Si gana esta mujer estaremos en apuros

Retrato de Alice Weidel, líder del partido alemán AfD
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

¿Qué pasaría si la líder de AfD, Alice Weidel, llegara a la cancillería alemana? Sus promesas de expulsar inmigrantes y recortar ayudas sociales chocan con una realidad demográfica que no admite soluciones simples. Y con sus propias contradicciones personales.

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Más sobre: Alemania · Demografía · Europa
Lo mejor que puede pasar a España. Que desaparezca ese engendro de la UE.


De hecho cuando el imperialismo o el imperialismo unitario termina es cuando los pueblos vuelven a unificarse. Ante la lucha natural de los imperios.


Ante el nuevo mundo multiimperial de Rusia, Usa, China, India. El resto de países van a expandirse en esa oportunidad ayudados por estas potencias imperiales.


Alemania va a volver a expandirse en centro Europa, Jovenlandia va a intentar expandirse por España, etc....

Es ley natural de los países.
 
El cumplimiento de esta medida supondría un antes y un después para Europa. En lo que respecta a España, sería necesario blindar sus fronteras ante un proceso de nacionalización que, a mi juicio, se ha llevado a cabo sin el debido control, otorgando a personas el derecho a circular y establecerse libremente por todo el espacio Schengen.

Para contextualizar mi postura, adjunto la siguiente gráfica. En ella se observa cómo, a partir de 1996 y en determinados países incluso antes, las poblaciones europeas iniciaron un declive demográfico, al registrarse un saldo vegetativo negativo en el que las gloria superaban a los nacimientos.

Cabe destacar que, desde esa fecha, todo el crecimiento poblacional se explica por las nacionalizaciones. Si tenemos en cuenta que, de no ser por la inmi gración, la población española habría disminuido en varios millones debido a ese saldo negativo, el volumen real de nacionalizaciones desde 1996 supera holgadamente los 15 millones. La pogre, además, se ha acelerado de forma brutal en la última década, pasando de 42.829 nacionalizaciones en 2005 a 221.805 en 2024, y alcanzando un récord de 299.732 en 2025, un incremento que no encuentra justificación demográfica ni social.

COMPARATIVA DE POBLACIÓN EN LA UE (1996-2025)

País 1996 (aprox.) 2025 (aprox.) Variación

Alemania 82,0 millones 83,6 millones +1,6 M (↑)
Austria 8,1 millones 9,2 millones +1,1 M (↑)
Bélgica 10,2 millones 11,9 millones +1,7 M (↑)
Bulgaria 8,3 millones 6,4 millones -1,9 M (↓)
Croacia 4,5 millones 3,9 millones -0,6 M (↓)
Dinamarca 5,3 millones 6,0 millones +0,7 M (↑)
España 39,7 millones 49,1 millones +9,4 M (↑)
Francia 59,5 millones 68,6 millones +9,1 M (↑)
Grecia 10,5 millones 10,4 millones -0,1 M (↓)
Hungría 10,3 millones 9,5 millones -0,8 M (↓)
Irlanda 3,6 millones 5,4 millones +1,8 M (↑)
Italia 57,7 millones 58,9 millones +1,2 M (↑)
Letonia 2,5 millones 1,9 millones -0,6 M (↓)
Lituania 3,7 millones 2,9 millones -0,8 M (↓)
Países Bajos 15,6 millones 18,0 millones +2,4 M (↑)
Polonia 38,6 millones 36,5 millones -2,1 M (↓)
Portugal 10,0 millones 10,5 millones +0,5 M (↑)
Rumanía 22,6 millones 19,0 millones -3,6 M (↓)
Suecia 8,9 millones 10,5 millones +1,6 M (↑)
 
Lo mejor que puede pasar a España. Que desaparezca ese engendro de la UE.


De hecho cuando el imperialismo o el imperialismo unitario termina es cuando los pueblos vuelven a unificarse. Ante la lucha natural de los imperios.


Ante el nuevo mundo multiimperial de Rusia, Usa, China, India. El resto de países van a expandirse en esa oportunidad ayudados por estas potencias imperiales.


Alemania va a volver a expandirse en centro Europa, Jovenlandia va a intentar expandirse por España, etc....

Es ley natural de los países.
Creo que no está leyendo el signo de los tiempos. No estamos ante un cambio imperial al uso, sino ante algo mucho más profundo: un cambio de identidad.

Lo que está ocurriendo en Europa, y especialmente en España, no es un simple reajuste geopolítico entre potencias. Es una transformación demográfica y cultural impulsada desde dentro, con políticas de nacionalización masiva que están alterando la composición social de los países a una velocidad sin precedentes.

