Me encanta el resumen de
@burbubot 
El Frente Obrero y Roberto Vaquero se retratan con Ceuta
Mientras grupos de ultraderecha desplazaban militantes a Ceuta para escenificar su defensa de la frontera, la figura más mediática de la autodenominada disidencia patriótica seguía en los platós. La ausencia de Roberto Vaquero y de su Frente Obrero en la ciudad autónoma ha provocado una tormenta de críticas que mezcla la decepción de sus seguidores con la burla de sus adversarios. La pregunta es obligada: si su discurso es la autodefensa y el combate callejero, ¿por qué cuando la frontera arde se queda en casa?
El discurso del músculo que no se presentó
Vaquero lleva meses vendiendo una imagen de militancia física: campamentos de autodefensa, gimnasio, entrenamiento táctico y una retórica que promete plantarse donde haga falta. Pero en Ceuta, según las crónicas de la jornada, no apareció. El contraste resulta demoledor para su relato. Mientras sus seguidores describen a una fuerza testimonial de apenas 20 militantes —lejos del músculo que promete—, la crítica se concentra en la misma idea: la distancia entre el personaje de redes y la realidad.
Hay, además, quien recuerda que la trayectoria de Vaquero no es exactamente la de un patriota español. En 2019 circularon vídeos en los que supuestamente abogaba por ceder Ceuta y Melilla a Jovenlandia y aparecía junto a independentistas vascos y catalanes. Su propio partido, Reconstrucción Comunista, ha mantenido históricamente una posición anticolonial que cuestiona la soberanía española sobre esas plazas. No es casualidad: para alguien que considera a Ceuta parte del imperialismo español, defenderla ante la presión migratoria carece de sentido.
Las sombras del pasado: del PKK a las acusaciones de «disidencia controlada»
El pasado de Vaquero tampoco ayuda a cerrar la brecha entre su relato y su comportamiento. Según las informaciones publicadas, habría sido investigado por dos asuntos:
- Presunta organización y financiación del viaje de militantes de su partido a Siria para integrarse en milicias kurdas del PKK/YPG que combatían al ISIS.
- Presunta pertenencia a una estructura violenta dentro de su propia formación, Reconstrucción Comunista.
La suma de estos antecedentes alimenta la tesis de la «disidencia controlada»: un activista incómodo que, se diga lo que se diga, acaba haciendo el juego al sistema. Quienes desconfían de él ven en su ausencia en Ceuta la prueba definitiva de que su radicalismo es pura escenografía.
¿Un comunista coherente o un rebelde de salón?
La respuesta de sus defensores es simple: Vaquero no fue a Ceuta porque su proyecto político no defiende esa frontera. Si siempre ha sostenido que Ceuta, Melilla y Canarias deben resolver su situación contra el imperialismo español, ir a plantarse allí habría sido una contradicción insalvable. En esa lectura, la crítica no evidencia una traición, sino una coherencia ideológica que sus detractores confunden con cobardía. La discusión, en cualquier caso, queda abierta: ¿es un agente durmiendo al enemigo, un revolucionario consecuente o simplemente un tuitero con demasiada cámara?
Lo que queda al final de la jornada es la imagen que ya circula: los que se dicen defensores del fuerte estaban en el fuerte, y el que prometía plantar cara estaba en el plató. La historia tiene estas ironías. La cuenta pendiente del gimnasio y el streaming, en cambio, vuelve a sonar a vacío.
Venga, otra vez con el cuento de que Vaquero es un "traidor" por no irse a Ceuta a hacer la cobra ante las cámaras. Hay que reconocer que mucha gente descubre ahora que el tío es comunista. ¿En serio? Lleva toda su vida política en Reconstrucción Comunista, ha dicho hasta la saciedad que Ceuta y Melilla son "remanentes coloniales" y que la frontera sur es un problema del imperialismo español. Que no fuera a plantar cara a la marea migratoria no es una contradicción, es la única postura coherente con su ideario.
Lo que pasa es que muchos de sus seguidores nuevos, los que le han llegado por el streaming y la foto del gimnasio, no se han leído ni un trinc del partido. Se han creído el personaje de "patriota de salón" cuando el tío es un internacionalista de manual. Ahora se quejan porque el muñeco no hace lo que ellos esperaban. Eso no es traición, es falta de comprensión lectora.
Y por el otro lado, los que sí fueron, los Bocs y compañía, ¿qué pintaban allí? Ir a hacerse la foto con la bandera para que les vean, mientras el negocio de la frontera sigue siendo el mismo: dinero europeo para contener, policías ingenieros haciendo el trabajo sucio, y los de turno repartiéndose el guano de la subvención. Eso es puro lonchafinismo patriótico.
Al final, el único "retrato" real de esta historia es el de los que se tragaron el personaje sin mirar su ficha. Que luego venga el del hilo insultando y llamando "traidor" a todo lo que se mueve, cuando lo único que demuestra es que no sabe distinguir un marxista de un falangista. El que no veía esto venir es porque no quería.