Atacar a Trump no es análisis, es afición. Igual que defenderle. El problema del hilo no es el objeto, es el método: nadie mira un dato, todos miran de qué parroquia viene el que habla.
Cuatro cosas que un crítico serio de Trump diría y aquí no dice nadie:
El gasto. Deuda y déficit por las nubes con barra libre. Eso es lo que te afecta al bolsillo, no un tuit.
La guerra. Prometió no meterse y el dedo acabó en todos los fregados. El votante de a pie paga la gasolina, no la geopolítica.
El circo. Un tipo que gobierna por titular y por bronca permanente desgasta instituciones que luego no vuelven. Eso lo pagamos todos.
El movimiento sin relevo. Un candidato no es un proyecto. Cuando el proyecto eres tú, el día que te vas, no queda ni el organización incivil.
Pero aquí no verás nada de eso. Verás "MAGA ha perecid" por un resultado estatal y a los mismos de siempre celebrando el titular que llevan repitiendo desde 2016. Eso no es crítica, es rezar en voz alta.
El que te discute con eslóganes no busca entender a Trump. Busca una camiseta que ponerse. Y tú, que vienes de buscarte el centro y encontrarte un solar, ya sabes cómo acaba eso: con el mismo grupo, otro tonalidad.