El fin de un imperio es una cosa; la disolución de una nación desde dentro, mediante la concesión de ciudadanía a millones de personas sin un debate profundo sobre lo que significa pertenecer a una comunidad, es otra muy distinta. No es que España vaya a ser "absorbida" por Jovenlandia o que Alemania vaya a "expandirse" en Centroeuropa. Es que, a este ritmo, España corre el riesgo de dejar de ser reconocible como la nación que ha sido durante siglos.

Por eso, hablar de "ley natural de los países" en términos imperiales es anacrónico. La lucha de hoy no es entre imperios por el territorio, sino entre dos modelos de nación: uno que se diluye en un multiculturalismo sin raíces y otro que intenta preservar su identidad. Y España, con sus políticas de puertas abiertas y nacionalizaciones masivas, está eligiendo claramente el primero.

No es que el mundo esté cambiando de imperios. Es que las naciones están cambiando de pueblo, y eso es un proceso mucho más silencioso, pero también mucho más definitivo.

Si observas la gráfica de mi comentario anterior, podrás comprobar que el caso de España ya no tiene vuelta atrás. La identidad de este país ha sido sustituida por otra completamente distinta. La nueva España no guarda relación alguna con la España imperial que durante siglos forjó su grandeza y despertó el orgullo de sus ciudadanos. Esa España, la de los que se sentían parte de un proyecto común y estaban comprometidos con su legado, ha quedado enterrada bajo millones de nacionalizaciones otorgadas sin criterio, a personas que no comparten ni nuestra historia, ni nuestra cultura, ni nuestro sentido de pertenencia. Y lo peor de todo es que este proceso no se ha hecho con el consenso de la nación, sino contra ella, en un silencio cómplice que ha permitido que el vínculo que nos unía como pueblo se haya roto para siempre.
 
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El cumplimiento de esta medida supondría un antes y un después para Europa. En lo que respecta a España, sería necesario blindar sus fronteras ante un proceso de nacionalización que, a mi juicio, se ha llevado a cabo sin el debido control, otorgando a personas el derecho a circular y establecerse libremente por todo el espacio Schengen.

Para contextualizar mi postura, adjunto la siguiente gráfica. En ella se observa cómo, a partir de 1996 y en determinados países incluso antes, las poblaciones europeas iniciaron un declive demográfico, al registrarse un saldo vegetativo negativo en el que las gloria superaban a los nacimientos.

Cabe destacar que, desde esa fecha, todo el crecimiento poblacional se explica por las nacionalizaciones. Si tenemos en cuenta que, de no ser por la inmi gración, la población española habría disminuido en varios millones debido a ese saldo negativo, el volumen real de nacionalizaciones desde 1996 supera holgadamente los 15 millones. La pogre, además, se ha acelerado de forma brutal en la última década, pasando de 42.829 nacionalizaciones en 2005 a 221.805 en 2024, y alcanzando un récord de 299.732 en 2025, un incremento que no encuentra justificación demográfica ni social.

COMPARATIVA DE POBLACIÓN EN LA UE (1996-2025)

País 1996 (aprox.) 2025 (aprox.) Variación

Alemania 82,0 millones 83,6 millones +1,6 M (↑)
Austria 8,1 millones 9,2 millones +1,1 M (↑)
Bélgica 10,2 millones 11,9 millones +1,7 M (↑)
Bulgaria 8,3 millones 6,4 millones -1,9 M (↓)
Croacia 4,5 millones 3,9 millones -0,6 M (↓)
Dinamarca 5,3 millones 6,0 millones +0,7 M (↑)
España 39,7 millones 49,1 millones +9,4 M (↑)
Francia 59,5 millones 68,6 millones +9,1 M (↑)
Grecia 10,5 millones 10,4 millones -0,1 M (↓)
Hungría 10,3 millones 9,5 millones -0,8 M (↓)
Irlanda 3,6 millones 5,4 millones +1,8 M (↑)
Italia 57,7 millones 58,9 millones +1,2 M (↑)
Letonia 2,5 millones 1,9 millones -0,6 M (↓)
Lituania 3,7 millones 2,9 millones -0,8 M (↓)
Países Bajos 15,6 millones 18,0 millones +2,4 M (↑)
Polonia 38,6 millones 36,5 millones -2,1 M (↓)
Portugal 10,0 millones 10,5 millones +0,5 M (↑)
Rumanía 22,6 millones 19,0 millones -3,6 M (↓)
Suecia 8,9 millones 10,5 millones +1,6 M (↑)

Estos datos se ponen con una tabla, no así.
 
Creo que no está leyendo el signo de los tiempos. No estamos ante un cambio imperial al uso, sino ante algo mucho más profundo: un cambio de identidad.

Lo que está ocurriendo en Europa, y especialmente en España, no es un simple reajuste geopolítico entre potencias. Es una transformación demográfica y cultural impulsada desde dentro, con políticas de nacionalización masiva que están alterando la composición social de los países a una velocidad sin precedentes.

