La gasolina, y el diésel, se puede poner a mucho, muchísimo más, junto con la recarga eléctrica y sin que haya guerra en ningún sitio, ni desabastecimiento, ni un accidente gravísimo en la cadena de suministro. Basta con que, como pasa ahora mismo, el gobierno de turno ponga a cinco pavos, y te obligue a comprar su producto, lo que en el mercado vale uno.
En otro tiempo se sublevó Robin Hood, aunque sea leyenda, o las poblaciones que vivían en el centro de la península cuando el imperio romano les subió los impuestos generales un 0,5 desde el 10 por ciento que pagaban como tributo general (algo así como nuestro IVA)... esto no es leyenda, sino historia, para nuestro sonrojo (está documentado y explicado en el museo municipal de Cuenca, museo con pocos medios materiales, pero, por lo que se ve, con grandes historiadores que cuentan la historia como fue... lo que es mucho mejor que grandes audiovisuales y cosas así que solo te edulcoran la historia o la traducen de parte, aunque sus contenidos no sean ciertos o claramente falaces, por mucho que estén muy bien hechos los broches de los soldados romanos o el barro de la cara de las tribus —cosa que tampoco era así—).