Economía: España no necesita más turistas

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Turismo en España: el debate ya no es cuántos vienen, sino a costa de qué España es el segundo país del mundo que más visitantes recibe, con 96,8 millones de turistas internacionales según la Organización Mundial del Turismo. Y aun así, el debate público ya no gira en torno a cómo superar la próxima barrera, sino a si merece la pena hacerlo.

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Estación Espacial Internacional

España no necesita más turistas​


España no necesita un turista más. No porque haya que levantar una empalizada en los Pirineos o devolver a los ingleses a sus lluvias. No necesitamos otro turista porque, después de casi cien millones al año, contar personas ha dejado de ser una forma inteligente de medir el éxito.

El turismo trajo divisas cuando apenas las teníamos, abrió el país, creó empleo, transformó nuestras costas y contribuyó incluso a cierta educación sentimental de una sociedad que descubría que Europa existía. Los éxitos económicos también merecen gratitud, pero no convertirse en dogmas.

En 2025 llegaron a España 96,8 millones de turistas internacionales. Otro récord. En los cinco primeros meses de este año ya fueron 36,8 millones, un 5% más. El gasto crece incluso más deprisa y eso está bien. Pero el Gobierno considera probable alcanzar este año los cien millones y la cifra posee esa fascinación infantil que ejercen los números redondos. Después vendrán ciento cinco. Luego ciento diez. La pregunta que casi nunca hacemos es para qué.

En economía importa mucho el margen. El primer turista que llegó a una playa casi vacía produjo un beneficio enorme. Justificó el hotel, el restaurante, el vuelo y muchos empleos que antes no existían. El turista cien millones llega a un país muy distinto. Necesita también una cama, agua, transporte, energía y unos metros cuadrados de ciudad o de costa durante unos días. Genera renta, por supuesto, aunque también utiliza recursos cuyo valor alternativo ha crecido extraordinariamente.

Ese es el problema de los récords. Suman los beneficios y esconden los costes. El gasto del visitante aparece con admirable precisión en las estadísticas. Resulta bastante más difícil medir la congestión, el espacio ocupado, las infraestructuras adicionales o el efecto que produce sobre una ciudad que una vivienda resulte más rentable durante tres noches que durante todo un mes. El PIB sabe contar muy bien una cerveza vendida. Tiene más dificultades para valorar que el camarero que la sirve ya no pueda vivir cerca del bar.

Ningún empresario serio intentaría maximizar indefinidamente el número de clientes sin preguntarse cuánto gana con el siguiente. En España celebramos cada récord de visitantes como si un país fuese un parque temático cuya única desgracia consistiera en que quedasen entradas sin vender.

Cuando servir, alojar, transportar y entretener a una población flotante gigantesca ofrece retornos inmediatos, otras actividades tienen que competir por esos mismos trabajadores, locales, viviendas y recursos. El peligro no es que el turismo vaya mal. Es exactamente el contrario. Que vaya tan bien que resulte demasiado cómodo seguir haciendo lo mismo.

España conoce esa tentación. Hubo un tiempo en que construir viviendas parecía una fuente inagotable de prosperidad. Cada grúa confirmaba el éxito de la anterior hasta que descubrimos que una economía puede especializarse demasiado incluso en aquello que sabe hacer magníficamente. No hay ninguna razón para esperar a una crisis para hacernos esa pregunta con el turismo.

La solución tampoco consiste en buscar un turismo de lujo que sustituya cien chanclas por un yate. El visitante rico ocupa espacio, consume recursos y también transforma los precios. Se trata de abandonar la obsesión por la cantidad y preguntarnos qué turismo aumenta más el bienestar de quienes viven aquí. Más gasto por visitante puede ser parte de la respuesta. También la desestacionalización, la dispersión territorial, una mejor productividad y, llegado el caso, aceptar que algunos lugares sencillamente no necesitan crecer más.

Machado escribió que todo necio confunde valor y precio. Nosotros corremos el riesgo de confundir valor y volumen. Noventa millones, cien millones, ciento diez millones. Ya son muchas las ciudades españolas que han perdido el alma.

