Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
Nadie dijo que fuera fácil.
Que hayas aprendido a leer no es un límite, por tanto no toda la educación es mala, aunque sí en su mayor parte (sobre todo el adoctrinamiento horario y calendario de currito)
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
Un leopardo no puede dejar de ser leopardo, sin embargo una persona puede creerse un leopardo y vivir como uno. Animales=determinismo, humanos elección.
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
La libertad no la entiendo como algo binario, sino en grado, sobre todo si hablamos de libertad mental. De momento no han implantado el crimental, por tanto tenemos cierto margen de maniobra, usémoslo a nuestro favor.
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
Ya, pero olvidas que ese ciclo vital natural consiste en luchar desde que naces, vivir casi lo justo para reproducirse, a lo que llegan con suerte y dependiendo de la especie 1 de cada 10 (o 100) individuos y esto sólo dura mientras estés en tu top físico, siendo destronado por alguno más joven en pocos años, siempre en el mejor de los casos, para finalmente morir siendo presa de otro animal o en el mejor de los casos, de hambre o frío.
Un lobo en la naturaleza vive una media de 5 años, un perro bien cuidado entre 10-15 o más.
No romanticemos (ni demonicemos) la naturaleza, es brutal y salvaje.
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
No te pido nada, no soy terapeuta, de cada uno depende, comparto mi modo de ver el asunto nada más.
Pero aun demonizando el dinero, lo usas a diario.
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
No te lo compro ni de lejos. Eso es nihilismo mal enfocado, si nos quejamos de sociedad deshumanizada, la postura va a ser sumirnos en hedonismo insensibilizándonos? Y quién gana ahí realmente? Han caído muchos sistemas por quedarse revolcados en opio?
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
Es cierto, pero las dinámicas de masas no aplican igual para el individuo. O mejor, hacer la distinción, entre trabajo asalariado y propio.
Ese trabajo, esfuerzo disciplinado y productividad como eje vertebrador. Aplicado por ti mismo a tu vida y facetas elegidas te beneficia. Ejemplo, te esfuerzas en hacerte una cena excelente, que luego te comes y disfrutas tú.
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
Ahora mismo no existe ley que obligue a trabajar y no se puede decir que estemos en narnia
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
Vaya, cómo asoma el discursito luciferino.
Casi te vende el no tener descendientes como ser un iluminado con poderes levitando en el prana.
Esto contradice tu propia postura sobre el rollo naturaleza animal. Y si además te estuvieras privando de una de las mayores lecciones en el plano natural, vital y espiritual? Nunca he visto un animal evitando embarazos voluntariamente
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
Claro, y la solución es gloria para todos por no traer más condenados a morir al mundo. Lógica circular.
O peor, artefacto artefacto peligroso lógica de control de matrix, para que los que no se terminen de tragar la programación pastilla azul se autoextingan y no críen un peligroso linaje al amparo de esas ideas. Donde hay vida hay esperanza
Esa búsqueda se hace complicada porque lo primero que hay que hacer es encontrarse a uno mismo, tu yo genuino ¿Pero quien es ese cuando eres consciente que tu mente ha sido moldeada desde el nacimiento en carcelegios y con la cultura de tu entorno?
Sin un proceso de desprogramación lo veo altamente complicado, y no creo que sea posible porque el instinto de supervivencia te obliga a la adaptación al medio.
¿Has pensado alguna vez que clase de ser serías si hubieras nacido en un entorno salvaje? ¿O en las capacidades y sabiduría que han mermado para adaptarte al sistema? ¿Eres genuino o una creación?
Yo siempre pongo de ejemplo el reino animal. Los animales salvajes se guían por su instinto para sobrevivir, y viven de lo que les da la progenitora tierra. No necesitan estudios, ni aprender idiomas ni ganar dinero para completar su ciclo vital.
Me estás pidiendo que encuentre unos hábitos que sean compatibles para sobrevivir en el medio en el que me encuentro ¿Y si no quiero ganar dinero?.
El problema aquí es que nunca ha habido una alternativa al sistema, y puede que lo que esté buscando esté fuera de cualquier camino que el sistema te ofrece.
Te dejo una reflexión que me gustó mucho de nuestro compañero
@idiolecto
Lo verdaderamente antisistema y, en cierto modo, provocadoramente disidente, consiste en sustraerse al engranaje productivo, en quebrar la liturgia casi sacralizada del trabajo y abandonarse a una deriva ociosa, desenfadadamente hedonista, entre barras, excesos y una dependencia despreocupada de mecanismos asistenciales que, en su aparente trivialidad, van horadando, de forma lenta pero constante, la lógica dominante.
Porque, si se observa con cierta frialdad panorámica, ¿qué comparten en el fondo todos los sistemas e ideologías? Una exaltación persistente, casi obsesiva, del trabajo, del esfuerzo disciplinado y de la productividad como eje vertebrador
ya sea en versiones más rígidas, como en determinados regímenes como el comunista totalitario donde el trabajo se impone con carácter imperativo, o en marcos históricos como durante el franquismo donde incluso se han articulado normativas específicas para sancionar la inactividad (ley de vagos y maleantes), el denominador común sigue siendo ese imperativo laborioso, insistente y ubicuo.
En cambio , la elección de no procrear es una suerte de postura ética elevada, matizada y profundamente introspectiva, reservada a perfiles de sensibilidad excepcional, próximos a una tradición más contemplativa, austera y casi ascética, difícil de generalizar en contextos sociales amplios.
De ahí que la mayoría, inmersa en una inercia reproductiva automática, acrítica y profundamente arraigada, continúe generando nuevas existencias sin detenerse a considerar las implicaciones de ese acto, introduciendo en el mundo a individuos que, inevitablemente, habrán de recorrer trayectorias marcadas por la formación, el trabajo, las relaciones inestables, las decepciones interpersonales, los padecimientos físicos y, en última instancia, la experiencia inexorable, densa y final de la gloria.
No puedo saber que quiero si no se quien soy.
La mayoría de la gente NO quiere saber quiénes son. Conócete a ti mismo
La mayoría de la gente quiere quejarse, no que les den soluciones, hay un tipo de comodidad enferma en no hacer nada y quejarse, desmotivarse, entrar en bucle nihilista de si nada tiene sentido, para qué hacer nada?
Yo lo identifico como diálogo demoníaco, asumo que la mayoría de mis pensamientos NO son míos, la mente es 1 antena, capta muchos canales, pero al final el mando lo tengo yo, y hago el esfuerzo consciente de identificar cuando el canal me está limitando o dañando y procuro cambiarlo. Es como hacer ejercicio en un grado sutil.
No vendo cursos, es de coña dar consejos el que los necesita, pero estoy hasta arriba de esta sensación de fotocopia diaria, de que mi energía se vaya por el desagüe de la red, y con él mi tiempo, atención, energía, estado de ánimo. Mi vida, es mía, me la roban con esta distracción diaria infinita, pues le pongo coto, al menos identificar esto como entretenimiento, reconciliarse con la palabra trabajo (desde hacerte tu cena, a reflexionar sobre la vida, o hacer algo que amas, todo eso es trabajo también, no matrix)
Me podría tirar hablando un rato de estos temas pero vale ya
Solo quien lucha se salva