El Nasdaq sube mientras el bono a 30 años se instala en el 5,3%
La Reserva Federal subió los tipos un cuarto de punto por unanimidad —doce votos a favor, ninguno en contra— y el mercado de deuda hizo lo que le dio la gana. El 30 años estadounidense cotiza en el 5,348%, el 10 años en el 4,930%, el 2 años en el 4,516%, y algunas referencias europeas se han llegado a encarecer un 2% de rentabilidad en una sola sesión. Con ese telón de fondo, el Nasdaq y el S&P 500 siguen aferrados a sus máximos históricos. La pregunta incómoda ya no es si esto es una burbuja, sino por qué nadie la pincha.
¿Por qué la bolsa sube con el bono a 30 años en el 5,3%?
Porque el mercado ha decidido ignorar el precio del dinero y apostar a que alguien acudirá al rescate. Los datos apuntan a otra cosa. En una sola sesión se compraron más de cuatro millones de opciones de compra sobre el S&P 500, el registro más alto jamás contabilizado, justo mientras el índice marcaba nuevos máximos. Es el patrón clásico de un mercado empujado por la estructura y el apalancamiento antes que por la demanda real de inversión.
Circulan dos lecturas sobre los tipos a largo plazo. La primera, defendida por Paul Krugman en un análisis en dos partes, sostiene que la presión no viene del riesgo de impago sino de una demanda de crédito recalentada: el déficit público estadounidense coincide con un ciclo inversor intensísimo. La segunda reduce todo a un ajuste técnico tras una etapa de tipos oficiales demasiado altos durante demasiado tiempo. Ninguna de las dos explica por qué el 10 años se queda a las puertas del 5%.
Las recompras de bonos de Bessent: compran horas, no días
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció duplicar como mínimo el tamaño de las operaciones de recompra de bonos para sostener la liquidez. La reacción duró lo que dura un café: los rendimientos del 30 años borraron casi por completo el movimiento posterior al anuncio. El resumen que circula entre operadores es demoledor en su brevedad: la intervención compra horas, no días. El Wall Street Journal ha publicado una crítica durísima a la estrategia, recordando que la Administración aprendió durante el conflicto con Irán que un mensaje oportuno mueve el petróleo, y que ahora se intenta lo mismo con la deuda.
El episodio recuerda a la reciente intervención sobre el yen, con idéntico resultado. El problema de fondo no es de gestión: hay demasiada deuda y el precio al que se refinancia ya no lo fija un despacho.
1,65 billones de deuda oculta en los centros de datos de la IA
Los estados financieros de Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle revelan una deuda vinculada a la construcción de centros de datos de 1,65 billones de dólares, ocho veces mayor que hace cuatro años. Morgan Stanley y Moody's han recogido el problema en sus informes. Las compañías confían en que los beneficios futuros tapen el agujero, pero el mercado empieza a mirar esas cifras con otra cara.
El paralelismo con 2008 se escribe solo: entonces eran hipotecas empaquetadas y revendidas a inversores que no sabían qué compraban; ahora son compromisos de inversión apalancados sobre una tecnología que todavía tiene que demostrar que factura lo que promete.
¿Por qué el diésel es el eslabón más débil?
Porque el cuello de botella no está en el crudo, sino en las refinerías. La producción estadounidense de destilados subió de 4,83 a 5,22 millones de barriles diarios tras el inicio del conflicto con Irán, mientras la demanda interna caía de 4,20 a 3,80 millones: Estados Unidos está actuando de proveedor de emergencia del mundo. Las refinerías destruidas en Rusia y Oriente Medio sobrecargan a las que quedan, que retrasan paradas de mantenimiento con el riesgo de averías capaces de dejarlas paradas durante meses.
De fondo, el bloqueo del estrecho de Ormuz. Doce días después de que la Armada estadounidense lo pusiera en marcha, el 25 de abril de 2026, el Ministerio de Comercio de Pakistán emitió la ordenanza SRO 691 (i) 2026 y reactivó un acuerdo de transporte terrestre con Teherán firmado en 2008 y dormido durante 18 años. Bloqueo total, ninguno. Hay quien ya sitúa el Brent en los 120 dólares.
El oro ya pesa más que el bono americano en las reservas globales
El metal precioso representa el 27% de las reservas globales, frente al 22% de los bonos del Tesoro estadounidenses y el 15% del euro. Basilea III lo elevó a la categoría Tier 1, al mismo nivel de riesgo que la deuda soberana y el efectivo. En una semana, el oro subió un 5,2% y la plata un 6,7%, con el índice de materias primas de Bloomberg en máximos de tres meses; en una sola sesión, el oro sumó 181 dólares, un 4,2%.
Hay un dato que descoloca. Las reservas estadounidenses siguen contabilizadas a 42,22 dólares la onza desde 1973 y nunca se han revaluado; a precios de mercado, y dando por buenas las 265 millones de onzas que se declaran, hablaríamos de más de un billón de dólares. Nadie ha auditado esas bóvedas en décadas. China, mientras tanto, traslada oro de Londres a Hong Kong.
El crédito barato que sostuvo al capital privado se ha acabado
Los fondos de capital privado disimularon durante años el deterioro de sus carteras porque no había transacciones y, sin transacciones, no había precios. Ahora no hay salidas a bolsa, ni compradores dispuestos a pagar los múltiplos de 2021, ni operaciones secundarias a la par. La financiación llegó en forma de deuda cuando el dinero era barato; refinanciarla hoy cuesta bastante más.
Aquí se atasca todo. Los tipos suben, el oro vuela, el diésel escasea, la deuda tecnológica se multiplica y la bolsa marca récords. Desde 2020 se han sucedido los cisnes negros y los índices los han ignorado uno tras otro. Nadie sabe cuándo llega el ajuste, ni si llegará antes de las elecciones de medio mandato, ni qué activo aguantará el golpe. Solo hay una certeza razonable: avisar con antelación no sirve de nada si no se acierta el día.