conmigo y llevarme a vivir a London.

Todos son viudos, y tienen hermosos niños que necesitan una familia.

Era una persona maravillosa.

Me facilitó hasta un teléfono en UK para estar en contacto.

Así que lo puse en el buscador, yyyy Voila, se hizo la magia.

Era un contestador que utilizan las mafias nigerianas, y la cosa no termina allí, sino que es internacional.

Se colaban en los perfiles de mujeres solteras y allí empezaba el lavado de cerebro y condicionamiento. Como siempre, utilizan las mismas fotos robadas; era fácil seguir el hilo en los perfiles donde se habían infiltrado.

Mujeres de todos los países, y sueltan la misma historia de que son viudos y que buscan una relación seria con mujeres maduras. Aunque los hombres tampoco están a salvo.

Se hacen pasar por médicos, gerentes, militares, capitanes de barcos, etc.

Todo lo que me escribía lo publicaba en facebook al momento.

Me entraban personas a discutir conmigo y a decirme que les estaba quitando el novio y arruinando su relación.

Es imposible convencer al timado de que le van a robar hasta el gorro de dormir.

Existe una especie de predisposición a ser masacrado sin oponer resistencia.

Y esto lo he constatado en todos los ámbitos sociales, pareciera que las personas se sienten mejor sin el cerebro.

Es como si analizaras una bosta para encontrar la receta de la hamburguesa que se comió el defecado. En todas partes es lo mismo.meparto:

En fin.

Está quedando una buena tarde.

Hay más incautos que botellines.

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