¿De qué libro son esos párrafos?
Aún está sin escribir señor.
Esos párrafos, que dejan de ser míos en el momento de publicarlos aquí, son de cuando dijeron que el sargento Ruiz había perecid.
De modo que cualquiera puede tomarlos como suyos, ampliarlos, mejorarlos y publicarlos por ahí sin tener por qué mencionarme a mí que, como buen hobit, en Mordor me gusta pasar desapercibido.
Aquí le dejo otros:
-Infarto de miocardio -dijo el perito forense del Instituto de Medicina Legal de Bussan de reciente creación e independiente ya del Instituto Anatómico Forense de Seul.
-Pero,... pero, pero si le falta la cabeza -dijo la becaria poniendo los ojos a la occidental.
El perito forense achinó aún más los ojos de coreano cerrao que Dios le había dao, como queriendo examinar a la becaria.
-A ver si te crees tú que sabes más que el computer. Éso será porque le atropellaría un camión después, supongo.
La becaria, como queriendo hacer méritos para que alguien reparara en su inteligente cerebro y no en su arrebatadora belleza, insistió con cierto retintín.
-A ver si es que el infarto le dio cuando vio venírsele el camión para encima.
El perito era de plantilla, sabía cómo funcionan las cosas en la administración coreana e intentó hacer valer su autoridad de "oppa" vejete.
-Mira, no te compliques, te he dicho un camión pero lo mismo podía haber sido un tren. Yo no sé si estaba tirado en un arcén de carretera una hora perecid esperando a la ambulancia y le pasó un coche por encima, o se cayó sobre una máquina industrial tras haberle dado el infarto ante muchos testigos. Ahí pone infarto de miocardio y está firmado por el director del instituto.
La becaria usó su
aegyo coreano, que es una vocecilla infantil que usan para conseguir lo que quieren, como tu sobrina cuando te llama tito en vez de tío. Vamos, lo opuesto al marimandoneo (empoderamiento en neolengüés) que usan por aquí las mujeres cuando se ponen en jarras con los pulgares por delante con intención de discutir, pero igual de eficaz.
-Yo no puedo firmar infarto con las pruebas que veo...
El perito alzó los hombros como haciendo ver que la cosa no tenía nada que ver con él.
-Si quieres puedo llamar al director del Instituto a ver qué dice. Pero ya sabes que nunca está, que anda politiqueando por ahí y lo mismo tarda dos o tres días en ponerse con ésto.
-No podemos esperar, la familia querrá los restos. Y sin saber qué ha pasado... -insistió ella con su tono aegyo que tanto agradaba y a la vez exasperaba al perito forense de plantilla.
Pero el perito era mu pagafantas, y ante aquella exigencia velada de chantaje emocional llamó al sargento Kim de la Benetérita Corana que era quién mayormente solucionaba los casos dudosos en aquella morgue.
El sargento Kim era sargento porque quería. Todos los mandos que había tenido, sorprendidos por su eficacia, le habían recomendado para cursos de ascenso pero él siempre los supo eludir. La policía Benetérita coreana es una policía militar y por lo tanto nadie quiere ascender de sargento a teniente, ni de capitán a comandante, por aquello de que ser cabeza de ratón es muchas veces mejor que ser cola de dragón.
El sargento Kim era un tipo de treintaymuchos/cuarentipocos mu bien llevaos. Alto para el estandard coreano 1'85. De cuerpo bien formado en entrenamiento militar y de ademanes gallardos y altaneros sin ser arrogantes. Tenía voz de mando sin alzar la voz, pelazo asiático y maquillaje a la oriental que suavizaba su fiera expresión y a la vez denotaba que era un tipo que se cuidaba y se depilaba.
Cuando llegó, el perito se había ido a comer y encontró a la becaria al microscopio mirando muestras junto a dos compañeras que discutían si teñir con anilina, o con vaya usté a saber qué, para que las bacterias se hicieran visibles.
De un taconazo, como correspondía a su impoluto uniforme hecho a medida, se hizo visible y saludó con una profunda reverencia que tomó por sorpresa a las jóvenes que respondieron con otra inclinación de cabeza no tan profunda.
El sargento Kim con expresión grave y sin abrir la boca, tomó a la becaria con suavidad del codo y se la llevó a parte, junto a un ventanal por donde entraba a raudales la luz del sol para que pudiera admirar sus anchas espaldas. Sus compañeras les veían desde el otro lado del laboratorio.
Entonces el sargento Kim habló en voz baja, pero con el tono más grave que daban sus cuerdas bucales cerca del oído de la muchacha.
La becaria se emocionó mucho.
-Ha sido quitarse la vida con una motosierra. La familia no quiere que se sepa porque es un señor muy influyente y bla, bla, bla, verborrea convincente.
La becaria nunca supo muy bien qué era lo que el sargento Kim le contó, pero acabó firmando lo del infarto sin hacer más preguntas.
NOTA del Notta.- Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
No, no es vicio, es medicina:
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FREE ZOUHAM o abandonad toda esperanza.