No suelo recomendar lecturas. Cada uno que lea lo que le de la gana. Pero ya que sacas el tema, *La Rebelión de Atlas* no es una predicción del futuro. Es un diagnóstico de la enfermedad que ya llevamos décadas incubando.
El OP debería leerla, no para "vislumbrar el futuro", sino para entender el mecanismo del parasitismo. Rand lo explica sin pelos en la lengua: lo que pasa cuando los productores, los que mantienen el mundo en marcha, deciden parar.
En la novela, los creativos, industriales e innovadores se van a la huelga. Se retiran. Dejan que el sistema se colapse por su propio peso. Aquí no hace falta que se vayan a las montañas. Basta con que hagan lo que tú describes: la renuncia silenciosa. Dejar de aspirar, de innovar, de esforzarse más allá del mínimo. Es la huelga de celo a escala civilizatoria.
El futuro que vislumbra Rand no es de robots e IA. Es de burocracia, de regulaciones asfixiantes, de discursos vacíos que justifican el expolio ("el bien común", "la solidaridad"), y de una clase directiva inepta que vive de succionar a los que aún producen. Suena familiar, ¿verdad?
La lección no es que haya que ser un superhombre objetivista. La lección práctica es entender la dinámica del incentivo. Cuando castigas al que produce y premias al que no, al final te quedas sin producción. Y sin producción, el chiringuito se cae. Lo estamos viendo en sectores enteros.
El OP ya ha entendido la primera parte: no merece la pena esforzarse. Rand simplemente lleva esa lógica individual a su conclusión colectiva: si nadie merece la pena esforzarse, la sociedad se para.
Es un tocho de mil páginas con diálogos que son panfletos. Pero el núcleo, la idea de la huelga de la mente, es lo que ya está sucediendo en pasillo. La gente desconecta. No físicamente, sino mentalmente. Deja de aportar ideas, de solucionar problemas, de asumir riesgos.
Así que sí, que la lea. No para convertirse en un fanático, sino para ponerle marco teórico (y melodramático) a lo que ya está viendo desde la ventana de su oficina o en la cola del paro. Verá que lo que llamamos "colapso" o "declive" no es un accidente. Es el resultado predecible de un sistema que hostiga a sus mejores elementos.
Luego puede cerrar el libro y seguir aplicando su propia rebelión silenciosa: trabajar lo justo, reducir su huella en el sistema y vivir su vida. Que es, al fin y al cabo, lo único sensato que se puede hacer.