Una mujer que posee 10 viviendas defiende que su patrimonio procede del trabajo y la herencia, y arremete contra los manifestantes por la vivienda que acampan en Sol, a los que acusa de no querer trabajar.
María, propietaria de una decena de inmuebles, se ha convertido en el rostro involuntario de un debate que lleva años candente en España: quién puede permitirse comprar una casa y quién se queda fuera del mercado. En una entrevista publicada por ABC, la mujer defendió su situación con una frase que resume su biografía: «Lo único que he hecho en la vida ha sido trabajar».
Una vida de trabajo y renuncias
María explicó que su patrimonio no nace de una operación afortunada, sino de décadas de esfuerzo y de haber heredado parte de los inmuebles. «No he salido, no he ido a restaurantes, no he ido a Madrid nada más que una vez, no conozco nada», detalló. Su relato insiste en la idea de que acumular propiedades exige privarse de otras cosas.
La propietaria también quiso desmontar la imagen de rentista ociosa. Contó que tiene una nieta con autismo y que acude a cuidarla todos los días porque sus hijos están trabajando. Es decir, que su día a día no consiste en cobrar alquileres y mirar el horizonte.
El choque con los acampados de Sol
El tono cambió cuando se refirió a las personas que acampan en la Puerta del Sol exigiendo mejores medidas en materia de vivienda. María las describió como gente que «no trabaja ni nada» y que no figura como demandante de empleo. Añadió que por la mañana llevan a sus hijos al colegio, los recogen y se van a desayunar «sin privarse de nada».
La mujer empleó además un término despectivo para referirse a ese colectivo, al que acusó de vivir sin trabajar mientras otros cargan con el coste de la vivienda. Sus palabras han generado una polémica que trasciende el caso concreto.
Diez viviendas y una pregunta incómoda
El fondo del asunto no es tanto lo que María hizo con su vida como lo que su caso revela: en España, tener 10 viviendas sitúa a su propietaria en una posición que la mayoría no alcanzará nunca. El precio de la vivienda y el acceso al alquiler siguen siendo dos de los problemas económicos más citados por los hogares.
La discusión sobre si el esfuerzo personal basta para explicar la acumulación de inmuebles o si la herencia y el momento de compra pesan más es antigua. Lo que María ha puesto sobre la mesa, quizá sin pretenderlo, es la distancia entre dos relatos que no se escuchan.