Los privilegios de Puigdemont a su vuelta: 70.385 euros, chófer, escolta y tres asesores

Los privilegios de Puigdemont a su vuelta: 70.385 euros, chófer, escolta y tres asesores
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La Ley 6/2003 del Estatuto de los expresidentes de la Generalitat garantiza a Carles Puigdemont, cuando se jubile, una asignación vitalicia del 60% del sueldo del president en ejercicio, que él percibiría como 70.385,20 euros mensuales. A eso se suman coche oficial con conductor, escolta, oficina y tres asesores nombrados a dedo y pagados con presupuestos públicos.

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La Ley 6/2003 del Estatuto de los expresidentes de la Generalitat garantiza a Carles Puigdemont, cuando se jubile, una asignación vitalicia del 60% del sueldo del president en ejercicio, que él percibiría como 70.385,20 euros mensuales. A eso se suman coche oficial con conductor, escolta, oficina y tres asesores nombrados a dedo y pagados con presupuestos públicos.

Hay una ley de 2003 que casi nadie leyó en su día y que ahora vuelve a estar de actualidad. La Ley 6/2003, del Estatuto de los expresidentes de la Generalitat, regula lo que cobra y lo que recibe quien haya ocupado la presidencia del gobierno catalán. Carles Puigdemont la cumple: estuvo en el cargo algo menos de dos años, entre enero de 2016 y octubre de 2017. Y eso basta. El Estatuto no exige un mínimo de tiempo ni distingue entre quien se fue por la puerta y quien se fue por la ventana.

La norma le reconoce una serie de beneficios que se activan cuando regrese a España. Su vuelta está prevista después de las elecciones del 29 de noviembre, según comunicó su abogado, Gonzalo Boye, que espera a que el Tribunal Supremo extinga por completo el procedimiento que sigue abierto. El juez Pablo Llarena ya levantó la orden de detención después de que el Tribunal Constitucional avalase la amnistía aprobada con los votos de Junts para la investidura de Pedro Sánchez.

De 117.308 euros al año a 70.385 al mes

El primer dato que conviene fijar es el salario. Tras dejar la presidencia, el Estatuto reconoce al expresidente 117.308,67 euros anuales. Esa cifra equivale al 80% del sueldo que percibe el president en ejercicio, Salvador Illa, de modo que cada actualización retributiva del cargo arrastra también la de los expresidentes. Puigdemont renunció a esa cantidad en su momento porque le salía más a cuenta el sueldo de eurodiputado y ambos son incompatibles. Por ley, aquella renuncia le impediría recuperarla, aunque desde la Generalitat no aclaran si existe algún resquicio que se lo permita.

El salto llega con la jubilación. Le queda poco más de un año para los 65. A partir de ese momento, la asignación pasa al 60% de lo que cobre el president en ejercicio, pero con una ventaja notable: deja de contabilizarse el tiempo que estuvo al frente del Ejecutivo y el sueldo se convierte en vitalicio hasta su fallecimiento. La cifra resultante es de 70.385,20 euros mensuales. Para ponerla en contexto, la pensión máxima del sistema español está fijada en 47.034,40 euros brutos al año. Es decir, su asignación mensual supera esa pensión anual máxima.

Queda por ver si podría prejubilarse ahora con esas mismas condiciones, ya que la edad se lo permitiría. Tampoco está claro qué ocurrirá con su escaño en el Parlament, al que ya ha dicho que renunciará, ni con su papel al frente de Junts, un debate que se reabrirá cuando vuelva a residir en Cataluña.

Coche, escolta y un dúplex en Barcelona

Los beneficios no acaban en la nómina. El Estatuto contempla, también de por vida, la asignación de un coche oficial del parque móvil de la Generalitat, con renovación periódica y con conductor. A eso se añade una cápsula de escoltas que acompaña al expresidente en su día a día, tanto en actos institucionales como en desplazamientos personales.

La Generalitat proporciona además a todos los expresidentes una oficina, presupuesto para su funcionamiento y medios personales que cada uno puede nombrar a dedo, con sueldo a cargo de los presupuestos públicos. En el caso de Puigdemont, son tres personas. En los últimos días ha iniciado la mudanza de su oficina a un dúplex que la consejería de Presidencia le ha dispuesto en una de las zonas más ricas de Barcelona.

Hay un cuarto elemento, menos cuantificable pero con peso protocolario: Puigdemont conservará su condición de expresidente, con el tratamiento y la precedencia que correspondan en actos oficiales. Para una figura que sigue generando rechazo en buena parte de España por el papel que jugó en 2017, ese reconocimiento no es un detalle menor.