Francisco Rodríguez Fernández es catedrático de Economía de la Universidad de Granada (UGR) y director del Área Financiera y Digitalización de Funcas.

 
España no necesita menos turismo. Necesita dejar de comportarse como un hotel que presume de ocupación al 100 % mientras sus empleados no pueden permitirse vivir en el barrio.
Si lees entera la noticia observarás que también trata este tema. Lo he puesto en colorines para destacarlo.

Pero has de leerlo tú.esperando:
 
Si lees entera la noticia observarás que también trata este tema. Lo he puesto en colorines para destacarlo.

Pero has de leerlo tú.esperando:
Lo sé, lo sé... He hecho un resumen para burbujos.

Por otra parte. ¿Cuál creen los foreros que sería la solución? ¿Cerrar Ryanair?

Porque como dice, traer turismo de élite modifica el precio de las cosas.

Me da que lo llevamos clarinete...
 
Lo sé, lo sé... He hecho un resumen para burbujos.

Por otra parte. ¿Cuál creen los foreros que sería la solución? ¿Cerrar Ryanair?

Porque como dice, traer turismo de élite modifica el precio de las cosas.

Me da que lo llevamos clarinete...
Instalar muchas más factorias de empresas CHINAS en España.
 
Hay cada vez mas viajeros, hay inquilinos temporales, y tambien ciudadanos del mundo que pasan por aquí.
 
Pues a ver si es verdad y a los que han alargado su visa de turista los vamos largando....

Pero por lo que sea y viniendo de ese periódico de la peperada, me temo que no se refieren a esos turistas, por lo que sea.
 
Ya se cargaron el sector minero y el industrial porque contaminaba, ahora que España levanta cabeza y se pone a liderar el crecimiento europeo, empieza la campaña de la anti España, para sabotear el único sector pujante que nos queda
Bueno ya llevan varios años demonizando al turismo y a la agricultura, pero el problema no es que se los quieran cargar, sino los millones de personas que lo apoyan.

Otra cosa es debatir si el modelo de turismo actual es el adecuado o no, igual que el sector primario, pero por lo que sea no creo que ese debate vaya por ahí.
 
Eso díselo a los que han convertido el piso de la abuela María José en un alojamiento sin declarar, o media pensión que no paga ni autónomo... o a las redes que hay por Barcelona desprecintando pisos de alquiler turístico sin licencia, previamente precintados tras sendas denuncias de vecinos, y que les dicen a los huéspedes que no abran a la policía...

Lo de este país con el turismo de borrachera y de personas que no pueden ni pagarse una noche de hotel, y que causa más miseria y problemas que beneficios, se nos ha ido de las manos.
 
La única esperanza de que el turismo y la oleada turística masiva por aeropuertos de turistas que se quedan ilegalmente en el país es que el precio del queroseno se dispare a 10 euros por litro para que viajar sea prohibitivo para el 90% de la gente.
 

España no necesita más turistas​


España no necesita un turista más. No porque haya que levantar una empalizada en los Pirineos o devolver a los ingleses a sus lluvias. No necesitamos otro turista porque, después de casi cien millones al año, contar personas ha dejado de ser una forma inteligente de medir el éxito.

El turismo trajo divisas cuando apenas las teníamos, abrió el país, creó empleo, transformó nuestras costas y contribuyó incluso a cierta educación sentimental de una sociedad que descubría que Europa existía. Los éxitos económicos también merecen gratitud, pero no convertirse en dogmas.

En 2025 llegaron a España 96,8 millones de turistas internacionales. Otro récord. En los cinco primeros meses de este año ya fueron 36,8 millones, un 5% más. El gasto crece incluso más deprisa y eso está bien. Pero el Gobierno considera probable alcanzar este año los cien millones y la cifra posee esa fascinación infantil que ejercen los números redondos. Después vendrán ciento cinco. Luego ciento diez. La pregunta que casi nunca hacemos es para qué.

En economía importa mucho el margen. El primer turista que llegó a una playa casi vacía produjo un beneficio enorme. Justificó el hotel, el restaurante, el vuelo y muchos empleos que antes no existían. El turista cien millones llega a un país muy distinto. Necesita también una cama, agua, transporte, energía y unos metros cuadrados de ciudad o de costa durante unos días. Genera renta, por supuesto, aunque también utiliza recursos cuyo valor alternativo ha crecido extraordinariamente.