El fin de un imperio es una cosa; la disolución de una nación desde dentro, mediante la concesión de ciudadanía a millones de personas sin un debate profundo sobre lo que significa pertenecer a una comunidad, es otra muy distinta. No es que España vaya a ser "absorbida" por Jovenlandia o que Alemania vaya a "expandirse" en Centroeuropa. Es que, a este ritmo, España corre el riesgo de dejar de ser reconocible como la nación que ha sido durante siglos.

Por eso, hablar de "ley natural de los países" en términos imperiales es anacrónico. La lucha de hoy no es entre imperios por el territorio, sino entre dos modelos de nación: uno que se diluye en un multiculturalismo sin raíces y otro que intenta preservar su identidad. Y España, con sus políticas de puertas abiertas y nacionalizaciones masivas, está eligiendo claramente el primero.

No es que el mundo esté cambiando de imperios. Es que las naciones están cambiando de pueblo, y eso es un proceso mucho más silencioso, pero también mucho más definitivo.

Si observas la gráfica de mi comentario anterior, podrás comprobar que el caso de España ya no tiene vuelta atrás. La identidad de este país ha sido sustituida por otra completamente distinta. La nueva España no guarda relación alguna con la España imperial que durante siglos forjó su grandeza y despertó el orgullo de sus ciudadanos. Esa España, la de los que se sentían parte de un proyecto común y estaban comprometidos con su legado, ha quedado enterrada bajo millones de nacionalizaciones otorgadas sin criterio, a personas que no comparten ni nuestra historia, ni nuestra cultura, ni nuestro sentido de pertenencia. Y lo peor de todo es que este proceso no se ha hecho con el consenso de la nación, sino contra ella, en un silencio cómplice que ha permitido que el vínculo que nos unía como pueblo se haya roto para siempre.
Las oligarquías políticas españolas, los Borbones, los grandes del IBEX 35 y los que financian, culpables.
 
Creo que no está leyendo el signo de los tiempos. No estamos ante un cambio imperial al uso, sino ante algo mucho más profundo: un cambio de identidad.

Lo que está ocurriendo en Europa, y especialmente en España, no es un simple reajuste geopolítico entre potencias. Es una transformación demográfica y cultural impulsada desde dentro, con políticas de nacionalización masiva que están alterando la composición social de los países a una velocidad sin precedentes.

El fin de un imperio es una cosa; la disolución de una nación desde dentro, mediante la concesión de ciudadanía a millones de personas sin un debate profundo sobre lo que significa pertenecer a una comunidad, es otra muy distinta. No es que España vaya a ser "absorbida" por Jovenlandia o que Alemania vaya a "expandirse" en Centroeuropa. Es que, a este ritmo, España corre el riesgo de dejar de ser reconocible como la nación que ha sido durante siglos.

Por eso, hablar de "ley natural de los países" en términos imperiales es anacrónico. La lucha de hoy no es entre imperios por el territorio, sino entre dos modelos de nación: uno que se diluye en un multiculturalismo sin raíces y otro que intenta preservar su identidad. Y España, con sus políticas de puertas abiertas y nacionalizaciones masivas, está eligiendo claramente el primero.

No es que el mundo esté cambiando de imperios. Es que las naciones están cambiando de pueblo, y eso es un proceso mucho más silencioso, pero también mucho más definitivo.

Si observas la gráfica de mi comentario anterior, podrás comprobar que el caso de España ya no tiene vuelta atrás. La identidad de este país ha sido sustituida por otra completamente distinta. La nueva España no guarda relación alguna con la España imperial que durante siglos forjó su grandeza y despertó el orgullo de sus ciudadanos. Esa España, la de los que se sentían parte de un proyecto común y estaban comprometidos con su legado, ha quedado enterrada bajo millones de nacionalizaciones otorgadas sin criterio, a personas que no comparten ni nuestra historia, ni nuestra cultura, ni nuestro sentido de pertenencia. Y lo peor de todo es que este proceso no se ha hecho con el consenso de la nación, sino contra ella, en un silencio cómplice que ha permitido que el vínculo que nos unía como pueblo se haya roto para siempre.

No se pueden comprender los acontecimientos históricos y geopolíticos actuales sin entender su esencia y causas desde el punto de vista teológico. Si se desprecia, más difícil será comprender lo que realmente está pasando en el mundo.

Todo cambiará, está escrito. Sólo la verdad y las raíces profundas se mantendrán vivas; las nacionalidades artificiales se marchitarán como hojarasca seca.
 
Dudo que pueda gobernar, una cosa es quedar primera en las elecciones y otra muy distinta es conseguir los apoyos, pero voy más lejos, aunque fuera la presidenta no tendría el valor necesario para hacer todo eso. Ya no nos acordamos de lo de Meloni.
 

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