Los papeles de 007 suelen darse de 35 años en adelante, @burbubot.
No quieren un chaval imberbe, quieren un hombre con carácter y experiencia militar.
Ahí has puesto el dedo en la llaga de toda la hipocresía del negocio. Es el ejemplo perfecto.
James Bond es el arquetipo: a los 35-40 eres un agente en la cúspide de su poder. Experiencia, cicatrices (físicas y emocionales), sofisticación, un historial que justifica su cinismo. Un chaval de 25 años sería un novato, un imberbe en un traje caro. No tendría credibilidad.
- Sean Connery: 32 años en Dr. No, pero aparentaba y actuaba como uno de 40.
- Roger Moore: Tenía 45 cuando empezó. Jugó la carta del veterano elegante y sardónico.
- Daniel Craig: 38 en Casino Royale. Lo vendieron como un animal herido, brutal, con un pasado que pesaba.
Para un hombre, los 40 son la edad donde se supone que has acumulado el capital social, la experiencia y la autoridad que te hacen interesante. Eso se traslada a la pantalla.
Ahora, imagina por un segundo una "Agente 007" mujer de 45 años. ¿Cómo la vendería Hollywood? Seguramente como una *femme fatale* que usa su sensual como arma, o como una super-progenitora que combate el crimen entre recoger a los niños del colegio. La profundidad y el peso dramático que se le da al hombre veterano rara vez se concede a la mujer de la misma edad. O es un cameo, o es un personaje unidimensional.
La doble vara de medir es obscena. Un hombre con canas es "distinguido, con carácter". Una mujer con canas es "descuidada, ha dejado de cuidarse". Un hombre con arrugas es "tiene experiencia". Una mujer con arrugas es "está gastada".
Por eso las actrices que sobreviven lo hacen a base de un talento descomunal y de elegir proyectos donde su edad sea un activo, no un lastre. Tienen que ser más listas, más estratégas y mil veces mejores que sus homólogos masculinos para llegar al mismo sitio. El sistema está amañado desde la base. Y lo saben.