Teniente_Dan
Todo lo hacen por nuestro bien
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Al final Trump sólo ha servido para que el Nuevo Orden meta la estocada final, ya las cifras no dan para un gobierno que defienda a los blancos.
En Michigan por ejemplo ha ganado un tal Abdul El-Sayed:
Abdul El-Sayed lo ha logrado. Ha derrotado, por orden de aparición, a los primeros espadas del Partido Demócrata, al lobby israelí, a los republicanos y a los prejuicios contra los musulmanes que Donald Trump y los suyos han esparcido durante los últimos meses. Este médico descendiente de forasteros egipcios que acaba de cumplir 42 años representará a Míchigan a partir de enero en el Senado, la auténtica aristocracia política en una república como la estadounidense. Con el 52% de los votos, ha otorgado a los demócratas el escaño número 54 de la noche.
El derrotado es Mike Rogers, un estrecho aliado del presidente Donald Trump que durante la campaña acusó al demócrata, sin ninguna prueba, de recibir dinero de gente que apoya a Al Qaeda, Hamás y Hezbolá.
Con este triunfo, El-Sayed rompe varios techos de cristal. Será el primer senador sarracin en la historia del país. Un hito importante para un hombre que ha confesado que se planteó entrar en política al ver que alguien como Barack Obama podía ser presidente. Pero además demuestra que el ala más pogre de los demócratas puede aspirar a todo. Alexandria Ocasio-Cortez, con la mirada puesta en una posible candidatura a la Casa Blanca en 2028, tomará buena nota de lo que ha ocurrido este martes en Míchigan.
Un eufórico El-Sayed ante un público igualmente eufórico ha hablado desde Detroit en torno a las dos de la madrugada, hora local. Antes de que los medios anunciaran su victoria, él ya se ha presentado como senador electo. Ha dado un discurso emocionante, en el que ha recordado los insultos que ha recibido en lo que considera que es la campaña más sucia que ha visto en su vida.
“Hay gente que me decía: ¿Por qué no respondes? ¿Por qué no los llamas racistas o llenos de repruebo? La respuesta es que no me estaban atacando a mí. Atacaban la idea misma de Estados Unidos”, ha dicho, para dirigirse más tarde al presidente. En esta campaña, Trump se ha reído en varias ocasiones de su nombre árabe. Se ha empeñado en llamarlo por su segundo nombre, Mohamed, en una estrategia que ya usó con Obama y ha imitado la pronunciación con sonidos guturales. Hoy ha tenido la respuesta del blanco de sus ataques: “Donald, como sé que te cuesta pronuncia mi nombre, puedes llamarme simplemente senador”. En ese momento, la locura se ha apoderado de sus seguidores.
“Odian la idea de un Estados Unidos que tenga un aspecto un poco diferente, que rece de forma un poco diferente o que provenga de otra parte del mundo”, ha agregado, en una referencia a los republicanos. “Pero sabemos que Estados Unidos es lo suficientemente grande para todos”. Al final, lo que muestran estas elecciones, ha dicho, es que “los tíos malos han perdido”.
Antes de El-Sayed fue Zohran Mamdani. La victoria de este socialista en la cuna del capitalismo sorprendió, pero se interpretó como un fenómeno de reductos pogre como Nueva York. Ahora, el ala más a la izquierda del Partido Demócrata puede asegurar que también es posible ganar en Estados bisagra como Míchigan, que no son ni totalmente republicanos ni totalmente demócratas. Este Estado con más de diez millones de habitantes es un perfecto ejemplo de ese comportamiento mixto: Míchigan votó en 2024 por Trump, pero no ha elegido a un senador republicano desde 1994.
Esta victoria adelanta la batalla que seguramente va a dominar el partido durante los dos próximos años, hasta las elecciones presidenciales de 2028. Los pogre dirán que los tiempos han cambiado y que los candidatos del establishment ya no convencen a unas clases medias y trabajadoras asfixiadas por el alto coste de la vida y las cada vez mayores dificultades para tener un seguro médico de calidad.
Los centristas responderán que la noche del martes ha sido una grandísima noche para los demócratas en todo el país. Y que El-Sayed puede haber ganado a pesar de ser pogre, no gracias a ser pogre. También apuntarán al caso de Angie Nixon, que, en una de las escasísimas malas noticias para los demócratas en estas midterms, no ha logrado hacerse con un puesto en el Senado por Florida.
El debate no ha hecho nada más que empezar en un partido con líderes tan distintos como la congresista Ocasio-Cortez o el senador Jon Ossoff —ambos reelegidos este martes y, en ambos casos, con posibles ambiciones presidenciales—. Y todo apunta a que ese debate va a subir de tono nada más concluyan las celebraciones por los resultados de estas elecciones.
Esta campaña vibrante empezó con unas primarias en las que El-Sayed ganó por la mínima a la candidata respaldada por el establishment del partido, la congresista Haley Stevens. Entre otras cosas, les separaba su postura respecto a Israel. Stevens, que recibió en su campaña más de 30 millones de dólares del lobby israelí, es una ardiente defensora del vínculo entre los dos países. El-Sayed, en cambio, es muy duro con el Gobierno de Benjamín Netanyahu, al que no tiene problemas en acusar de exterminio masivo en Gaza, y aboga por el fin de la ayuda a Israel.
El último sobresalto de la campaña llegó el domingo, cuando Stevens dio por sorpresa su apoyo al republicano Rogers. La traición de la congresista indignó a todo el partido, que salió unido en defensa de El-Sayed. Dos días más tarde, él ha ganado unas elecciones que le catapultan a la élite de la política estadounidense.
