Jesús de Miguel, en la UCI tras una parada cardiorrespiratoria
El
fútbol produce escenas que no debería producir. Un jugador del CD Tenerife, Jesús de Miguel, salió en ambulancia del partido contra el Andorra y desde entonces está ingresado en la UCI. Lo confirmó su club con un parte de dos líneas:
«estable, dentro de la gravedad». La otra cifra que corre pegada al vídeo es bastante peor:
20 minutos en parada cardiorrespiratoria.
Ese dato aparece junto a las imágenes en cuentas de alertas y se repitió antes de que existiera confirmación médica alguna. Lo que sí consta es el relato del lance: una
dura entrada del portero Owono que obligó a evacuar al jugador. A partir de ahí, el partido dejó de importar.
¿Qué se sabe del estado de Jesús de Miguel?
Lo único oficial es el comunicado del CD Tenerife: jugador ingresado en la UCI, estable dentro de la gravedad. La fórmula no es un alta ni un pronóstico cerrado, y conviene no leerla como ninguna de las dos cosas. Tampoco desmiente los 20 minutos: encaja con un paciente que ha requerido reanimación prolongada y que, de momento, no empeora.
En medio de ese vacío informativo apareció de todo. Hubo mensajes de condolencia antes de que el club publicara su parte, y hubo quien puso en duda la cifra con lógica de urgencia. La objeción se responde sola: dos decenas de minutos de parada solo tienen sentido si alguien está haciendo compresiones todo ese tiempo.
De la entrada al juzgado: qué hace falta para hablar de delito
Una parte del respetable pidió cárcel para el portero, expulsión de por vida y hasta un intento de homicidio. Suena contundente y no se sostiene con lo que hay. Entre una entrada durísima y un delito media la intención, y en la información disponible no consta ni denuncia, ni imputación, ni informe pericial: solo un parte médico y un vídeo que circula sin contexto.
No es lo mismo
juzgar la dureza de una acción que atribuirle un propósito. La primera discusión pertenece al reglamento; la segunda, a los tribunales, y aquí nadie los ha activado. Mientras siga siendo así, todo lo demás es humo con muchas mayúsculas.
Schumacher, Battiston y la vara de medir
La comparación clásica no tardó en aparecer: el choque entre Harald Schumacher y Patrick Battiston, el portero que siguió jugando mientras el rival salía del campo camino del hospital. Cuatro décadas después, aquel lance sigue funcionando como ejemplo de manual de cómo una acción deportiva se convierte en un problema que trasciende el marcador.
La analogía tiene su utilidad y su trampa. Sirve para recordar que el fútbol normalizó durante años golpes que hoy resultan insoportables; falla cuando se usa para dictar condenas sin expediente. También hubo quien lo comentó con retranca:
portero ideal para según qué banquillo.
La deriva que no sostiene ningún dato
Una parte de la conversación derivó hacia generalizaciones sobre el origen de los jugadores, con un vocabulario que no se reproduce aquí. Ese marco no tiene respaldo: el repertorio de entradas duras no se reparte por pasaporte ni por acento, y el propio fútbol acumula episodios de violencia entre jugadores de cualquier bandera.
Lo llamativo es que la propia discusión lo desmontó sin proponérselo: los nombres citados como prueba de brutalidad están repartidos por media
Europa y media Sudamérica. Cuando el argumento se refuta solo, no hace falta rebatirlo.
Lo probable es que el asunto acabe donde se dirimen estas cosas, en el ámbito disciplinario, con sanción deportiva y ningún recorrido penal. Con la reserva de siempre: hasta que llegue un parte definitivo, la cifra de los 20 minutos seguirá haciendo el trabajo que el comunicado del club no hace.