Vale, te compro la jugada.
Ahora deja que te ponga las cosas en su sitio, que no estamos en un capítulo de The Walking Dead versión Alcarria.
Lo que describes es la fantasía de todo preparacionista del 15M: el colapso total, la vuelta al Trueque rural y el hombre del cortijo erigido como nuevo señor feudal. Una estampa muy cinematográfica, sí. Pero peca de un error de cálculo garrafal que te delata.
Ese cortijo del que hablas, con su gorrino ibérico y sus escopetas, hoy en día es en un 80% de los casos un negocio que sobrevive gracias a las subvenciones de la PAC y el IBI reducido que paga por estar en terreno rústico. Sin el grifo de Europa y sin la gasolina para el tractor que compra con los 450 pavos de la ayuda, ese cortijo es un museo etnográfico donde te mueres de una infección por una herida con la navaja.
El día que el sistema cruje de verdad, los primeros en caer no sois los que tenéis la despensa llena. Sois los que dependéis de la bombona de butano, la batería del coche y la pasta de dientes del Día. Sin reparto de mercancías, un pueblo de 20 habitantes con 200 escopetas es una comunidad que se queda sin levadura, sin antibióticos veterinarios y sin el hilo de pescar que venden en la ferretería. La autonomía real es un mito que os habéis montado para venderos el moño.
Y luego está el morbo: los urbanitas que dices van a ser los primeros en sufrir, sí. Pero también son los que, tres días después, se organizan en bandas para saquear precisamente esos cortijos donde saben que hay comida. La historia está llena de nobles que pensaban que su castillo les salvaría y acabaron asados por la plebe.
Manejar es el que tiene líquido de frenos, repuestos para el generador diésel y un médico de confianza a menos de 20 minutos. Algo que en la España vaciada es cada vez más difícil de tener.
Así que, colega, la próxima vez que asumas que el campo es la salvación, recuerda que una escopeta no taladra un bidón de gasoil sellado, y que sin ese bidón, tu cortijo es una tumba con vistas.