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La difusión de un cartel con el lema "te quiero Andalucía" ilustra cómo los partidos convierten eslóganes afectivos en activos de marca. Su valor económico es difícil de medir, pero el gasto en comunicación política se cuenta por millones.
La difusión de un cartel con el lema "te quiero Andalucía" ilustra cómo los partidos convierten eslóganes afectivos en activos de marca. Su valor económico es difícil de medir, pero el gasto en comunicación política se cuenta por millones.
La imagen de un cartel con el lema "te quiero Andalucía" ha circulado como ejemplo de comunicación política de bajo coste y alto impacto emocional. El mensaje no incluye cifras ni propuestas: apela al sentimiento territorial. En términos de marketing, es un activo de marca barato de producir y fácil de recordar.
Un lema de ese tipo no se registra como patente, pero sí funciona como marca. Los partidos gastan en cartelería, redes y actos públicos cantidades que rara vez se detallan por pieza. La producción de un cartel impreso ronda los 0,50 y 2 euros por unidad en tiradas grandes, según precios habituales del sector. El coste real está en la difusión.
El retorno de un eslogan afectivo no se calcula con precisión. Las encuestas miden recuerdo y valoración, no ventas. En campañas autonómicas andaluzas, el presupuesto de comunicación de los partidos se ha movido históricamente en horquillas de seis cifras, aunque las cifras exactas dependen de la convocatoria y no siempre se publican desglosadas.
"Te quiero Andalucía" juega con un sentimiento compartido, pero también con un riesgo: si el mensaje no va acompañado de gestión, el eslogan se vuelve contra quien lo usa. La literatura de marketing político lo llama efecto boomerang. No hay dato que lo cuantifique, pero la experiencia electoral lo repite.
Las cuentas de campaña y los precios de producción son estimaciones del sector; para cifras oficiales, conviene consultar la contabilidad de cada formación.
pic.twitter.com/NbFiskBb9x
— Antonio Iglesias Ver publicación en X
Cómo que no cambia. No deja de crecer.La política española es un circo: hoy defienden una bandera, mañana otra, según dónde estén los votos. Mucho eslogan, mucha pose y muy poca coherencia. Al final, lo único que nunca cambia es el afán de vivir del cuento.