silverdaemon
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Un país con producción alimentaria solo es superado por Chipre (una isla que importa la mayoría de lo que consume) en porcentaje de subida de alimentos.
"Pese a los esfuerzos de los supermercados" dice el artículo, ¿es una vacilada?
El único factor que se me ocurre es la ley de la oferta y la demanda, ya que el número de bocas que piden comida aumenta más rápido que la oferta de comida en el supermercado.
España se ha situado como el país de Europa donde más sube el precio de los alimentos con un incremento en agosto del 2,3%, solo por detrás de Chipre, que se anota un 3,8% de subida, según los últimos datos interanuales disponibles de Eurostat. Entre las principales economías de la Unión Europea, la subida del precio de la comida presenta, además, una evolución mucho más moderada que en España. Francia e Italia registraron en el octavo mes del año un incremento interanual del 1,1%, menos de la mitad que en el caso español, mientras que Alemania apenas anotó un avance del 0,2%.
Y eso, al margen de Bélgica, donde los precios permanecieron estables, Países Bajos, donde se redujeron un 1%; Dinamarca, con un descenso del 1%, o Suecia, donde la bajada de los precios de los alimentos fue la más acentuada de todo el continente, con un descenso del 6,2%.
La diferencia evidencia así que España mantiene una de las mayores presiones inflacionistas sobre la cesta de la compra de toda la Unión Europea y el problema, además, es que lejos de remitir, la subida se está agravando con el repunte hasta el 2,7% registrado en septiembre, según hizo público ayer, con datos definitivos, el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Aunque el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, reclamó a las empresas la semana pasada, en el VI Foro de Retail y Gran Consumo de elEconomista.es, que evitaran encarecer sus productos, lo cierto es que, si estas tensiones continúan, una parte creciente de los encarecimientos acabará repercutiendo en el precio final que pagan los consumidores. La patronal de los supermercados españoles, Asedas, denuncia, de hecho, que el sector acumula ya un sobrecoste de más de 130 millones de euros como consecuencia del encarecimiento de la energía y los combustibles tras el estallido del conflicto en Oriente Medio.
El incremento de los costes supone entre 20 y 25 millones de euros al mes y afecta especialmente a tres partidas: los servicios de ajuste eléctrico, que se han disparado un 53% en un año; el gasóleo, que se ha encarecido un 35,5%, y las materias primas utilizadas para fabricar envases de plástico, cuyos precios han aumentado un 25%. En Asedas recalcan, no obstante, que los precios de los alimentos subieron el mes pasado más de dos puntos por debajo del IPC general, que alcanzó el 4,9%. Según esta asociación, "la variedad del surtido, de enseñas y de tipos de tiendas que están a disposición del consumidor, hace que éste tenga herramientas para luchar contra el incremento de precios".
Aunque cada uno de los componentes que están contribuyendo al alza de costes en el sector agroalimentario tiene ritmos y mecanismos de transmisión diferentes -a lo que se une la estacionalidad de las campañas de productos agrícolas-, Asedas insiste en que "la cadena está funcionando eficientemente, como se refleja en la contención que desde el mes de marzo se observa en los precios de los alimentos en un escenario de inflación generalizada".
Y en la misma línea también, la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), ha alertado de que las medidas anunciadas por el Gobierno para hacer frente al impacto del shock energético provocado por la prolongación del conflicto en el Golfo "no son suficientes", reclamando ayudas directas para evitar que el incremento de los costes energéticos y logísticos termine comprometiendo la actividad de las empresas.
La patronal de la industria alimentaria española considera necesario que las empresas dispongan de alternativas de financiación, avales y liquidez en un momento en el que el incremento del riesgo está dificultando el acceso a soluciones ofrecidas en condiciones de mercado.
"Pese a los esfuerzos de los supermercados" dice el artículo, ¿es una vacilada?
El único factor que se me ocurre es la ley de la oferta y la demanda, ya que el número de bocas que piden comida aumenta más rápido que la oferta de comida en el supermercado.
