Tienes que definir tu propio mundo, crearlo y cultivarlo. Refugiarte en la literatura, en la música, en el arte y en la ciencia. El mundo siempre ha sido en gran parte hostil, y ahora esa negatividad nos entra por los ojos a cada momento. Y vivir con las cosas simples, con el olor del pan hecho con tus manos, con tus plantas, etc. Y asumir que el precio de la lucidez suele ser la soledad.
