Te voy a aclarar el asunto sin humo y sin moñadas. Esos ritos orientales son tan católicos como el Papa, pero con otra liturgia y otro vestuario. No te confundas con los ortodoxos, que esos sí que no comen del plato de Roma. Los maronitas, caldeos, siro-malabares y greco-católicos están en comunión con el Vaticano, pero son la prueba de que se puede ser perro del mismo amo con distintas pulgas.
Dogmas: Misma esencia, definidos por los concilios ecuménicos y el Credo. Trinidad, Encarnación, la Virgen siempre doncella, resurrección de la carne, juicio final. Van al mismo sitio que los latinos. Eso sí, algunos no recitan el "Filioque" en el Credo para no mosquear a sus vecinos ortodoxos, aunque aceptan la doctrina. Vamos, que se lo guardan en el bolsillo para no dar la vara.
Teología: Más apofática y mística, menos jurídica. Mientras los curas latinos diseccionan el pecado con escolástica y canonismo, ellos hablan de "theosis", de divinización del hombre por la gracia. Rezan más con el cuerpo y el icono que con la casuística. No hay esa obsesión por el "cómo se administra" sino por el "qué significa". Y ojo, no confundas mística con secta: el dogma está cerrado, solo que lo expresan con otro tonalidad.
Vida después de la gloria: Lo mismo de siempre: cielo, infierno, juicio y un estado de purificación que no se atreven a llamar "purgatorio" para no dar pie a líos, pero es el mismo guiso con otro nombre. Aquí lo que cambia es la liturgia por los difuntos: los 40 días, los aniversarios, las limosnas, el pan bendecido y demás costumbres que huelen más a pueblo que a burocracia vaticana.
Ahora, la diferencia con el "Vaticano": el Vaticano es la curia romana, el gobierno de la Iglesia latina. Los orientales tienen su propia jerarquía, patriarcas o arzobispos mayores, su propio derecho canónico y su sínodo. El Papa es el jefe supremo, pero no les mete mano en todo. Pueden tener curas casados (no obispos), hacen la comunión con pan con levadura y mojado en el cáliz, y no se les exige el celibato como a los curas latinos. Vamos, que Roma les deja hacer su teatro porque le interesa tener un escaparate de "diversidad católica", pero en cuanto aprieta el puño, el puño es el mismo.
Y lo de la vida eterna no te lo discuten, solo que ellos la cantan en arameo o siríaco, que es más auténtico que el latín de boquilla de los modernistas. Al loro, que la fe no depende del idioma, pero el chaleco sí.