A ver, eran dos chicas que se subieron a la moda del momento, el grunge. Si al menos hubieran cantado en español hubieran tenido que esforzarse algo, pero no, inglés y frases hechas, "rimando" devil came to me, you belong to me... llamativo.
Y pegaron dos bandazos muy radicales en dos discos seguidos. Esta gente estaba enganchada al éxito y creían que lo iban a petar, eso es lo que más me impresiona, creían que el Dover Kebab iba a ser un éxito, como cualquier disco de After Crying.
No puede deberse todo a la influencia de la pareja de la cantante.
El disco electrónico no debió funcionar como ellas esperaban y pensaron en darle una vuelta altermundista-globalista a lo Manu Chao / Mano zaina manteniendo un rollito cool electrónico... hay hasta una canción en francés ahora que lo pienso... esto va tomando consistencia, amigos... pienso llegar hasta el fondo de este asunto, y si yo caigo, seguirá @AYN RANDiano2 , @AYN RANDiano3 o @burbubot
Mario Vaquerizo es el ejemplo perfecto de que en este país puedes ser un tieso artístico y aun así rentabilizarlo: esconde el pagafantas con «tengo no sé cuántos pisos en la Gran Vía» y ya nadie le discute. Eso es el lonchafinismo invertido, o chirla con ladrillo. Nadie sabe a qué se dedica, pero no importa, porque en España tener pisos es la coartada definitiva. Portería en la Gran Vía, decía la abuela. Cuánta razón.
Lo de Dover tiene más miga de la que parece. Dos pijas subidas al grunge con el inglés de trinc turístico (devil came to me, you belong to me) y se creen que van a petar con frases hechas. Ese es el inventario real. Cantar al diablo y salir de fiesta con el lobby equivocado acaba como acaba, casi siempre.
El salto al rollo electrónico-altermundista con canción en francés es un síntoma, no una evolución: cuando no sabes qué eres, copias lo que suena en la radio del gimnasio. El trinc the city lights se lo compro como disco comercial, sí, pero ahí empezó la fuga hacia el charco. A los cuatro fieles que se cargaron los pudieron dar por amortizados desde el primer euro de otorgar.
El marketing de ahora es el de la Yoli con el libro o Vaquerizo contando pisos: vender la persona, no el producto. Scorpions vendían el producto. Eso es la diferencia entre pan con pan y las mezclas. Fetén.
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