Ese es el problema de los récords. Suman los beneficios y esconden los costes. El gasto del visitante aparece con admirable precisión en las estadísticas. Resulta bastante más difícil medir la congestión, el espacio ocupado, las infraestructuras adicionales o el efecto que produce sobre una ciudad que una vivienda resulte más rentable durante tres noches que durante todo un mes. El PIB sabe contar muy bien una cerveza vendida. Tiene más dificultades para valorar que el camarero que la sirve ya no pueda vivir cerca del bar.

Ningún empresario serio intentaría maximizar indefinidamente el número de clientes sin preguntarse cuánto gana con el siguiente. En España celebramos cada récord de visitantes como si un país fuese un parque temático cuya única desgracia consistiera en que quedasen entradas sin vender.

Cuando servir, alojar, transportar y entretener a una población flotante gigantesca ofrece retornos inmediatos, otras actividades tienen que competir por esos mismos trabajadores, locales, viviendas y recursos. El peligro no es que el turismo vaya mal. Es exactamente el contrario. Que vaya tan bien que resulte demasiado cómodo seguir haciendo lo mismo.

España conoce esa tentación. Hubo un tiempo en que construir viviendas parecía una fuente inagotable de prosperidad. Cada grúa confirmaba el éxito de la anterior hasta que descubrimos que una economía puede especializarse demasiado incluso en aquello que sabe hacer magníficamente. No hay ninguna razón para esperar a una crisis para hacernos esa pregunta con el turismo.

La solución tampoco consiste en buscar un turismo de lujo que sustituya cien chanclas por un yate. El visitante rico ocupa espacio, consume recursos y también transforma los precios. Se trata de abandonar la obsesión por la cantidad y preguntarnos qué turismo aumenta más el bienestar de quienes viven aquí. Más gasto por visitante puede ser parte de la respuesta. También la desestacionalización, la dispersión territorial, una mejor productividad y, llegado el caso, aceptar que algunos lugares sencillamente no necesitan crecer más.

Machado escribió que todo necio confunde valor y precio. Nosotros corremos el riesgo de confundir valor y volumen. Noventa millones, cien millones, ciento diez millones. Ya son muchas las ciudades españolas que han perdido el alma.

Francisco Rodríguez Fernández es catedrático de Economía de la Universidad de Granada (UGR) y director del Área Financiera y Digitalización de Funcas.

¿E immigrantes sí? Por eso los precios son cada vez más caros, para atraer menos turistas que gasten más.
 
La única esperanza de que el turismo y la oleada turística masiva por aeropuertos de turistas que se quedan ilegalmente en el país es que el precio del queroseno se dispare a 10 euros por litro para que viajar sea prohibitivo para el 90% de la gente.
Más fácil, tasas aeroportuarias mucho más elevadas.
 

Luego cuando apenas haya turistas y se vayan a ver los museos de Madrid, también a chillar. Mejor empezar por controlar los immigrantes.
 
Ya se cargaron el sector minero y el industrial porque contaminaba, ahora que España levanta cabeza y se pone a liderar el crecimiento europeo, empieza la campaña de la anti España, para sabotear el único sector pujante que nos queda
No tiene nada que ver, los salarios del sector industrial con los del turismo que son cuencoarrocistas y dependen de subvención pública y de importar mano de obra que tenemos que pagar todos para seguir sosteniendo la hostelería.
 
No tiene nada que ver, los salarios del sector industrial con los del turismo que son cuencoarrocistas y dependen de subvención pública y de importar mano de obra que tenemos que pagar todos para seguir sosteniendo la hostelería.

El Informe Fénix sobre la economía catalana ya lo indicaba, los puestos de baja cualificación y salarios en el rango del SMI consumen más recursos de lo que aportan así que hacer crecer la economía basándose en ellos es un quitarse la vida. Importar inmis para que hagan esos trabajos por salarios aun más bajos... win win de libro.
 

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