Un regreso sin balcón y con guion propio

La vuelta está diseñada con cuidado. En Junts preparan un recibimiento «a lo Josep Tarradellas», en referencia al regreso del expresidente catalán en 1977 y su famoso «Ja sóc aquí» desde el balcón del Palau de la Generalitat. La diferencia es que Puigdemont no podrá salir a ese balcón: el edificio está ahora en manos del PSC. El epicentro que manejan en su entorno es el Parc de la Ciutadella, y en concreto el Parlament, el último recinto institucional en el que se le vio antes de marcharse de Cataluña. Allí proclamó la breve República Catalana y allí, según su entorno, «se quedó con ganas de dar un discurso». Esa voluntad sigue viva después de no haber podido hacerlo el día de la investidura de Salvador Illa.

El calendario no es casual. Su abogado comunicó que la vuelta no se producirá hasta después de las elecciones del 29 de noviembre. En Junts admiten que Puigdemont sigue siendo su principal activo electoral, pero asumen que su retorno durante la campaña distorsionaría el debate y podría beneficiar a Sánchez. La solemnidad, por tanto, tendrá que esperar a que las urnas hablen.

Puigdemont cumple nueve años en Waterloo, la ciudad belga que eligió para autoexiliarse. Regresará sin haber respondido ante la justicia por el desafío institucional de 2017, a diferencia de otros dirigentes políticos en su misma situación. Y lo hará con una ley de hace más de dos décadas sosteniéndole la nómina, el coche y la oficina. No es una excepción: el Estatuto es el que es y se aplica a quien haya ocupado el cargo. La pregunta incómoda no es si le corresponde, sino si tiene sentido que la norma esté escrita así. Eso ya es otra discusión, y no se resuelve con una cifra.

Datos clave
  • La Ley 6/2003 del Estatuto de los expresidentes de la Generalitat le reconoce 117.308,67 euros anuales tras dejar el cargo, el 80% del sueldo de Salvador Illa.
  • Al jubilarse, con 65 años, percibirá el 60% del sueldo del president en ejercicio de forma vitalicia: 70.385,20 euros mensuales.
  • La pensión máxima en España está fijada en 47.034,40 euros brutos al año, por debajo de su asignación mensual.
  • Dispondrá de coche oficial con conductor, escolta, una oficina en un dúplex de Barcelona y tres asesores a sueldo público.
  • Su vuelta está prevista después de las elecciones del 29 de noviembre, según comunicó su abogado, Gonzalo Boye.
Fuente: abc.es
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

jalp9000

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El inminente retorno de Carles Puigdemont, que se producirá de forma solemne y con toda pomposidad tras las elecciones del 29 de noviembre, ha generado mucho debate por el hecho de poder volver sin haber respondido ante la Justicia del golpe que dirigió durante el año 2017 y que supuso el mayor desafío institucional de la democracia española.

Puigdemont, que hace unos días cumplió nueve años en Waterloo (Bélgica), la ciudad que eligió para autoexiliarse, ya puede regresar después de que el juez que instruía su causa, Pablo Llarena, levantase la orden de detención una vez el Tribunal Constitucional avaló la amnistía que aprobó Pedro Sánchez a cambio de los votos de Junts para la investidura.


Pese a todo ello, es decir, que de regresar a España como hizo de forma fugaz en octubre de 2024 ya no sería detenido, la defensa del expresidente, ejercida por Gonzalo Boye, ha optado por esperar a que el Tribunal Supremo extinga por completo el procedimiento que sigue abierto en el Alto Tribunal.

Con el objetivo de seguir defendiendo el papel institucional de 'president', como, según su entorno ha hecho durante todo el autoexilio, su abogado comunicó hace unos días que su vuelta a España no se producirá hasta después de las elecciones del 29 de noviembre. Desde Junts, aunque admiten que Puigdemont sigue siendo su principal activo electoral, asumen que su retorno distorsionaría la campaña y podría beneficiar a Sánchez.

En el partido que todavía lidera el expresidente catalán, al margen del debate sobre seguir al frente de la formación, que se reabrirá una vez vuelva a residir en Cataluña, ya preparan un recibimiento por todo lo alto, «a lo Josep Tarradellas». La diferencia entre uno y otro es que Puigdemont no podrá salir al balcón del Palau de la Generalitat, ahora en manos del PSC, a pronunciar el ya famoso «Ja sóc aquí».

