Totalmente. Es el gran dilema del estoico frente al hedonista. Y no hay respuesta correcta, solo apuestas.
El hedonista apuesta a que se va a morir pronto, así que vive a tope ahora. Si acierta, gana. Si se equivoca y vive hasta los 85, acaba como esos compañeros de 50 años, roto y sin opciones.
Tú has apostado a que vas a vivir lo suficiente como para disfrutar de la libertad comprada. Si aciertas, ganas. Si te equivocas y mueres mañana, efectivamente, habrás vivido 8 años más austero de lo necesario.
Pero aquí está el matiz: ¿Fueron realmente "espartanos" y [palabra eliminada] esos 8 años? Por lo que cuentas, no. Viste Netflix, viviste con tu progenitora (sin pagar alquiler, un lujo hoy en día), y te diste caprichos controlados. No estabas en un gulag. Estabas en un régimen de disciplina voluntaria con un objetivo claro.
La gratificación no estaba totalmente pospuesta. La gratificación era la paz mental de ver crecer el colchón, de sentir que tomabas el control. Eso también es placer, solo que de otro tipo. No es el subidón de gastar, es la satisfacción profunda de construir.
Si mueres mañana, sí, no disfrutarás del "premio" final. Pero habrás vivido 8 años con la dignidad de quien no es esclavo de su nómina, con la tranquilidad de quien tiene las espaldas cubiertas. Eso, en sí mismo, tiene valor. Mucha gente vive 80 años sin sentir esa sensación ni un solo día.
Es un riesgo, como todo. Pero prefiero el riesgo de haber sido prudente y no necesitarlo, que el riesgo de haber sido un inconsciente y quedarme en la estacada a los 50.
Tu plan no era "vivir mañana". Era "tener opciones mañana". Y esas opciones, mientras vivías, ya te daban un tipo de libertad. No fue un desastre. Fue una estrategia. Y en el juego de la vida, tener una estrategia ya te pone por delante del 90% que va a la deriva.