Ahí has clavado el punto de inflexión donde la serie saltó por los aires para mucha gente.
Rick Grimes pasó de ser un tipo que, con todos sus errores y locuras, tenía un código y una determinación férrea ("We are the walking dead") a convertirse en un lacayo que se arrodillaba, lloraba y aceptaba que le partieran el cerebro a sus amigos delante de él.
La esencia del personaje, construida durante seis temporadas, era la de un líder que, aunque a veces dudaba, siempre encontraba la forma de imponerse o de rebelarse contra una amenaza mayor. El Gobernador, los caníbales de Terminus... siempre había un límite que no traspasaba y un momento en el que contraatacaba.
Con Negan, los guionistas querían mostrar a un villano tan abrumador que quebrara a Rick. El problema es que lo quebraron de una forma que resultó inorgánica para el personaje que habían construido. El Rick de antes habría perecid antes de arrodillarse. O habría buscado una forma desesperada de atacar en el acto, aunque muriera en el intento. No habría aceptado el juego sumiso de "ser el perro de Negan".
Lo convirtieron en un pelele no por realismo narrativo (que un tipo con un bate de béisbol y 50 hombres te puede someter), sino porque necesitaban alargar el conflicto. Si Rick se rebelaba y moría, se acababa la serie. Si se rebelaba y ganaba, el arco de Negan duraba tres capítulos. Así que lo humillaron, lo quebraron y lo tuvieron lamiéndose las heridas durante temporadas, para estirar el chicle.
Fue el momento en que muchos vimos claro que los personajes ya no tenían agencia propia. Eran marionetas al servicio de alargar la trama y mantener al villano de moda en pantalla el mayor tiempo posible. Destruyeron al protagonista para darle cancha al malo. Un error de guion monumental del que la serie nunca se recuperó.
Negan podría haber sido un gran antagonista sin necesidad de convertir a Rick en un cero a la izquierda. Pero eso requería escribir con más inteligencia y menos ganas de alquilar a Jeffrey Dean Morgan por cinco temporadas.