- La subida en España duplica la de Francia e Italia y es diez veces superior a la de Alemania
- Los súper absorben costes pero avisan de que no podrán contener los precios si la presión continúa
- La industria alimentaria pide ayudas directas al Gobierno para frenar el impacto del coste energético
España se ha situado como el país de Europa donde más sube el precio de los alimentos con un incremento en agosto del 2,3%, solo por detrás de Chipre, que se anota un 3,8% de subida, según los últimos datos interanuales disponibles de Eurostat. Entre las principales economías de la Unión Europea, la subida del precio de la comida presenta, además, una evolución mucho más moderada que en España. Francia e Italia registraron en el octavo mes del año un incremento interanual del 1,1%, menos de la mitad que en el caso español, mientras que Alemania apenas anotó un avance del 0,2%.
Y eso, al margen de Bélgica, donde los precios permanecieron estables, Países Bajos, donde se redujeron un 1%; Dinamarca, con un descenso del 1%, o Suecia, donde la bajada de los precios de los alimentos fue la más acentuada de todo el continente, con un descenso del 6,2%.
La diferencia evidencia así que España mantiene una de las mayores presiones inflacionistas sobre la cesta de la compra de toda la Unión Europea y el problema, además, es que lejos de remitir, la subida se está agravando con el repunte hasta el 2,7% registrado en septiembre, según hizo público ayer, con datos definitivos, el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Eficiencia en los súper
Las cadenas de supermercados están tratando de contener el impacto sobre los consumidores, absorbiendo parte de los incrementos de costes, mejorando su eficiencia operativa y ajustando sus márgenes para evitar trasladar de golpe las subidas a los lineales. Sin embargo, el margen de maniobra del sector es cada vez más limitado y las empresas han advertido ya de que no podrán mantener indefinidamente este esfuerzo si persisten las presiones sobre sus costes de aprovisionamiento, transporte y energía.Aunque el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, reclamó a las empresas la semana pasada, en el VI Foro de Retail y Gran Consumo de elEconomista.es, que evitaran encarecer sus productos, lo cierto es que, si estas tensiones continúan, una parte creciente de los encarecimientos acabará repercutiendo en el precio final que pagan los consumidores. La patronal de los supermercados españoles, Asedas, denuncia, de hecho, que el sector acumula ya un sobrecoste de más de 130 millones de euros como consecuencia del encarecimiento de la energía y los combustibles tras el estallido del conflicto en Oriente Medio.
El incremento de los costes supone entre 20 y 25 millones de euros al mes y afecta especialmente a tres partidas: los servicios de ajuste eléctrico, que se han disparado un 53% en un año; el gasóleo, que se ha encarecido un 35,5%, y las materias primas utilizadas para fabricar envases de plástico, cuyos precios han aumentado un 25%. En Asedas recalcan, no obstante, que los precios de los alimentos subieron el mes pasado más de dos puntos por debajo del IPC general, que alcanzó el 4,9%. Según esta asociación, "la variedad del surtido, de enseñas y de tipos de tiendas que están a disposición del consumidor, hace que éste tenga herramientas para luchar contra el incremento de precios".
Aunque cada uno de los componentes que están contribuyendo al alza de costes en el sector agroalimentario tiene ritmos y mecanismos de transmisión diferentes -a lo que se une la estacionalidad de las campañas de productos agrícolas-, Asedas insiste en que "la cadena está funcionando eficientemente, como se refleja en la contención que desde el mes de marzo se observa en los precios de los alimentos en un escenario de inflación generalizada".
Y en la misma línea también, la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), ha alertado de que las medidas anunciadas por el Gobierno para hacer frente al impacto del shock energético provocado por la prolongación del conflicto en el Golfo "no son suficientes", reclamando ayudas directas para evitar que el incremento de los costes energéticos y logísticos termine comprometiendo la actividad de las empresas.
La patronal de la industria alimentaria española considera necesario que las empresas dispongan de alternativas de financiación, avales y liquidez en un momento en el que el incremento del riesgo está dificultando el acceso a soluciones ofrecidas en condiciones de mercado.