En Junts, que sí tienen el control del Parlament con un perfil muy próximo a Puigdemont como es Josep Rull al frente de la presidencia de la Cámara, miran hacia el Parc de la Ciutadella como epicentro de los actos de bienvenida. El Parlament es el último recinto institucional en el que se le vio antes de fugarse de Cataluña. Allí proclamó la breve República Catalana. Y ahí, explican en el entorno del expresidente, «se quedó con ganas de dar un discurso» tras marcharse. Voluntad que permanece a día de hoy, después de no haberlo podido hacer el día de la investidura de Salvador Illa. De momento es fruta, pero renunciará a su escaño.

Beneficios de expresidente​

Pero al margen de todo el simbolismo que acompañará durante unas semanas la vuelta de una de las figuras más reconocidas del independentismo catalán, todavía con cierto predicamento entre ciertos sectores —está por ver si lo suficiente para que decida intenta otra vez ser president o que desista en sus intentos—, su retorno viene acompañado de ciertos privilegios.

la Ley 6/2003, del Estatuto de los expresidentes de la Generalitat, recoge toda una serie de beneficios que ostentará todo aquel que haya ocupado, como es el caso de Puigdemont, la presidencia de la Generalitat. Aunque sea un breve espacio de tiempo de alrededor de dos años, como fue el caso del máximo responsable del golpe independentista.

Desde una oficina con tres personas nombradas a dedo y a sueldo de los presupuestos públicos, hasta medios de representación y protección, además de los derechos económicos que legalmente le correspondan, son parte de los privilegios que tendrá pese a no haber respondido ni pagado ante los tribunales por lo que hizo —a diferencia de otros dirigentes políticos en su misma situación—.

Está por ver el salario que percibirá, al que renunció inicialmente ya que le salía más a cuenta el de fruta y ambos son incompatibles. Se establece que tras dejar la presidencia tiene derecho a 117.308,67 euros, cantidad a la que dijo que no entonces y que se recibe proporcionalmente al tiempo que estuvo en el cargo. Estos 117.308,67 euros son el 80 por ciento del salario que tiene actualmente el president de la Generalitat, Salvador Illa, de tal forma que cada actualización que se haga también hace aumentar el sueldo de los expresidentes. Por ley la renuncia de entonces le impediría volver a recuperarlos, pero en la Generalitat no aclaran si hay algún resquicio que le permita recuperarlos.

A partir de que se jubile cobrará de forma vitalicia el 60% del sueldo del presidente de la Generalitat
A partir de que se jubile —queda poco más de un año para los 65—, esa asignación se reducirá al 60 por ciento de lo que cobre el presidente en ejercicio. Pero tiene una ventaja: aquí ya no se contabiliza el tiempo que estuvo al frente del Ejecutivo, su sueldo pasa a ser vitalicio hasta que fallezca. Está por ver, teniendo en cuenta que ya ha dicho que no ejercería de jefe de la oposición ni se quedaría en su escaño del Parlament, si podría prejubilarse también ahora con esas mismas condiciones, ya que la edad se lo permitiría.

A partir de ese momento, y sin menoscabo de esas actualizaciones que se puedan ir haciendo a lo largo de cada legislatura, Puigdemont percibirá un salario mensual de 70.385,20 euros. Se trata de una cifra muy superior a la pensión máxima establecida en España en 47.034,40 € brutos al año. Además, en su caso, hay que sumarle otros beneficios no contemplados en la nómina y que aumentan su poder adquisitivo.

Entre esos beneficios hay, también de por vida, la asignación de un coche oficial del parque móvil de la Generalitat que se renueva de forma periódica. Dicho vehículo cuenta con conductor. Además todos los expresidentes cuentan con una cápsula de escoltas que les acompañan en su día a día, bien sea para acudir a actos institucionales o para fines personales.

Reconocimiento oficial​

Además, la Generalitat proporciona a todos los que en algún momento de su vida estuvieron al frente del gobierno autonómico una oficina, presupuesto para su funcionamiento y medios personales que pueden ser nombrados a dedo por cada expresidente a sueldo a cargo de los presupuestos públicos. En los últimos días Puigdemont ha iniciado la mudanza de su oficina a un dúplex que la consejería de Presidencia le ha dispuesto en una de las zonas más ricas de Barcelona.

Al margen de todo eso, y no menos importante teniendo en cuenta el rechazo que sigue generando para muchos españoles el papel que jugó durante el procés, Carles Puigdemont conservará su condición de expresidente, con el tratamiento protocolario y la precedencia que correspondan en actos oficiales.
 

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