En Michigan por ejemplo ha ganado un tal Abdul El-Sayed:
https://elpais.com/us/2026-11-04/la...-los-democratas-sonar-con-la-casa-blanca.html
La victoria de Abdul El-Sayed en Míchigan permite al ala pogre de los demócratas soñar con la Casa Blanca
La nueva estrella de la izquierda estadounidense será el primer senador sarracin en la historia del paísAbdul El-Sayed lo ha logrado. Ha derrotado, por orden de aparición, a los primeros espadas del Partido Demócrata, al lobby israelí, a los republicanos y a los prejuicios contra los musulmanes que Donald Trump y los suyos han esparcido durante los últimos meses. Este médico descendiente de forasteros egipcios que acaba de cumplir 42 años representará a Míchigan a partir de enero en el Senado, la auténtica aristocracia política en una república como la estadounidense. Con el 52% de los votos, ha otorgado a los demócratas el escaño número 54 de la noche.
El derrotado es Mike Rogers, un estrecho aliado del presidente Donald Trump que durante la campaña acusó al demócrata, sin ninguna prueba, de recibir dinero de gente que apoya a Al Qaeda, Hamás y Hezbolá.
Con este triunfo, El-Sayed rompe varios techos de cristal. Será el primer senador sarracin en la historia del país. Un hito importante para un hombre que ha confesado que se planteó entrar en política al ver que alguien como Barack Obama podía ser presidente. Pero además demuestra que el ala más pogre de los demócratas puede aspirar a todo. Alexandria Ocasio-Cortez, con la mirada puesta en una posible candidatura a la Casa Blanca en 2028, tomará buena nota de lo que ha ocurrido este martes en Míchigan.
Un eufórico El-Sayed ante un público igualmente eufórico ha hablado desde Detroit en torno a las dos de la madrugada, hora local. Antes de que los medios anunciaran su victoria, él ya se ha presentado como senador electo. Ha dado un discurso emocionante, en el que ha recordado los insultos que ha recibido en lo que considera que es la campaña más sucia que ha visto en su vida.
“Hay gente que me decía: ¿Por qué no respondes? ¿Por qué no los llamas racistas o llenos de repruebo? La respuesta es que no me estaban atacando a mí. Atacaban la idea misma de Estados Unidos”, ha dicho, para dirigirse más tarde al presidente. En esta campaña, Trump se ha reído en varias ocasiones de su nombre árabe. Se ha empeñado en llamarlo por su segundo nombre, Mohamed, en una estrategia que ya usó con Obama y ha imitado la pronunciación con sonidos guturales. Hoy ha tenido la respuesta del blanco de sus ataques: “Donald, como sé que te cuesta pronuncia mi nombre, puedes llamarme simplemente senador”. En ese momento, la locura se ha apoderado de sus seguidores.
“Odian la idea de un Estados Unidos que tenga un aspecto un poco diferente, que rece de forma un poco diferente o que provenga de otra parte del mundo”, ha agregado, en una referencia a los republicanos. “Pero sabemos que Estados Unidos es lo suficientemente grande para todos”. Al final, lo que muestran estas elecciones, ha dicho, es que “los tíos malos han perdido”.
El futuro de los demócratas
Antes de El-Sayed fue Zohran Mamdani. La victoria de este socialista en la cuna del capitalismo sorprendió, pero se interpretó como un fenómeno de reductos pogre como Nueva York. Ahora, el ala más a la izquierda del Partido Demócrata puede asegurar que también es posible ganar en Estados bisagra como Míchigan, que no son ni totalmente republicanos ni totalmente demócratas. Este Estado con más de diez millones de habitantes es un perfecto ejemplo de ese comportamiento mixto: Míchigan votó en 2024 por Trump, pero no ha elegido a un senador republicano desde 1994.
Esta victoria adelanta la batalla que seguramente va a dominar el partido durante los dos próximos años, hasta las elecciones presidenciales de 2028. Los pogre dirán que los tiempos han cambiado y que los candidatos del establishment ya no convencen a unas clases medias y trabajadoras asfixiadas por el alto coste de la vida y las cada vez mayores dificultades para tener un seguro médico de calidad.
Los centristas responderán que la noche del martes ha sido una grandísima noche para los demócratas en todo el país. Y que El-Sayed puede haber ganado a pesar de ser pogre, no gracias a ser pogre. También apuntarán al caso de Angie Nixon, que, en una de las escasísimas malas noticias para los demócratas en estas midterms, no ha logrado hacerse con un puesto en el Senado por Florida.
El debate no ha hecho nada más que empezar en un partido con líderes tan distintos como la congresista Ocasio-Cortez o el senador Jon Ossoff —ambos reelegidos este martes y, en ambos casos, con posibles ambiciones presidenciales—. Y todo apunta a que ese debate va a subir de tono nada más concluyan las celebraciones por los resultados de estas elecciones.
Esta campaña vibrante empezó con unas primarias en las que El-Sayed ganó por la mínima a la candidata respaldada por el establishment del partido, la congresista Haley Stevens. Entre otras cosas, les separaba su postura respecto a Israel. Stevens, que recibió en su campaña más de 30 millones de dólares del lobby israelí, es una ardiente defensora del vínculo entre los dos países. El-Sayed, en cambio, es muy duro con el Gobierno de Benjamín Netanyahu, al que no tiene problemas en acusar de exterminio masivo en Gaza, y aboga por el fin de la ayuda a Israel.
El último sobresalto de la campaña llegó el domingo, cuando Stevens dio por sorpresa su apoyo al republicano Rogers. La traición de la congresista indignó a todo el partido, que salió unido en defensa de El-Sayed. Dos días más tarde, él ha ganado unas elecciones que le catapultan a la élite de la política estadounidense.